La palabra castigo es un término que no debería estar en uso.Cuando hablamos de la crianza y educación de los hijos, la responsabilidad inherente es garantizarles las mejores oportunidades para su desarrollo integral.
Uno de los recursos más importantes que necesitamos instalar en el niño es que éste entienda y tome conciencia de que todo comportamiento, “bueno” o “malo”, tiene consecuencias.
Esto lo forma en la vida para hacerse responsable de sus actitudes.
Así se puede educar a los niños sin gritos ni castigos, dándole ejemplo de respeto y explicándole con claridad y con amor lo que queremos que hagan.
A muchos padres les preocupa la disciplina. ¿Cómo hacer para que te obedezcan? ¿habrá que recurrir al castigo?, “siéntate allí, hasta que yo te diga que te levantes”, “este sábado no sales”, “te quedas sin ver televisión”.
La respuesta es que el castigo no es necesario.
Todos los niños aman a sus padres, especialmente cuando han sido criados con cariño, respeto, límites y contacto físico.
A casi todos los niños les gusta ver a sus padres felices. Por lo tanto, simplemente, hay que saber decirles lo que queremos que hagan.
No se trata de dejar que los niños hagan lo que quieran sin ponerles límite. Simplemente hay que tratarlos como personas que son, para que asuman la responsabilidad de sus actos.
Lo más importante es que el niño entienda que hay límites que se tienen que respetar, y que si no los respetan van a tener consecuencias.
El autor es psicoterapeuta y terapeuta de adolescentes, adultos, parejas y familias.
