Padre con voluntad

Padre con voluntad
Padre con voluntad

Dos niñas y dos niños juegan, comen a la misma hora y se acuestan al mismo tiempo. Dos de ellos son hijos biológicos de David De Vries, un extranjero proveniente de las islas Turks y Caicos, afincado en Panamá desde 2008, y los otros dos menores son sus nuevos hijos temporales.

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Padre con voluntad

David, junto con su esposa Brittany, ha sido el primer matrimonio en el país tropical en aceptar el rol de padres de acogida, un programa que contempla la reformada Ley General de Adopciones N°46 (firmada el 17 de julio de 2013), en que niños que están con sus familias originales presentan condiciones de riesgo social (maltrato, abuso, abandono) y que usualmente iban a parar a albergues institucionales son ahora acobijados en un nuevo hogar, donde esté presente un padre, una madre y uno o más hijos que lograrán en conjunto un desarrollo íntegro para el menor en desventaja.

Esta condición especial es el motivo por el cual este Día del Padre, David, de 41 años, vivirá una celebración diferente, recibirá el abrazo de sus cuatro hijos que lo llaman Daddy y que viven como hermanos bajo el mismo techo.

La aventura de David y su reformada familia se inició en marzo del presente año cuando el núcleo familiar aumentó con dos integrantes más, luego de que su solicitud de idoneidad en la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (Senniaf) fuese aceptada al reunir los requisitos para ser parte del programa de familias de acogida.

Antes en la mente de David estaba su primogénita, Greace, de 8 años, y el menor de 4 años Ethan. Sin embargo, pronto sus labios llamaban a más niños a la hora de abordar el automóvil para llevarlos a la escuela diariamente antes de irse a su oficina, los de *María, de 9 años, y * Juan, de 4 años.

“Siento satisfacción”, resume David, que apenas habla el español básico, al responder acerca de cómo percibe su renovada responsabilidad.

Su esposa ha sido una pieza clave en el proceso, siendo voluntaria de organizaciones benéficas conoció la realidad de muchos niños panameños que pasan toda su infancia dentro de hogares institucionales, mientras que sus trámites para declararlos en adopción o para devolverlos a sus familias biológicas quedaban en el limbo, retrasados por largos procesos en los juzgados que podían extenderse hasta por 10 años.

Aunque, por otro lado, entre los sueños de la pareja siempre estuvo la idea de una familia numerosa, esto derivado de que tanto Brittany como David provienen de hogares conformados por hermanos adoptados de forma temporal o definitiva a quienes consideran partes esenciales de sus vidas.

Mientras sus padres conversan, los niños se entretienen en su cuarto de juegos armando las piezas de Lego. Ethan desliza un carrito por la espalda de María, sin que esta se irrite por ello. Juan, por su parte, es el más inquieto de todos, se separa del grupo; toma galletas de pasitas ofrecidas por Brittany y las degusta sin cerrar la boca, pues prefiere mostrar su simpatía y sonreír.

“Desde que los trajimos se han integrado perfectamente”, resalta David, mientras Juan se recuesta encima de él y le pronuncia frases en inglés.

“Al inicio Greace fue muy colaboradora, les traducía todo lo que decíamos al español”, rememora Brittany, quien labora para la Fundación Hope for Nations y es productora de cine.

Por el momento, la familia De Vries lleva casi tres meses de feliz convivencia.

Los mayores, por su condición de responsables temporales, desconocen el pasado de sus pequeños María y Juan, y también su futuro.

Sin embargo, son apoyados por un conjunto de especialistas y dos psicólogos que los asisten en las necesidades o dudas que tengan durante la crianza y el proceso de separación que podría darse en seis meses, según reglamenta la ley, o extenderse por seis meses más por medio de una prórroga.

¿Cómo hace para llamarles la atención sin hacerlos sentir incómodos? “Les hablo, al igual que lo hago con Ethan y Greace, también utilizo el refuerzo positivo para corregir malas conductas”, resuelve David, tras aceptar: “A veces se disgustan, pero siempre lo superan”.

Por el momento, Juan y María viven un momento feliz, están inscritos en una escuela privada y disponen de una nana, aunque Brittany labora desde casa y siempre está pendientes de las necesidad afectivas de sus cuatro retoñitos, al igual que David que comparte con ellos al retornar de su trabajo y durante los fines de semana.

Sin embargo, aún mil 283 infantes que siguen dentro de 14 hogares institucionales en la capital del país esperan que más parejas se atrevan a asumir el reto de ser sus padres temporales.

NUEVO PANORAMA

La fundación de origen estadounidense Clamor del Corazón Ministerio de los Niños (CCMN) es una ONG dedicada a la sensibilización y reclutamiento de personas o familias -que trabaja en sincronía con Senniaf- interesadas en ofrecer alojamiento y cuidado integral a menores vulnerables de forma no permanente.

Según explica Graciela Mauad, coordinadora de CCMN, la idea es que con el tiempo los orfanatos sean suplantados por las familias de acogimiento.

Uno de los planteamientos científicos que abonan el campo para este modelo de familias es que los niños internados en orfanatos o instituciones encargadas de “su protección” tienen afectaciones reflejadas en un tardío crecimiento físico y lento desarrollo cerebral. “Los niños fuera de los cuidados familiares pierden un mes de crecimiento por cada tres meses que permanecen dentro de una institución”.

Es decir, un niño con edad de 9 años puede parecer de 5 por la carencia de estimulación, cuidados consistentes o nutrición subóptima que impiden un desarrollo normal.

Otro punto que refuerza la convivencia familiar es su capacidad de desarrollar en los pequeños habilidades sociales, “puesto que los niños que viven en orfanatos generalmente tienen problemas de agresividad e hiperactividad”, añade Mauad.

La figura de familias de acogida como representantes de los menores está vigente en 16 países latinoamericanos, entre ellos: Argentina, Brasil, Chile, Ecuador y Colombia, reporta un informe 2013 de la Red Latinoamericana de Acogimiento Familiar (Relaf), que incluye a Panamá desde el año pasado.

Desde Senniaf, este modelo ha requerido preparación de los profesionales desde 2011, aclara Aymara Pinzón, psicóloga de la institución.

Una persona soltera, una pareja o familia puede solicitar la idoneidad para ejercer la función de familia de acogida de acuerdo con la ley, y “en 23 días recibirá respuesta sobre su aprobación o no por parte de Senniaf si ha pasado las pruebas psicológicas, si ha demostrado que puede hacerse cargo de los gastos del menor y de haber concluido un curso de formación de 30 horas para este fin, avalado por la institución gubernamental”, resume Pinzón.

Las familias de acogida son supervisadas mensualmente (sin previo aviso) por personal de Senniaf para asegurarse del bienestar del “menor en protección”.

Un aspecto esperanzador que brinda la nueva Ley de Adopciones Generales N°46 de 17 de julio de 2013 es que se exige la agilización de los trámites, lo que permite que “procesos que duraban hasta 10 años se reduzcan a meses”, acota Mauad.

Para Pinzón, la rapidez en la resolución de los estatus de los menores será efectiva con la apertura de nuevas sedes regionales en provincias como Chiriquí, Veraguas y Darién, (solo existe la de Colón), “lo que agilizará enormemente el tiempo de los trámites legales de los niños, niñas y adolescentes que se encuentren en investigación”, argumenta.

Hasta el momento, Senniaf ha recibido seis solicitudes de idoneidad para familias de acogida, de las cuales una se ha otorgado por cumplir a cabalidad con todos los requisitos necesarios, la de los De Vries.

*Los nombres reales de los menores han sido cambiados para proteger su identidad.

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