El cine, que es macho por naturaleza, ha relegado a la mujer en las películas de acción. Por muchos años eran una linda y sexy presa que todos los hombres, héroes y villanos, querían para su colección de conquistas.
Una de las pioneras fue Sigourney Weaver, cuando interpretó en Alien (1979) un papel que estuvo pensando originalmente para que lo hiciera un hombre y ese experimento del director Ridley Scott funcionó tanto en taquilla como en crítica.
Entre las chicas de armas tomar, las hay especialistas en el subgénero de la mafia, ya sea que lo suyo sea formar parte del crimen organizado o bien están decididas a combatir a los malvados.
Ese es el caso de producciones como The Yakuza Hunters (2010, Japón), Angela (2002, Italia), Rosario Tijeras (2005, Colombia), Bound (1996, Estados Unidos) y Nikita (1990, Italia), entre otras.
En la cartera istmeña hay un ejemplo reciente, Colombiana (2011, Francia), el cuarto largometraje de Olivier Megaton, un cineasta al que vuelve loco los asesinatos en todas sus variantes, colores e intensidades.
En Colombiana, Zoe Saldana (Avatar) hace las veces de una joven que el mundo de violencia a su alrededor la lleva a transformarse en una asesina a sueldo.
Cuando el sonido se incorporó al cine a finales de la década de 1920, dos de los géneros más beneficiados por el nuevo invento fueron los musicales y las películas de gánsteres. Por un lado, a la audiencia le encantaba seguir con sus oídos y sus pies el paso de los diversos ritmos, y por otro, les hacía feliz estremecerse ante el sonar de los disparos.
Ese público estaría encantado si pudiera ver Colombiana, pues lo que más se destaca en este filme son sus coreografías de acción y la edición de sonidos (principalmente el sonar de las balas que vuelan por doquier).
Como pasa con frecuencia en esta clase de propuestas, los guionistas, productores y directores se preocupan más por ofrecerle a la audiencia masculina (quien más consume estas cintas) la posibilidad de ver chicas de buen ver que saben partirle la cara a cualquiera sin estropear su maquillaje.
El punto débil de Colombiana es que ni por curiosidad desean desgranar el por qué somos seres iracundos y vengadores.
