Dicen que el buen gusto es consecuencia de un pacto entre el individuo y la moda. La frase, que encuentra sus orígenes entre la aristocracia europea del siglo XVIII, sobresale hoy como una de las consignas propulsoras de la boga local, cuyas nuevas propuestas buscan crear vínculos más estrechos entre los diseñadores y el público consumidor.
La pasarela Mercedes Benz Fashion Week 2014 culminó el pasado viernes con una visión de la moda más extensa. Atrás quedaron las tendencias precisas e inflexibles, para dar paso a proposiciones basadas en la cultura, estilo personal y conmoción de las personas.
Eso que la diseñadora española Agatha Ruiz de la Prada definió durante el evento como “la moda feliz” o el romanticismo implícito en los tradicionales ajuares de lino de la colombiana Ketty Tinoco.
Las cuatro jornadas dedicadas a la moda panameña cerraron su última edición con un soplo de diversificación, colorido y distensión en las siluetas, pero sin perder los aires y la sofisticación siempre imperativos en los diseños latinoamericanos.
Las pasarelas nacionales tampoco se quedaron atrás y plasmaron el imaginario de los nuevos talentos del diseño textil, quienes sorprendieron a la concurrencia con ajuares imperecederos e indómitos.

