Arnulfo Arias llegó al poder dispuesto a que la población panameña superara el complejo colonial frente al estadounidense blanco, rubio y discriminador; al negro angloparlante que era preferido por los estadounidenses para trabajar en la Zona y al chino, trabajador infatigable, que se enriquecía con rapidez. Su idea era desarrollar un robusto sentimiento de orgullo nacional, cuyo eje central fuera el credo panameñista que privilegiaba el “punto de vista panameño”, mientras retomaba la vieja fórmula de las “razas de inmigración prohibida”.
“El panameñismo desarraiga esa especie de complejo de inferioridad que por muchos años ha prevalecido en muchos sectores”, sentenciaba el editorial de El Panamá América el 16 de mayo de 1940. Desterrar el imaginario de que “los nacionales no valen nada. No tienen nada. No pueden nada” frente a los extranjeros, se convirtió en una obsesión para el mandatario.
La estrategia de revalorización nacional incluía un amplio paquete de medidas que comenzó a imponerse a poco de asumir el poder, cuando se opuso a las demandas estadounidenses que buscaban obtener un centenar de sitios de defensa fuera de la Zona del Canal. Acto seguido, adoptó un rosario de disposiciones que se inauguraron con la promulgación de la Constitución de 1941 que eliminó los artículos que oficializaban el protectorado estadounidense. La sustitución de la leyenda del escudo nacional “Pro mundo beneficio” por “Honor, justicia y libertad” marcó la tónica de los nuevos tiempos: Panamá sólo se servía a sí misma.
La defensa del idioma castellano, “baluarte de la nacionalidad”, la impresión de prueba del papel moneda nacional; la nacionalización del comercio al por menor; las leyes de patrimonio familiar; la exaltación del campesino como el prototipo de lo nacional; las disposiciones de sanción a la vagancia; la protección oficial al patrimonio monumental y arqueológico y hasta la organización de los Cachorros de Urracá, especie de juventudes panameñistas, a imitación de las juventudes hitlerianas, estaban pensadas para exaltar el orgullo nacional.
El fortalecimiento de la institucionalidad y la constante reafirmación de los rasgos positivos del panameño a través de la educación y los medios de comunicación, preocuparon tanto a Estados Unidos que después del derrocamiento de Arnulfo Arias en octubre de 1941, un documento secreto del Departamento de Estado recomendó inculcar los valores norteamericanos en Panamá “desde el kindergarten hasta la universidad” para evitar “el peligro de tener que tolerar una administración antiamericana”.
En su búsqueda de la homogeneidad racial destinada a perfeccionar la nacionalidad, gracias al “blanqueamiento de la raza”, Arnulfo Arias ensayó fórmulas para la creación de un tipo panameño superior. Ello explica la Ley 48 de 13 de mayo de 1941 de esterilización y eugenesia, cuyo propósito era “no dar aliento a generaciones enfermizas y a hacer ciudadanos pobres y desnutridos” “con notable perjuicio para la familia panameña”.
La adopción de esta y otras medidas, así como la imposición de un ejecutivo fuerte, con amplios poderes y las cordiales relaciones con la legación alemana, le valieron el apodo de “fuhrer criollo” con que se lo conocía en los círculos opositores, aunque para Estados Unidos se trataba, fundamentalmente, de una figura “fuertemente nacionalista y esencialmente oportunista”.
FUENTES
Editor: Ricardo López Arias
Textos:Patricia Pizzurno. Profesora de historia. Universidad de Panamá.
Fotografías: Colección RLA/AVSU
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