Diciembre no suele ser el mejor mes para los animales, por razones varias.
Primero por los tradicionales estruendos, son nefastos para sus oídos, dañando no sólo su sistema auditivo, ya que ellos escuchan promedio tres veces más que nosotros, sino también su carácter, provocándoles estrés y ansiedad.
Estos síntomas son disparadores de conductas varias, como esconderse en un lugar que ellos consideran seguro, o lo peor, escapar sin rumbo por las calles.
Lo recomendable en estos casos es dejarlos dentro de la casa en el espacio que ellos escojan y no molestarlos hasta que todo termine.
Es importante colocarles una placa de identificación, para que en caso de un accidente sea más fácil contactar a su hogar.
Otro mal de las fiestas, sobre todo para los perros, es ser adquiridos como regalo, sin tener en cuenta en la mayoría de los casos si la persona que los recibe está en condiciones de cuidarlos.
Estadísticamente, los perros obsequiados en estas circunstancias terminan siendo abandonados, relagados a terceros.
Otro problema frecuente es el descontrol de las comidas en las fiestas, problema no sólo en los humanos, sino que también se traslada a los animales, recibiendo alimento y hasta bebidas con alcohol, que les son perjudiciales para la salud.
Hay que tener precaución en las horas cercanas al brindis, mantener el control sobre las puertas, que generalmente quedan abiertas, y estar pendientes en todo momento de dónde se encuentran nuestros animales.
Tenga en cuenta todos los factores antes mencionados, para que estos días que tienen que ser de alegría y paz, no sean opacados por una tragedia.

