Los proyectiles de mortero forman parte del paisaje diario que rodea al artista rebelde Akram Abul Fuz, que usa esta arma de guerra como soporte de sus obras para reivindicar la cultura de una Siria devastada por el conflicto.
Abul Fuz, de 35 años, vive junto a su mujer y sus tres hijos en Duma, una localidad situada en el principal bastión insurgente de las afueras de Damasco, la zona de Guta Oriental, donde los bombardeos están integrados en la cotidianeidad.
“Aquí hay disparos y caen muchos proyectiles, que son los regalos que el régimen nos envía cada día para derramar nuestra sangre”, dice irónico Abul Fuz, mientras explica que su casa fue destruida por un incendio durante un ataque de las tropas gubernamentales.
Ante el panorama desolador, este rebelde enamorado de la pintura decidió crear una nueva forma de arte a partir del “excedente” de cohetes en Guta Oriental.
“Muchos caen y no explotan. Aquí hay especialistas (entre los opositores) que los limpian totalmente y quitan el material explosivo que hay dentro de ellos, luego yo los uso como soporte”, detalla.
Sobre la superficie de los proyectiles, emplea las técnicas del relieve para plasmar motivos inspirados en el arte damasceno y decorativo islámico, como formas geométricas y vegetales.
El resto de materiales, pinturas y brochas, son herencia de los que aún le quedan de los tiempos anteriores al inicio de la guerra.
