Icaza y la fuerza de la creación

“Memorias” de Teresa Icaza es una exposición que, además de brindar al espectador un recorrido por la vida artística de la pintora panameña, tiene la particularidad de acercarlo, en una sutil gradación, a la manera en que la creación artística llega a constituirse en parte del ser del artista.

Entonces viene a la mente la sospecha de que la expresión “quehacer artístico” podría ser una inexactitud lingüística y semántica: el arte no solo se hace, se vive, se siente y se expresa, sin premeditaciones, o por lo menos, el buen arte. Icaza lo sabía muy bien.

El recorrido comienza desde los inicios de la pintora en las lides del expresionismo abstracto, del que encontramos pinturas regidas por los contrastes entre los colores cálidos y vibrantes que estallan en el fondo oscuro, potenciado por el uso de la textura, para evocar la fortaleza del sentimiento bajo el que adivinamos fue concebida la obra.

Desde estos primeros momentos, se hace bien claro que Icaza pinta como consecuencia de aquel impulso vital, del que hablaba Henri Bergson, con una técnica propia y adecuada a su temperamento artístico.

La libertad en el uso del color, el juego entre elementos y textura se constituyen en parte significativa de esta primera etapa, que transita hacia los paisajes terrestres por los que será identificada dentro del corpus de la pintura panameña.

En sus forestas utiliza la disposición provocativa de los colores complementarios para producirnos un fuerte impacto visual, a la manera de Matisse y los fauves franceses, en los que destaca una magistral conjunción entre emoción y método observable en el equilibrio entre la violencia del color frente al balance compositivo marcado por los ejes de simetría. Transitando por estos rumbos, la pintora hace del árbol el principal elemento de la composición y su reiteración hace pensar en él como un símbolo personal de la artista que recoge a la vez las analogías con la vitalidad y, con su perenne verticalidad, sugiere la orientación hacia lo espiritual.

Dueña de una conciencia ecológica, se vale de la técnica del collage para simular las nervaduras de las hojas e imprimir la sensación de una naturaleza viva y cercana, que además acumula los pigmentos y enciende el color, logrando una profusión lírica muy aprehensible: son estas las venas por las que fluye la energía del cuadro.

“Memorias” de Teresa Icaza, hasta el 10 de octubre, será para el espectador más que una retrospectiva, una epifanía del arte como manera de expresión total.

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