“¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí. Resucitó”. Con estas palabras un ángel avisó a María Magdalena, a Juana y a María, la madre de Santiago, que Jesús estaba vivo, según el Evangelio de San Lucas (capítulo 24, versículo 6).
La Biblia dice que esto sucedió el primer día de la semana, es decir, un día como hoy, en el que la comunidad cristiana celebra la confirmación de su fe, sustentada en la resurrección de Jesucristo.
El día marca el inicio del periodo de Pascua, durante el cual se enciende el cirio pascual y no se apaga hasta llegada la fiesta de Pentecostés. La luz del cirio representa uno de los principales símbolos de la fiesta cristiana de la Pascua.
No obstante, la Pascua es una festividad que se celebraba desde antes del tiempo de Cristo.
Aún hoy los judíos festejan el Pésaj, que conmemora el éxodo de los israelitas a Egipto. Era precisamente esta festividad la que celebraba Jesús con sus discípulos durante la última cena.
La Pascua judía dura siete días y durante ese tiempo está prohibido ingerir alimentos derivados de cereales fermentados, es por eso que el pan no puede tener levadura.
Aunque el calendario judío es distinto del romano, la festividad coincide algunas veces con la Pascua cristiana, ya que se celebra los primeros días de abril. También recibe el nombre de Fiesta de la Primavera, porque en el hemisferio norte es el inicio de esta estación.
HUEVOS Y CONEJOS
Según el portal católico catholic.net, la tradición de los huevos de Pascua se origina de los antiguos egipcios, que en días especiales se regalaban huevos decorados por ellos mismos. Se dice que durante las primeras cuaresmas, estaba prohibido comer huevo, y llegado el Domingo de Resurrección, este era uno de los regalos que se hacía y, tomando el ejemplo de los egipcios, empezaron a decorar los huevos.
El conejo, por su parte, tiene su origen en las fiestas anglosajonas pre cristianas, explica el sitio, y estaba asociado con la diosa germánica de la fertilidad llamada Eostre. Luego su significado fue adaptado al cristianismo por una leyenda que habla de un conejo que estaba en la tumba de Jesús y que lo vio resucitar.
Según el sitio Arquehistoria.com, la tradición de los huevos y el conejo es de herencia germánica, y está más bien ligada a los países de habla inglesa. Además, no es admitida por los cristianos ortodoxos.
