Porras y la formación del Estado Nacional (VII)

Porras y la formación del Estado Nacional (VII)
Porras y la formación del Estado Nacional (VII)

En su tercera presidencia, Porras construyó un monumento a Francia para celebrar el esfuerzo francés en la construcción del Canal y otro a Vasco Núñez de Balboa, presentado como un héroe nacional.

Adelantó numerosas obras en la capital y el interior, muchas bajo la dirección de la nueva Junta Central de Caminos (1920), a la que incorporó especialistas extranjeros. Se hizo palpable la construcción de carreteras, muelles y puentes para enlazar lugares distantes y promover la actividad económica.

Porras pensaba que el desarrollo de la agricultura era “lo más imperioso”, y creía que el transporte y la comunicación eran la manera de estimularla. Confiaba en que fomentarían la inversión y el arribo de inmigrantes que transformarían el interior.

En aquellos días, en Latinoamérica, el neocolonialismo implicaba cambios económicos o lo que Mark Gilderhus ha llamado su “integración dentro del mercado mundial”, principalmente como proveedor de materias primas.

Esa mentalidad impulsó la modernización del teléfono, del telégrafo, los correos nacionales y la construcción de un ferrocarril en Chiriquí, un servicio que valiera, en palabras de Porras, “para atraer la inmigración... para poblar las comarcas despobladas y para que los hombres produzcan en abundancia”. Empresas extranjeras se encargaron, principalmente, de la construcción de esa infraestructura. Motivación similar justificó otros contratos, aunque ninguno resultó muy exitoso en el empeño de fundar colonias agrícolas europeas en el interior. Se estableció también la Escuela y la Estación Experimental de Agricultura, empleando a profesores norteamericanos, aunque tampoco aumentaron considerablemente la actividad económica.

La salud pública, asunto clave para la Comisión del Canal, hizo comprender a Porras que el país “no puede desatender... el saneamiento”. Por ello, con apoyo de expertos extranjeros, apresuró la construcción de pozos, la extensión de acueductos y la limpieza de muchas áreas, tanto en el interior como en ciudades terminales.

Con apoyo norteamericano, se estableció el Instituto Gorgas, establecimiento bilateral dedicado al estudio de enfermedades tropicales. Porras nunca ocultó su admiración por los estadounidenses ni la influencia que tuvieron en su pensamiento.

Adelantó también obras que consideraba primordiales para el bienestar público, como la Cárcel Modelo en 1924, un sanatorio para tuberculosos y el Asilo de la Infancia. Inauguró el hospital Santo Tomás en 1924, en el que insistió se tuvieran contratados funcionarios estadounidenses “por sus vastos conocimientos y por los importantes servicios que... nos prestarán allí”. La contratación coincidió con el establecimiento de nuevas clínicas en el interior.

La educación se extendió enormemente. El tutelaje colombiano había fracasado y había dejado el país desprovisto de una infraestructura cultural adecuada.

Se construyeron escuelas y se contrataron numerosos funcionarios y profesores extranjeros. En las primeras dos décadas de la vida republicana, la matriculación escolar ascendió de 4 mil 200 a más de 51 mil estudiantes.

Se establecieron la imprenta, el Teatro Nacional, academias para la música y artes plásticas y programas para la instrucción universitaria en el exterior. La educación estadounidense sirvió de modelo para los que intentaban abandonar el legado colonial y crear un sistema más pragmático y popular, basado en las ideas de John Dewey.

Tales políticas condujeron a la fundación de la Universidad Nacional en 1935, con Octavio Méndez Pereira en el cargo de rector. Así, Porras lideraba respondiendo como podía al “clamor por las escuelas”.

Se le atribuye también la organización de importantes instituciones, como las bibliotecas escolares, la Escuela Profesional de Mujeres, la Escuela Modelo de Las Tablas, la Escuela Experimental de Agricultura y programas para la educación nocturna.

Antes de abandonar el poder, resaltó el intento de llevar las “escuelas hasta los más apartados rincones del país”. Si bien en buena parte no pudo cumplir el sueño, puesto que en 1924 cerca del 38% de los niños no asistía al colegio, sus gobiernos realizaron importantes obras, no solo en la educación sino en otros sectores, como el ordenamiento jurídico, el transporte y la salud pública.

Porras dirigió una significativa expansión del Estado panameño, aunque impuso métodos patriarcales y recurrió excesivamente a la ayuda de los norteamericanos. Como resultado, el Gobierno se distanció del pueblo, lo que terminó provocando una reacción en la siguiente generación de panameños, quienes, en muchos casos, provenían del nuevo sistema educativo. En términos políticos, Porras configuró un Estado neocolonial y personalista, cuyo legado fue el conflicto y la inestabilidad.

FUENTES

Editor: Ricardo López AriasTextos: Peter Szok

Fotografías: Carlos Endara. Colección RLA/AVSU.

Comentarios: vivir+@prensa.com

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