Abrieron las puertas y la masa humana comprimida corrió vehemente, como si su vida dependiera de ello. Empujones, pisotones, forcejeos, cruces de miradas desafiantes. Era una lucha sin cuartel por las ofertas. Era el Black Friday.
A las 5:00 a.m. del 28 de noviembre pasado, todas las entradas del mall Multiplaza estaban rodeadas por cientos de compradores que no parecían llevar la etiqueta de “potenciales”.
Si estaban allí antes de que saliera la primera luz del día y que el cielo se pintara de escarlata, era porque iban por su mercancía deseada con descuentos entre el 20% y el 70%, todos armados con efectivo o dinero plástico.
En el acceso más próximo a Panafoto, en la planta baja, había unas 200 personas formadas en una extensa y amorfa fila. Los primeros llevaban allí unas dos horas y media. El objetivo era entrar a la tienda de electrodomésticos antes que nadie.
Algunos conversaban y se tomaban fotos que iban directo a las redes sociales, otros bostezaban en evidente señal de sueño, mientras que los más ansiosos no le quitaban la mirada al guardia que debía abrir la puerta, porque ya casi era la hora anunciada para empezar la carrera por las compras.
Y en ese instante, cuando faltaban unos 10 minutos para las 6:00 a.m., otra estampida humana entró por una puerta que se abrió anticipadamente en el primer piso y bajó como catarata por las escaleras hasta Panafoto.
“¡Desahuévate!”, “¡Abre coño que se cuelan!”, le gritaba la muchedumbre encendida en la planta baja al seguridad, mientras estrellaba con violencia la barrera de cristal que le separaba de los televisores, tablets y celulares inteligentes en promoción.
El agente encargado de resguardar el orden y la seguridad entendió que, por su propia seguridad, era mejor retirar los candados cuanto antes y dar paso a la indignada multitud. Fue el disparo de salida para la carrera hasta el local comercial marcado como meta.
Panameños, extranjeros, damas, caballeros, adolescentes, niños, embarazadas y bebés de pocos meses, se mezclaron en la avalancha de carne y hueso. Algunos fueron cómodos, en short y zapatillas, otros en tacones, saco y corbata como señal de que más tarde debían atender jornadas laborales.
CARRERA Y CAOS
Las filas en las tiendas favoritas pasaron de decenas a cientos de personas en cuestión de segundos, que valían oro. Todos corrían cual competencia de tiempo.
“¡Uf! No sea huevón”, se le escuchó a una señora de porte y atuendo elegante porque llegó a las 5:55 a.m. a un almacén de venta de ropa y había unas 300 personas por delante.
En Panafoto, el asunto estaba peor. Los administradores abrieron lo suficiente sus puertas como para que el grito pidiendo calma y cordura se escuchara entre el impetuoso gentío que abarrotó los alrededores del negocio. De poco sirvió cuando dieron paso a los clientes que echaron a un lado a quien fuera necesario para tomar entre sus manos los productos tecnológicos de las estanterías.
Algunos rodaron por el suelo, las mamparas plásticas de seguridad para detectar productos robados cedieron ante el empuje y en pocos segundos el lugar quedó a tope, todos dentro comprando hombro con hombro y espalda con espalda. Cerraron las puertas de nuevo y afuera quedaron cientos de compradores frustrados que se desahogaban vociferando o murmurando improperios contra alguna madre.
Había personal extra de seguridad y policías para controlar los ánimos e inspectores de la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia, verificando que se cumpliera con los descuentos prometidos.
Las tiendas de ropa fueron el otro gran objetivo de los madrugadores, con filas tan largas que casi se extendían por medio centro comercial.
En Aeropostale, por ejemplo, estaban a su capacidad con unos 250 clientes mirando, descartando y pagando, y afuera quedaba una cola de espera de más de 300 personas con talante de impaciencia y poco amigos.
En ese momento, los que no estaban dentro de un local o formados para entrar, se movían con afán por los pasillos, al trote o a la carrera. Desasosiego colectivo.
Y a las 6:05 a.m. ya se podían ver personas tomando un café y desayunando, relajadas con los artículos que compraron a un costado y aquellas que iban con un televisor gigante en carretilla o al hombro, en su defecto, y con factura en mano para no tener problemas con las autoridades.
Había música navideña de fondo para complementar la jornada que apenas empezaba.
“Ahora voy por mis zapatos”, decía un señor con paquetes en ambas manos, uno de los tantos que se paseó por todo el mall en busca de las mejores ofertas.
Emilio Chiari, por ejemplo, se paró más temprano que nadie para llegar a tiempo desde Antón, Coclé. Contaba, enojado, que tuvo que forcejear y mirar mal a un “colón” que quería pasar por delante de él. Pasado el episodio amargo, pudo comprar un televisor de 32 pulgadas, una tablet, celulares y una nevera enorme “donde quepa yo”, bromeaba, mientras su esposa hacía lo propio en los almacenes de ropa.
No se había sentado a sacar cuentas, pero Chiari calcula que se gastó entre mil 500 y 2 mil dólares. Vale la pena madrugar, manejar desde lejos y pelar por precios que se ven una vez al año, considera.
Ya para las 6:30 a.m., encontrar un estacionamiento en Multiplaza se antojaba como misión imposible, se veían vehículos aparcados en cualquier rincón o acera vacía, mientras los comercios empezaban a colgar letreros de “agotado” o “no hay” para la mercancía más codiciada.
Las cajas registradoras no paraban de recibir dinero e impresiones de tarjetas de crédito o débito, y las filas para pagar daban hasta más de dos vueltas dentro de los locales. El último que llegaba a cancelar su producto tenía entre 50 y 100 en frente.
Era una o varias horas de espera ya con las 8:00 a.m. y 9:00 a.m. en el horizonte, horas más comunes de entrada a los trabajos. No obstante, nadie lucía preocupado por eso. Los semblantes eran más bien de satisfacción.
Con mayor o menor intensidad, se registraron escenarios similares en Albrook Mall, que también abrió a las 6:00 a.m., y horas después en Metromall, Multicentro y el resto de plazas comerciales de la ciudad capital.
Fue el inicio de un maratón de shopping anunciado hasta la medianoche o hasta donde el efectivo y el crédito estiraran.

