Imponiendo el nuevo orden dictatorial

Imponiendo el nuevo orden dictatorial
Imponiendo el nuevo orden dictatorial

Una de las consecuencias inmediatas de la concertación de los tratados Torrijos-Carter fue la apertura política del régimen por exigencia de Washington. Por designación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, una comisión especial hizo un estudio en Panamá y, en junio de 1978, rindió un informe en el que determinó que se habían cometido “graves violaciones a los derechos humanos fundamentales” y que “la actividad política fue prácticamente suprimida por un duro régimen militar”.

A partir de entonces los exiliados políticos pudieron regresar al país, al tiempo que Torrijos prometió mayores garantías ciudadanas y se reglamentaron los partidos políticos. Pese a ello, la prometida libertad de expresión quedó sujeta a medidas de fuerza. En junio de 1979, apareció el periódico de oposición Ya y, en agosto del año siguiente, se fundó La Prensa. Ambos medios denunciaron abiertamente los excesos y desaciertos del régimen de Torrijos, por lo que fueron objeto de todo tipo de persecuciones.

Con todo, ambos medios prosiguieron con sus denuncias, al tiempo que informaban sobre los movimientos de protesta y la represión de que eran víctimas. Así ocurrió cuando Torrijos le otorgó asilo político al sha de Irán Mohamed Reza Pahlevi, en diciembre de 1979, lo que desató la oposición interna que fue brutalmente reprimida por la Guardia Nacional.

Un año después de la firma de los tratados, la Asamblea de Representantes de Corregimiento le ofreció la Presidencia de la República a Omar Torrijos, pero este declinó. Por esta época comenzaron a sentirse los efectos de los abusos, errores, derroches e improvisaciones de los años anteriores. El crecimiento indiscriminado de la burocracia, así como la corrupción y las mejoras producidas en el país en los campos de la educación, salud, vivienda, vías de comunicación y servicios públicos, llevaron al país a sus límites de endeudamiento.

A inicios de 1979 se fundó el Partido Revolucionario Democrático (PRD), brazo político de los militares y soporte principal para la institucionalización del régimen durante la apertura política que siguió a la firma de los tratados. Pese a esta pseudo apertura política, conocida como “veranillo democrático”, en realidad el poder continuó estando en los cuarteles.

Por estos años se dieron algunos signos de independencia del régimen militar panameño, que no se ajustaban a la política del Departamento de Estado. El pacto de Torrijos con el Partido del Pueblo, el apoyo brindado al movimiento sandinista y el acercamiento hacia Cuba no fueron vistos con buenos ojos en Washington.

El estallido de los escándalos de la Caja de Seguro Social, la mina de cobre de cerro Colorado, el proyecto turístico de Contadora, comenzaron a minar la estabilidad del régimen. Otro tanto ocurrió con los empréstitos obtenidos para la construcción de la autopista Arraiján-La Chorrera, el puente Van Dam, que nunca se construyó, y el aeropuerto de Tocumen, entre otros.

Torrijos, a quien el pueblo llamaba Omar a secas, intentó despertar los sentimientos patrióticos de los panameños. Para ello, se construyeron nuevos mitos que fueron incluidos en el panteón nacional: Urracá, Felipillo, Bayano, Victoriano Lorenzo, Pedro Prestán y hasta Rufina Alfaro fueron reinventados en este proceso de reingeniería popular de la nacionalidad, encaminado a legitimar el Gobierno espurio. La construcción de nuevas imágenes de próceres populares era una mirada a “los de abajo” y una forma de desvincularse del modelo de cultura elitista hegemónica, impuesto por la oligarquía tradicional desde inicios de la república. El control de la producción historiográfica y la mitificación personalista impuesta por la “patria nueva”, así como la imagen del mismo dictador fueron cuidadosamente vigiladas: nadie podía ser más nacionalista que Torrijos.

En medio del panorama de deterioro económico y desgaste político y corrupción institucionalizada, el 31 de julio de 1981 se produjo el accidente de aviación en el que perdió la vida Omar Torrijos. La desaparición del hombre fuerte de Panamá provocó un vacío de poder. En los nueve años siguientes hasta la restauración democrática, Panamá conocería una de las épocas más oscuras y aciagas de su historia en manos de los militares.

FUENTES

Editor: Ricardo López Arias

Textos: Celestino Araúz y Patricia Pizzurno, profesores de historia. Universidad de Panamá.

Fotografías: Colección RLA/AVSU

Comentarios: vivir+@prensa.com

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