En 1925, el año en que surgió el Movimiento Inquilinario, se llevó a cabo la Revolución Tule que, como James Howe ha demostrado en un trabajo magistral, no fue simplemente el producto de Richard O. Marsh (funcionario norteamericano), sino una legítima rebelión guna enfrentada a la colonización de San Blas promovida por el gobierno de Porras.
Porras y los liberales habían perdido el apoyo de las masas, mientras los jóvenes profesionales miraban descontentos las estructuras neocoloniales que se movilizaban.
Ricaurte Soler observa que dentro del mismo liberalismo surgió un movimiento, encabezado por José Dolores Moscote, que lamentó la falta de doctrinas en la política panameña y promovió la reforma basada en ideas socialistas.
Surgía también un grupo de escritores jóvenes, entre ellos Rogelio Sinán y Roque Javier Laurenza, quienes criticaron duramente a los poetas de la república y proponían nuevos rumbos para las letras panameñas. En tanto, la actividad militante de Acción Comunal culminó en enero de 1931, al recurrir sus miembros a la rebelión armada para derrocar el gobierno de Florencio Harmodio Arosemena. El golpe de Estado se ejecutó para imponer a una nueva generación política en el poder.
CONCLUSIÓN
Una generación, tutelada bajo el protectorado norteamericano y la influencia del liberalismo porrista, quizás sería el legado más importante del período 1903-1931. Formados en un sistema neocolonial y personalista, los gobernantes permanecían poco interesados en el desarrollo del pluralismo, como se hizo evidente en su inclinación hacia modelos más autoritarios y más dependientes de las fuerzas armadas.
A partir de 1931, la república sufrió varios golpes de Estado, y sus líderes frecuentemente recurrieron a cambios constitucionales y a manipulaciones electorales para permanecer en el poder. Más grave aún fue la utilización de la policía que, progresivamente, se iba militarizando y que se convirtió en la Guardia Nacional en 1952.
En la base de todo esto, persistía una falta de legitimidad que, como Carlos Guevara Mann ha demostrado en su estudio del militarismo, funcionó como la puerta de entrada de las fuerzas armadas. Pearcy indica también que, dada la falta de consenso entre los civiles, los oficiales castrenses exageraron su propia importancia y empezaron a verse a sí mismos como guardianes de la patria.
El liberalismo logró ampliar las funciones del Estado, pero fracasó en el intento de establecer su fundamento ideológico. Ni los norteamericanos ni Porras dieron importancia a esta cuestión, sino que se concentraron en apoyar la estabilidad a corto plazo y la expansión de los poderes del Gobierno. Como consecuencia, Panamá cayó en el caudillismo y en el dominio de Estados Unidos, hechos que al final provocaron una reacción generacional y crearon el contexto histórico para los sucesos de las décadas siguientes.
Aparentemente, Porras fue incapaz de prever esta herencia que su liderazgo en gran medida implantó a la cultura política. Así, cuando recordó sus contribuciones al progreso de la república, Porras extendió sus brazos para “abarcar toda la ciudad” y reveló, sin darse cuenta, cuánto la había obstruido.
FUENTES
Editor: Ricardo López Arias
Texto: Peter Szok
Fotografía: Carlos Endara. Colección RLA/AVSU

