Cursi y predecible

La comedia romántica ´Nuevo Año´ es, por lejos, una de las peores películas que se han proyectado en 2011.

Si Historias de Día de San Valentín (2010), del realizador Garry Marshall, le pareció una comedia romántica que merecía preservarse para la posteridad, entonces lo nuevo de este director, Nuevo Año (New Year´s Eve), le va a fascinar, pero si usted odió la primera película, entonces esta segunda la va a detestar mucho más.

Cuando uno cree que un director no puede hundirse más en el subsuelo de la mediocridad, uno se enfrenta a esta cursi producción y se da cuenta que todo es posible a la hora de cometer errores graves como le pasa a Marshall y por partida doble.

Esta cinta se pierde en lugares comunes: pasar fin de año en un lugar especial (en este caso en Times Square, en Nueva York), gente de todas clases sociales y oficios sin propósitos para Navidad o el 1 de enero y otros luchando por alcanzarlos a pesar de la enfermedad, la tristeza o la desesperanza; unos en busca del amor verdadero y otros luchan por preservarlo, nada que el cine comercial no haya abordado antes en Sleepless in Seattle (1993), El diario de Bridget Jones (2001) y Trading Places (1989), entre otras.

Estamos ante un guión obsoleto firmado por Katherine Fugate. Los conflictos dramáticos de sus estereotipados personajes son patéticos e insufribles.

Los actores (lo más granado del mundo del entretenimiento actual) encarnan a seres vacíos de neuronas y alma; estos desdichados intérpretes carecen de una mano que les indique por dónde conducir a esas marionetas que dan vida en este deplorable título.

¿Por qué ruedan mediocres productos como este? Porque el espectador promedio se conforma con lo mínimo y encima pide más. Historias de Día de San Valentín se hizo con una inversión de 52 millones de dólares y alcanzó a nivel global una taquilla de 216.4 millones de dólares. Motivo de más para hacer una especie de segunda parte.

Los encantados por esta película se preguntarán ¿por qué fui a perder una hora y 57 minutos de mi existencia? Sencillo: una de mis responsabilidades los fines de semana, es ir al cine a ver los estrenos, no importa si son tan banales como este.

Si en la pantalla grande nacional proyectaran The Artist o The Help les prometo, que no estaría redactando estas líneas.

Por eso concuerdo con el colega Rafer Guzmán, crítico de Newsday, quien escribió que películas como Año Nuevo son las culpables que en ciertas partes del planeta la palabra Hollywood se haya convertido en un término peyorativo.

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