Colores en el barrio

Colores en el barrio
Colores en el barrio

El arte cambia todo. “¿Ya vamos a pintar? ¿Cuándo vamos a pintar?” Dos niños preguntan entusiasmados a Frank Ferrer, apenas lo ven llegar a la cancha sintética de la calle 16 del corregimiento de Santa Ana. De un lado, un muro azul como un cielo de verano. Atrás, un mural de bolas de fútbol.

El lugar es un pequeño oasis en la calle en la que opera una de las siete pandillas que se disputan el poder en el sector.

Hace seis meses, Sembrarte, la organización en la que trabaja, colabora con Fundación Luz de Oportunidades para rescatar el barrio. ¿Cómo lo hace? Disuelve las barreras con pinceles, brochas y colores. Y es que, mientras todo parece blanco y negro, Ferrer es de aquellos que ve la vida de colores.

“Panamá es nuestro canvas, y en cada una de nuestras acciones lo llenamos de color y alegría con mensajes de concienciación ambiental, de valores ”, comenta Ferrer.

Con Ferrer, el artista Rolo de Sedas, a su lado, está contento con lo que han logrado hasta el momento.

El trabajo que realizan en calle 16 está transformando el espacio, pero ya hace cinco años habían convocado a 500 personas (entre voluntarios y miembros de la comunidad) para dar rienda a la creatividad en una zona donde pocos ajenos al área se atreverían a entrar. Esa fue una de sus primeras hazañas en Santa Ana.

VÍNCULO SOCIAL

 

Las figuras de colores ya están desteñidas, pero el aire que se respira lleva esencia de esperanza. Le llaman el corredor de la paz, porque es un área neutra en medio de una zona de conflicto.

“Lo más satisfactorio es la receptividad de la gente. Cuando pintamos es un día de fiesta. La gente es muy agradecida. Es la magia que produce el arte cuando les das ese poder”, comenta De Sedas, artista especializado en intervención de espacios públicos.

Las pinturas y brochas de la ONG han coloreado el Parque Nacional Summit y las bancas del cerro Ancón, pero también han llegado a San Miguelito, Samaria, San Carlos, Arraiján, Cerro Azul, Chepo, Pacora y las paradas de autobuses en Albrook, además de Santa Ana y El Chorrillo.

“Con el relajo de estar pintando también hemos ido integrando”, comenta Ferrer. La actividad ha ayudado a que niños de diferentes barrios también se relacionen.

Esa conexión se percibe al transitar las calles. En un recorrido, De Sedas y Ferrer nos muestran los murales que han pintado, entre ellos uno en la Unidad Preventiva Comunitaria, que se distingue por el color azul y los mensajes de amor. “Nuestro objetivo es pintar un mural por semana hasta que se acabe el año”, comenta Ferrer. Son 40 los proyectos los que tienen en mente.

Mientras tanto, siguen trabajando aquí. Una vez terminada la jornada, los pintores se alejan de oasis con el auto lleno de pinturas y brochas. Esas son sus armas.

MUROS Y DERECHOS HUMANOS

Cuando Sembrarte cumplía cinco años, en 2011, estaba naciendo El Kolectivo. El grupo de profesionales, intelectuales y estudiantes vio en el arte una forma de hacer activismo por los derechos humanos.

Su primera acción fue el 9 de enero de ese año, con una performance contra el olvido. Pero luego empezaron a tomarse los espacios.

Cuando la Embajada de Estados Unidos fue trasladada a Clayton, exigieron que en su lugar, en la avenida Balboa, se instalara una casa de la cultura. Su manera de hacerlo fue con pintura.

“Pintamos murales siguiendo las enseñanzas de Cáncer Ortega Santizo. Nos borraban los murales y los volvíamos a pintar”, recuerda Aris Rodríguez, dirigente del grupo.

Así comenzaba el primer enfrentamiento sin palabras con el Gobierno. Hasta que derrumbaron el edificio. “Entonces, pintamos los barrotes de la cerca. Y se llevaron la cerca. Cuando no había nada que pintar sembramos banderas”, relata Rodríguez.

En el lugar donde estaba planificada la construcción de una torre financiera, construirán -al menos así es la promesa - un nuevo Hospital del Niño.

Desde una calle en Perejil, el dirigente expresa su satisfacción por el triunfo de ese entonces.

Con un mural de Nelson Mandela a su espalda, Rodríguez admite que “no hemos debatido sobre la calidad de arte. Nuestro fin principal es manifestar indignación”, expresa.

Y eso se ve reflejado, además, en la temática de sus murales, que “parte de lo local, pero teniendo en cuenta que los procesos de transformación social son globales”.

Los pensamientos y los rostros de personajes internacionales, así como las manifestaciones en recuerdo de la historia son los que habitan en muros de Veraguas, Chiriquí, San Carlos, Colón, 5 de Mayo, Avenida de los Mártires y Barraza.

En Barraza la imagen de un soldado frente a un niño con una flor, recuerda la invasión del 20 de diciembre. “Lo pintamos con la comunidad. Tratamos de darle esperanza, y que un niño que lo más probable termine agarrando una pistola, al final agarre un pincel”, dice.

La mayor ambición del colectivo en cuanto a murales es convertir la Avenida de los Mártires en una galería de hechos que definen a Panamá para “recordar quiénes somos y de dónde venimos”.

Y todo lo hacen sin pedir permiso a las autoridades. “Los gobernantes hacen lo que quieran sin consultarnos. ¿Por qué tenemos que pedir permiso si lo que hacemos es arte?”, se cuestiona.

UN FESTIVAL CON GANAS

Mientras que El Kolectivo se toma los espacios públicos, Parque Arte ha participado en ellos desde hace tres años.

Uno de los aspectos más difíciles de su labor ha sido conseguir los permisos y contar con la buena disposición de las personas que los dan, cuenta Ana Melissa Correa, presidenta de la fundación.

Parque Arte es la organización responsable del Festival Abierto, que se celebró en los últimos tres años en el parque Omar.

Además, fueron los responsables de dar los primeros pincelazos del trabajo del cual hoy se encarga Sembrarte, en calle 16.

Ahora tienen en la mira los parques de la ciudad de Panamá. Les gustaría crear un circuito entre todos, con amplias aceras, “para que el movimiento dentro de la ciudad sea agradable”, según Correa. “Lo ideal es sentarnos con el Municipio y ver todas las posibilidades que beneficien al peatón”, comenta.

A su favor tienen la experiencia de tres años organizando el festival que ha convocado a más de 100 artistas y ha creado una plataforma de voluntarios.

Una de sus mayores satisfacciones fue colorear pasos peatonales diseñados por el maestro Carlos Cruz Diez.

Sí. Ya han hecho del parque Omar una galería, ahora esperan que las personas los apoyen y reconozcan que el arte y la cultura en el espacio público son clave para el desarrollo de la comunidad.

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