Legado no reconocido

Legado no reconocido
Legado no reconocido

Cuando un puñado de integrantes de la corporación sin fines de lucro Coastal Defence Study Group, le confirmó su visita para conocer las defensas norteamericanas del Canal de Panamá, el panameño Paolo Sanfilippo supo que el turismo alrededor de la historia de los antiguos fuertes militares era posible.

Sanfilippo llevaba tres años estudiando e investigando el ayer y el presente de las bases ahora en poder panameño, y que la Coastal Defence Study Group, formada para promover el estudio de la historia, arquitectura y tecnología de las defensas y fortificaciones costeras, sobre todo las levantadas por Estados Unidos, haya mostrado tal interés, le dejó todo claro: se está perdiendo la oportunidad de aprovechar las viejas estructuras militares desde diferentes frentes.

Cuenta que fueron tres miembros de la Coastal Defence Study Group los que arribaron al país en 2013 y en 12 días recorrieron los remanentes de las instalaciones de los fuertes de Randolph, De Lesseps, Davis y Sherman, en el Atlántico; y Kobee, Cayton, Howard y Grand (en las islas Perico, Naos, Flamenco y Punta Culebra) en el Pacífico.

Como casi todos están en manos de concesionarios, se requirió pedir decenas de permisos para poder entrar, indica.

Algunas bases estaban bastante enteras y de otras no queda casi vestigio alguno. “Hay estructuras extraviadas en la selva, como en Sherman; la mayoría está totalmente abandonada y la selva ha plantado bandera ya. Encontramos casquillos, contenedores, mesas para armar las municiones... Se han robado puertas, marcos, retretes, tuberías, hierros y cables. Ha sido una carnicería”, relata Sanfilippo.

No todas las instalaciones eran iguales. Había sitios de defensa, como los búnkers, áreas para la coordinación militar, complejos para el hospedaje y alimentación, además de torres de observación, hospitales, escuelas y depósitos, entre otros puntos.

ALMA EXPLORADORA

Se tiene que tener algo del espíritu explorador de Indiana Jones para recorrer estas fortalezas en las condiciones que se encuentran, dice Sanfilippo, y recuerda cuando con lámparas en mano atravesaron uno de los túneles en el fuerte Grant. “No sabes qué te puedes encontrar allí”.

Fue allí, en la Punta Culebra, donde se operó el cañón modelo 1920 Mark, con un alcance de 45 mil yardas, un peso de 365 toneladas y que solo se fabricaron dos en toda la historia, uno que se usó en Estados Unidos (EU) y el otro en Panamá, detalla Sanfilippo, apoyado en la literatura recogida en los libros World War Fortifications Of The Panama Canal (1973), Military Railroads On The Panamá Canal (1982) y The American Defences Of The Panama Canal (1993), todos inspirados en el armamento que desarrollaron los estadounidenses durante su presencia en el istmo.

Nunca se llegaron a usar los fuertes armados. No se necesitaron. Ni en medio de la II Guerra Mundial cuando ya aquellos enormes cañones resultaban inoperantes ante el avance de los ataques aéreos, cuenta Sanfilippo, quien ha realizado más giras esporádicas sobre “turismo militar” y ha publicado artículos sobre las fortalezas canaleras en las revistas Casamate, de Inglaterra, y CDSG Newsletter, de EU.

Ante la falta de una batalla bélica, los fuertes fueron usados como sedes de entrenamiento para las misiones de Apollo y para pruebas de armas, incluyendo químicas. Muchos hechos y mitos rodean el devenir de estas bases militares, reconoce el experto.

Son aspectos que se pueden usar para fomentar el interés por esta parte de la historia del país, las relaciones entre Panamá y EU, considera el guía.

OPORTUNIDAD DE CONSERVACIÓN

“Se requiere una propuesta de conservación de los recursos culturales (fortificaciones militares) en la Zona del Canal que permita un aprovechamiento, brinde un servicio y que articule una experiencia territorial para que estos sean reconocidos e integrados como parte de los valores patrimoniales”.

Esa fue una de las conclusiones de Orlando Acosta Patiño, especialista en protección ambiental de la División de Ambiente de la Autoridad del Canal de Panamá, cuando hace unos meses se presentó en una de las jornadas del evento “Hablemos de Patrimonio”, enfocada en el legado histórico de la I Guerra Mundial.

Su ponencia se tituló “Fortificaciones militares en la zona del Canal: una oportunidad de conservación”, y fue convocado por su experiencia en el tema tras formar parte de la Autoridad de la Región Interoceánica, que en la década de 1990 hizo una primera evaluación de estas fortalezas, pero no se ha profundizado desde entonces, indica Acosta Patiño, quien reitera que el valor histórico y patrimonial que tienen las estructuras radica en que datan de la I Guerra Mundial.

Pone como ejemplo las fortificaciones de San Lorenzo y Portobelo en Colón. Son exactamente lo mismo que las bases estadounidenses: estructuras construidas para defender la zona de posibles ataques. Ambas representan la tecnología que se usaba entonces para contraatacar al enemigo. La diferencia es que unas son de la época de la colonia y las otras de principios del siglo XX, indica Acosta Patiño.

Pero Patiño es realista. Para que lo que queda de estas bases sea considerado como patrimonio de la historia local, primero deben ser conocidas por todos, y recuerda el caso de los fuertes de San Lorenzo y Portobelo, catalogados como Patrimonio de la Humanidad en 1980: “Tardamos casi entre 300 y 400 años en reconocer que esas estructuras tenían un valor universal. En el caso de las bases de EU, apenas tenemos unos años de tenerlas en nuestras manos y ni siquiera sabemos cuántas son”.

Se trata de un proceso que requiere tiempo, resume. No hemos ni reconocido aún el Camino de Cruces o el Camino Real, que datan de la época colonial, y los fuertes reconocidos en Portobelo y San Lorenzo están muy descuidados, agrega.

Recuerda que el tema fue agitado ante la opinión pública por última vez, cuando la actual administración gubernamental propuso en 2010 la recuperación del búnker de Quarry Heights, en la base del cerro Ancón, para realizar allí las reuniones de Gabinete en caso de una catástrofe natural, y hace unos meses cuando un búnker de la época militar de EU en el país fue descubierto en los terrenos cercanos a la construcción de la ciudad hospitalaria.

Reitera que tanto las bases coloniales como las estadounidenses dan cuenta del interés estratégico y geopolítico que ha tenido Panamá desde siempre. No hay más estructuras como estas en todo el continente, salvo EU, Guantánamo en Cuba y tal vez Puerto Rico, dice Acosta Patiño. Todo eso se puede aprovechar como turismo y educación, pero solo algunas de las fortalezas se usan; no ha habido una propuesta integral para su aprovechamiento.

Aunque la presencia de EU en Panamá no dejó buenos recuerdos, es un hecho, es parte de la historia que no se puede borrar, dice Sebastián Paniza, de Icomos Panamá. Al contrario, episodios como estos son los que hay que recordar, agrega, y qué mejor forma que a través de las bases militares que pueden aprovecharse de diferentes maneras.

Mientras tanto, Sanfilippo sigue atendiendo a quienes sí sienten interés por las antiguas bases. Ya hay giras programadas para 2015, adelanta.

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