A sus 25 años de edad, esa joven nacida en Túnez vivía el momento decisivo de su carrera: Claudia Cardinale se situaba en la senda que conducía a la primera división de las divas del cine italiano, junto a Sophia Loren y Gina Lollobrigida. Cincuenta años después sigue tan activa como antes.
En 2012 el español Fernando Trueba homenajeaba su belleza en El artista y la modelo, y este año tiene ya dos proyectos pendientes de estreno. Su lema: “Si quiero, puedo” y hoy, esta mujer que no le teme a la edad, celebra en París su 75 cumpleaños.
Nacida en 1938 en el norte de África, en 1957 ganó un concurso de belleza en Túnez y con ello un viaje al Festival de Cine de Venecia.
Allí comenzó su imparable ascenso. Su primer papel lo interpretó poco después en I soliti ignoti de Mario Monicelli, al lado de estrellas como Vittorio Gassman y Totó.
El productor Franco Cristaldi, que después sería su marido, ya había tomado las riendas de su carrera.
Cardinale actuó junto a actores que forman casi un abecedario de la historia del cine: Alain Delon era para ella el más guapo, Sean Connery, el más fascinante; Burt Lancaster, el perfecto y Cary Grant, el más simpático.
Comenzaba la década de 1960 cuando la italiana Claude Joséphine Rose Cardinale se ponía a las órdenes de Luchino Visconti para rodar el clásico Rocco y sus hermanos y Cartouche, donde daba vida a la amante del bandido Jean-Paul Belmondo.
Éxito tras éxito, llegaba el decisivo año de 1963 y todos querían verla en el set de rodaje.
Así, llegó Federico Fellini y su clásico 8 1/2, regresó con Visconti en El Gatopardo y Blake Edwards la fichó en su comedia detectivesca La pantera rosa.
En los años y décadas que siguieron fue, con su belleza mediterránea, una de las mujeres más deseadas del planeta.
Y sin desnudarse jamás ante la cámara. Según dijo una vez, una mujer resulta mucho más erótica si deja espacio a la fantasía en lugar de enseñar todo.

