Las personas, habitualmente, pretenden que los animales comprendan e interpreten situaciones ajenas a su mundo.
Si bien, siglos de domesticación han creado determinadas pautas en común, no podemos pensar que esta adaptación evolutiva ha hecho que los perros entiendan todo lo que se les expresa.
Muchas veces se escucha decir: “a mi perro solo le falta hablar”. En realidad ellos no lo necesitan, tienen sobradas herramientas para expresar lo que desean. El primer punto a tener en cuenta es la energía que irradiamos, y los animales no leen solamente nuestra forma o lo que queramos demostrar, sino lo que realmente somos. Sumisos, miedosos, agresivos, líderes o balanceados, ellos nos decodifican.
Las feromonas juegan también un papel fundamental, ya que son las sustancias que nuestros cuerpos secretan y códigos ancestrales que ellos descifran con exactitud.
La mayoría de los humanos hemos perdido la capacidad de manejar estos parámetros olfativos y perceptivos; pero sí podemos observar su mirada o posición de cola y orejas, gestos de confianza, subordinación, agresión, alegría o miedo. Para una correcta comunicación, sea claro con su perro, hable poco, no lo confunda con mensajes corporales erróneos, premie solo el equilibrio y la buena conducta, no lo regañe pronunciando su nombre, jamás le pegue y préstele atención, ya que a su manera siempre se están comunicando. Aprender a entenderlos correctamente es también una muestra de cariño, respeto y valoración.
