´Yo soy Espartaco´

Me encanta el cine. O mejor dicho, el video, porque lo detengo cuando tengo que empolvarme la nariz, etc. Lo traigo a colación porque el colega Daniel Domínguez Z. arrancó su blog en las ciberpáginas de este diario con sus recuerdos de su primera película, y revivió los míos.

De pequeña, pasé algunos veranos en Boquete, y por supuesto que con nosotros venía Marcelina, la cocinera. Los viernes en la noche, tras su truquito habitual de cenar en casa y luego cruzar la calle a comer sancho donde sus nuevos BFF, nos arriaba cuesta abajo, al cine, donde Marcelina tenía la curiosa virtud de masacrarle el nombre a cuanta cosa atravesara la argentina pantalla.

Recuerdo una película –que sin duda también vio Steven Spielberg— donde salían unos pterodáctilos (o sea, los que volaban). Para cerciorarme, busqué y me encontré esta belleza en Wikipedia, que traduje del vervátim del inglés: “Los pterosaurios también son incorrectamente llamados pterodáctilos, especialmente por los periodistas”.

Si nuestro egregio presidente lee esto, ojalá haga una considerable donación a Wikipedia, por aquello de que el enemigo del enemigo...

Pero bueno: Marcelina les “cogió tirria” a los pterosaurios, y en especial a una hembra homnívora (con ache de hombre) con aparente síndrome premenstrual que andaba por ahí cenándose a Homo erectus, y le puso “la Cacaña”, sin duda por el chillido de la bicha.

Y la vez que vimos al buenón de Kirk Douglas en la película Espartaco también le tergiversó el nombre. Y este último par de días en que he tenido síndrome de pantalla blanca, he recordado a Marcelina y a “su” Espantajo, porque van a pasar por la tele una serie, presuntamente sobre el esclavo gladiador que se atrevió a desafiar al imperio romano.

La más emocionante escena de toda la película, que me pone la piel de gallina (a esa edad imberbe, no creo que se pueda hablar de erizar vellosidades de ningún tipo), es aquella en que los soldados romanos buscan al cabecilla de los insurrectos entre un grupo apresado. De repente, estos comienzan a levantarse y a proclamar: “¡yo soy Espartaco!” a fin de encubrir la identidad de su líder. Desde ese momento, la frase ha pasado a representar lealtad incondicional.

Hace poco, en uno de esos programas bobos que sintonizo tras chequear mi saldo en el banco, un grupo de oficinistas parodiaba la famosa frase. Tratando de recordarlo con una ayudita de internet, me tropecé con otro término de actual usanza, que denota lealtad entre los chiquillos que se enfrascan en sexo deportivo. Parece que cuando uno no se engancha (hook up) con una distinta cada día, dice tener vagina loyalty, o sea “lealtad vaginal”. Wao. Otra forma de referise a la monogamia, o expresar pasión por algo o alguien, es usar el término fluv, contracción entre la “F word” y love. Yo, francamente, sigo a favor de un buen “I am Spartacus!”.

Última Hora

  • 05:03 5 formas en las que los insectos toman decisiones y resuelven problemas Leer más
  • 05:02 Mayín Correa sobre la Policía Municipal de Mayer Mizrachi: ‘Es ilegal y punto’ Leer más
  • 05:00 Más barcos cruzan el Canal de Panamá, mientras que reportan subastas por $4 millones Leer más
  • 05:00 Empresarios y emprendedores comparten en Penta Summit las claves para transformar negocios y repensar Panamá Leer más
  • 05:00 Laptops del Meduca: así nació la polémica que marcó la salida de Lucy Molinar Leer más
  • 05:00 ‘Tenemos más tropas aquí de las que hemos tenido en mucho tiempo’: Hegseth Leer más
  • 05:00 Tránsito de alto calado aumenta 6.1% y refuerza la demanda por el Canal Leer más
  • 05:00 Tal cual Leer más
  • 05:00 Hoy por hoy: aventura en el Meduca Leer más
  • 05:00 Las condiciones a bordo del portaaviones de Estados Unidos que lleva más de 250 días en el mar por la guerra de Irán Leer más