Burillo es la única que se ha atrevido a presentarse como aspirante a la silla presidencial.
Si las mujeres se sienten representadas en ella, ese es otro asunto. Si somos mitad varones y mitad mujeres, ¿por qué ella es la única que se ha atrevido a competir en este prematuro rodeo electoral?
Desde hace meses ella encontró su oportunidad, como álter ego de Ampyme ampymízate, y supo sacarle provecho a esa tajada institucional, y no le ha faltado en su pretensión fuego amigo y fuego extracedé. Y la señora ha demostrado valentía y coraje, y se ha enfrentado a los barones de aquí, allá, allende y acullá.
Como la lucha es dura, ella se subió al caballo, al que un puñado de compatriotas quisiera llegar, del Palacio de Las Garzas, y fue la metáfora la que reinó cuando abrigó la danza del caballo. Patatún, patatún.
Si Obama lo bailó, ¿qué se lo impide a Burillo, y por qué manda a deshacer la charada en el canal de video de Youtube?
¿Quién dijo que es fácil ascender esa colina sin cumplir con determinados rituales y penitencias?
En estos días se ha recordado al entonces candidato Martinelli mientras saltaba camas durante el Carnaval. Los entendidos están aún discutiendo el volumen de votos que le significó a ese político tal encomienda.
El candidato alardea de creatividad. Supongamos lo siguiente: si Martinelli lo fuera hoy, pongo mi mano en el fuego que ya se hubiese puesto su máscara y estaría tirando espuma sobre la colina incendiada.
Como presidente se vuelve conservador y deja que el viento se lleve a la deriva ese continente de humo negro, proasmático y bronquial, que semeja una reñida elección papal, o, digamos, a lo Jované, es un componente de nubarrones partidistas que estará revoloteando hasta los comicios de 2014.
Cómo se entienden los humores de la masa electoral. Cuando se le solicita a representantes de ella que afirmen sus preferencias, optan por exaspirantes, por quienes no lo son, y le ofrecen aquellas simpatías que no les otorgaron en su vida candidatil.
Un ejemplo: Ferrufino. Ahora se le añora de aspirante presidencial. Le aconsejaría algo al exaspirante: ordene construir una pancarta gigante, y que la extiendan sobre el puente de Las Américas. Ella debe decir: “Y qué tal si te digo que ya no soy precandidato presidencial”.
O regrese al ruedo y únase a la danza del caballo. Y sanseacabó. La política es como el humo de cerro Patacón. Casi siempre va en dirección al mar, aunque su intensidad varía a segundos.
Ferrufino podría echarle una mano a Arias, que no es Arnulfo, para que apañe esos afectos, que hoy no los requiere, y los convierta en humo electoral, o que se los transfiera al hermano de Remo, tan necesitado de ellos.
Gente pragmática afirma que la suerte ya está echada: que un Juan Carlos conquistará la silla presidencial, y ni siquiera imagina que pueda haber un empate, como los que nos regala, a borbotones, la Sele.
Con los votos de las primarias partidarias esos Juan Carlos en ristre no llegarán ni siquiera a cerro Patacón, no obstante siempre existe la vía de la alianza no eterna, del encuentro, del amor correspondido, los tiempos idos y la contienda interpartidaria.
Otro Juan Carlos, se asegura, no saltará la tapia, porque fue curado, a tiempo, de la infestación de la mosca azul, y prefiere noquear en un estrado lejano al palaciego.
Del FAD puede emerger Genaro, si es que la mula no lo tumba. A quien no le corcovea el caballo es a Milton, a quien han visto buscando guayaba por predios ajenos, y se apuesta para conocer si se presentará a la primaria cedética.
