Luego de una disertación que denota preocupación - pero también optimismo- sobre la actual salud de la literatura en el mundo, el escritor Justo Arroyo fue recibido como académico numerario de la Academia Panameña de la Lengua.
El nombramiento, llevado a cabo el pasado jueves 20 de febrero en la casona de los académicos, fue realizado por su directora, la docente Berna Pérez Ayala de Burrell, mientras que el discurso de recibimiento fue pronunciado por la profesora Margarita Vásquez.
En el acto estuvieron presentes figuras prominentes de la literatura panameña, como los académicos Guillermo Sánchez Borbón, José Guillermo Ros-Zanet, Juan David Morgan, Aristides Martínez y Aristides Royo, entre otras.
Desde ahora, Arroyo ocupará la Silla H “en esta noble institución, un espacio que don Demetrio Fábrega Arosemena, don Héctor Ponte Bermúdez y don Ricardo J. Bermúdez ocuparon en el siglo XX”, preludió Margarita Vásquez en su presentación.
“En atención a los méritos intelectuales y personales que distinguen a don Justo Arroyo, se le confiere el nombramiento de académico numerario”, expresó Pérez Ayala de Burrell al otorgarle el pergamino firmado por Vásquez, Sánchez Borbón y la propia directora.
LA DISERTACIÓN
Justo Arroyo fue bienvenido a la institución tras su discurso titulado “Crisis y literatura”, en el que problematiza la vida o muerte de la literatura.
Para desarrollar el tema, Arroyo se inspiró en obras como La muerte de la literatura, de Alvin Kernan -un libro que considera “bíblico”- y ¿Qué es la literatura?, de Leslie Fiedler -uno de los títulos “más extraordinarios que ha leído”-.
“Los que afirman que la literatura está muerta pertenecen al primer mundo, mientras que los que afirmamos que está viva pertenecemos al tercero”, fueron algunas de sus palabras introductorias.
“El punto más audaz de Kernan -o su centro de planteamientos- es algo que me hizo pensar y ver la distancia entre los pensadores del primer mundo y del tercero, porque afirma tajantemente que no hay más nada que decir; que todos los temas se agotaron y que nos quedemos callados”, disertó, y que el escritor actual “se ha vuelto anacrónico”.
Si la venta de armas, desigualdades, horror en fronteras, aplicaciones de penas de muerte, contaminación, guerras y la corrupción del capitalismo salvaje son temas que nutren el cine y la televisión, “¿con qué autoridad [Kernan] decreta que la literatura no puede utilizar estos temas?, ¿ por qué estos temas están vivos en la televisión y muertos en la literatura? Es inconcebible”, argumentó el autor de obras como La Gayola (1966), Capricornio en gris (1972) y Semana sin viernes (1995).
Como mencionó a los apocalípticos, también se refirió a los defensores del arte literario: Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa.
“Cuando a Fuentes le preguntaban por el estado de la literatura decía: ´lo único que está muerto es la forma de narrar´. Mientras que Vargas Llosa llegaba al extremo, porque para él la literatura es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo y para conservar lo mejor del ser humano”.
DESAFÍOS DE PAPEL
Así como poner a la juventud en el foco, argumentando que si bien no opta por leer libros sino chatear, aconsejó que se le debe seducir con nuevas herramientas para que acuda a la literatura. También anunció el “el reto total del libro impreso”. “Y nadie menos que Bill Gates espera acabar con lo impreso, por lo que tenemos un contrincante formidable en él”, dijo.
Si bien consideró que ya no hay muchas revistas literarias ni zonas de encuentro para la cultura, halla esperanza en la “adaptabilidad de la internet para armar también revistas y blogs de prestigio” gracias a “joyas del pasado”; y en el “puente entre escritores y lectores”, creados por comunicadores, “que han unido a la tecnología y a la comunicación tradicional en cuanto a métodos de expresión”. Así mencionó publicaciones culturales como: El peso original, Tragaluz, La Revista Nacional Cultura, Revista Cultural Lotería y “tantas otras que se dificultan mantener al día”.
