Hablando de infidelidades

Una luz ilumina tenuemente el escenario. A través de cortinas traslúcidas se ve a una mujer en la sala de su casa, bebiendo, ahogando la pena del abandono de su marido.

Esta despechada esposa es Phillis (Paulette Thomas), una exitosa psiquiatra. Ella recibe la visita de su amiga Carol (Kassandra Tepper), y entre juegos de palabras termina confesándole que sabe que es ella por quien la abandona su esposo Sam (Randy Domínguez).

Por otro lado está Howard (Arturo Montenegro), esposo maniaco depresivo de Carol, quien al enterarse de la traición, reacciona entre violencia y depresión y afirma que no puede vivir sin ella.

Al final, algo no tan sorpresivo sucede, pues, como en la vida real, resulta que la enamorada de Sam es Juliet Powel (Yimara Pérez Royko), una chica mucho más joven que él.

Adulterios, una pieza original de Woody Allen, es una obra en la que los personajes reflejan sus inseguridades, temores y problemas psicológicos, produciendo por momentos gracia y en otros algo de compasión.

Lo más destacable de esta producción, dirigida por Edwin Cedeño es su escenografía e iluminación.

Desde el primer momento en el que el espectador entra en la sala empieza a sentir en el ambiente la picardía de la obra que se desenvuelve en la sala de un apartamento en Nueva York.

Sin duda sobresale la actuación de Thomas. Además, la venezolana Kassandra Tepper tiene su gracia también. En tanto, Montenegro se ve algo flojo, tal vez por su propio personaje que es bastante inseguro, y Domínguez interpreta casi sin esfuerzo el clásico rol de hombre mujeriego y machista.

Mientras que Pérez Royko hace el papel de una chica inocente, que a pesar de ser “la manzana de la discordia”, no brilla tanto como lo hacen otros personajes dramáticos encarnados por Pérez Royko.

Sin embargo, a pesar de ser una comedia, no todos los chistes se entienden o no son lo suficientemente graciosos.

De hecho, hay una escena de una pelea que no resulta del todo chistosa y que más bien se ve algo fingida y extendida.

El primer acto transcurre sin que haya pasado mucho, y el final de la historia llega sin que las cosas cambien demasiado, y es que parece que la gracia de la obra es ver cómo estos desdichados personajes se pelean entre sí por un poco de amor, que ninguno corresponde.

El desenlace solo deja la sensación de haber visto un conflicto entre dos parejas, que pudieran ser cualquiera, con problemas de autoestima y que a fin de cuentas terminan estando juntas, amarrados por la costumbre. Aporta poco para reflexionar.

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