“Somos tres cuerdas, percusión, bajo y canto, haciendo jazz”. Así dice Joshue Ashby en uno de los camerinos del Teatro Nacional. A su lado derecho está Danelle Hall y a su lado izquierdo, Luis Morales. Un poco más allá, Fernando Alvarado y diagonal a él, Eric Blanquicet.
Así reunidos, los integrantes de C3 String Quintet parecen un grupo de viejos amigos en una reunión más. Pero no son tipos comunes.
“Lo que nos diferencia de otros grupos de jazz es que utilizamos instrumentos de música clásica para hacer melodía folclórica afrocaribeña”, dice Ashby, líder del grupo.
El quinteto de formación clásica recibió influencias en su infancia del profesor Felipe Hudson y de la iglesia. Y luego tomó de referencia tanto a Danilo Pérez y grupos como Turtle Island Quartet y Di Evano String Quartet, como a agrupaciones de salsa.
Definen su estilo como fresco, dinámico e, incluso, jocoso. Y los tres años que tiene la agrupación no solo han servido para moldear su identidad musical, sino para buscar un cambio social en las nuevas generaciones.
“Cuando estaba estudiando afuera, me contaban las cosas que estaban pasando en Colón, los problemas sociales”, cuenta Ashby, primer panameño en recibir una beca presencial del Festival de Jazz de Panamá para estudiar en el Berklee College of Music, en Boston.
El conjunto de músicos, de los cuales cuatro son colonenses, tiene el propósito de “llevar un mensaje de que con la música puedes tener una vida más digna”, dice Ashby.
“El punto máximo es que podamos ser un gran ejemplo para todo aquel joven que nos ve, principalmente de nuestra provincia”, comenta Luis Morales. “Que cuando nos escuchen también quieran llegar a ser como nosotros”, continúa quien ejecuta la viola.
Entre los proyectos futuros del C3 String Quintet está una gira de conciertos y talleres en el ámbito nacional en escuelas y universidades.
Además, grabarán un mediometraje sobre la trayectoria del quinteto. Un proyecto, en el que según dijeron, están trabajando Néstor Ibarra y Alejandra González.
´LA MÚSICA NOS UNE´
La buena vibra, la amistad y la música entretejen los lazos de la agrupación; no obstante, sus proyectos sociales los trabajan por separado.
Por un lado, Morales y Hall están trabajando en Los Lagos en Colón con niños de 6 a 16 años en la Orquesta Sinfónica Juvenil San Miguel Febres Cordero.
“En ese proyecto no solo se les enseña música. También se les enseñan valores. La meta a corto plazo es que esa pueda ser la Orquesta Sinfónica de Colón”, explica Morales.
Por otro, Ashby y Alvarado trabajan en la Fundación Danilo Pérez, también enseñando música y valores, en el área de San Felipe, en donde pueden sentir también el riesgo social.
Y, finalmente, Blanquicet trabaja en el proyecto Luna llena de tambores, que acerca a la gente por medio de la música, sin importar su edad, sus conocimientos, habilidades psicomotoras o clase social.
“En ese momento somos facilitadores, las estrellas son las personas”, comenta Blanquicet, que explicando el proyecto llega a una conclusión de que algo mágico pasa cuando reinan las notas musicales. “No hay niveles sociales. La música nos une”.

