Inteligencia ambiental

La tecnología ayuda a gestionar de manera más eficiente el consumo energético, la seguridad, y a brindar una mejor atención a personas mayores o enfermas.

En los últimos años se han ido popularizando conceptos como “la casa del futuro” y “edificio inteligente”.

Básicamente, la llamada “inteligencia ambiental” (AMI, por su acrónimo en inglés) se refiere a un entorno electrónico conformado por elementos capaces de registrar información (mediante sensores, cámaras, etc.) y comunicarse entre sí para realizar una actividad que beneficie a los habitantes o usuarios.

Las tecnologías fundamentales para desarrollar un entorno así comprenden las áreas de comunicación, computación e interfases de usuarios. Casi todos estos dispositivos deben tener la capacidad de que el usuario se sienta siempre “acompañado” y deben ser ubicuos, es decir, estar presentes en varios sitios, explicó el Dr. Iván Armuelles Voinov, docente de la Facultad de Informática, Electrónica y Comunicación de la Universidad de Panamá, durante el I Congreso Internacional de Informática realizado en ese centro de estudios.

Lo que se busca es transformar la sociedad, aprovechando la tecnología para gestionar la seguridad, el confort, la comunicación, el bienestar, entretenimiento y el ahorro energético, que a su vez se traduce en reducción de costos.

DOMÓTICA

Entre las aplicaciones comerciales de la inteligencia ambiental está la domótica, que trata de personalizar el ambiente con tecnologías, según las necesidades del usuario y para interactuar con él, por ejemplo, en las casas y edificios inteligentes.

Algunos componentes que pueden estar presentes en estas edificaciones son: puertas automáticas, sistemas de iluminación que se encienden, gradúan su intensidad o se apagan ante la presencia de alguien, cortinas que se corren según la hora programada; electrodomésticos que se comunican entre sí y dan información al usuario; equipos de reconocimiento biométrico y sistemas de alarma, acondicionamiento de aire o calefacción que pueden operarse remotamente.

Para una mayor estética, los sistemas de computación se conectan inalámbricamente y se ocultan en el mobiliario.

La inmótica es similar, pero aplicada a entornos más grandes, como universidades y aeropuertos; y la urbótica, que comprende servicios e instalaciones públicas automatizadas, abarca las ciudades.

La inteligencia ambiental se ha desarrollado en el seno de la Comunidad Europea, donde se le ha dado algún grado de inversión para potenciarla, señaló el Dr. Armuelles, citando como ejemplo el proyecto “Living Tomorrow”.

Actualmente, universidades en varios países trabajan en proyectos de este tipo, diseñando casas más eficientes y que incluso cuentan con sistemas de monitoreo para los adultos mayores o enfermos. También hay quienes exploran la relación hombre-máquina.

En otro proyecto europeo, se están desarrollando sillas de ruedas que puedan interactuar con el ambiente y comunicarse con un ascensor, por ejemplo.

Poco a poco, lo que parecía ciencia ficción se va volviendo una realidad y aún hay más potencial para nuevas aplicaciones.

Sin embargo, destaca el Prof. Armuelles, es importante evaluar estos desarrollos con ética, considerar sus beneficios y la seguridad informática (criptografía, firewall, etc.)

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