Rusia se fija en Yahir

Cuando no se oye un disparo, las sirenas que le siguen o a los fiesteros cancha larga de la barriada con la “plena” a medio volumen luego de haber hecho explotar los parlantes toda la noche, el silencio sepulcral de las 4:30 a.m. pasea entre las calles de la 24 de Diciembre como un vigilante de sueños, pero solo para algunos.

Como todos los días, Yahir, de 21 años, abre sus ojos para emprender la rutina que desde hace cuatro años cumple para llegar, a eso de las 8:00 a.m., a su trabajo, como muchos otros en las mismas.

Su destino es el Instituto Superior de Bellas Artes, perteneciente al Instituto Nacional de Cultura (Inac), ubicado al otro extremo de la ciudad, en la avenida Central, para luego ingresar a las 3:00 p.m. a sus clases de segundo año en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Panamá, cuyo punto geográfico es el otro extremo, Curundú.

Yahir se crió en el barrio de Samaria, en San Miguelito, y aunque las convenciones sociales asocian su ejercicio profesional con la que realizan algunos de un estrato más elevado, al preguntársele de dónde viene y a qué se dedica, saca pecho, alza el rostro, mira a los ojos y, con una sonrisa franca e infantil, encara al más escéptico.

“Cuando me preguntan de dónde soy, y respondo que de Samaria, se asombran: ´¿de Samaria? ¿y bailas ballet?”.

“Sí, es un área roja y muy difícil, pero la gente con la que crecí me habla con normalidad. Saben que el hijo de Esteban y Claudia baila ballet y lo hallan como algo bueno, porque para ellos esto no es algo normal. Sin embargo, nunca me han hecho sentir menos, sino que he servido de ejemplo para sus hijos”, enfrenta.

Hace tres años, Yahir Castro eligió dedicarse a la danza, y hoy es una de las principales figuras del Ballet Nacional de Panamá, representando a esta compañía frente a públicos lejanos y exigentes como Rusia, que antes ignoraban la valía dancística de este pequeño país tropical, al otro lado del mundo.

DESTINO, SAN PETERSBURGO

A finales de abril pasado, Yahir fue becado por la familia de la fallecida bailarina Patricia Guardia para representar a Panamá en el Festival Internacional de Ballet Dance Open, efectuado en San Petersburgo (Rusia).

“No me lo creí. Estábamos todos los del ballet en un taller y terminando la clase, Olga Guardia de Smoak ­exbailarina y asesora de la directora del Inac, María Eugenia Herrera­ me dijo que, luego de observarme, me había ganado una beca para ir a Rusia”.

Con el brillo en sus ojos de un niño ilusionado, Yahir rememora lo que significa para su profesión haber viajado a la tierra del Bolshoi y el Mariinsky, dos de las compañías de ballet más importantes del mundo. “Ir a Rusia es un sueño para todo bailarín. Fue una gran experiencia. Nunca me imaginé ir, y aunque las ganas estaban, nunca se me pasó por la mente que eso podía pasar”.

Al igual que en sus espectáculos, durante una semana, el Dance Open también se concentra en la pedagogía, brindando clases maestras con figuras como Stanislav Feco, Igor Petrov, Elvira Tarasova e Irina Badeeva.

Todos los estudiantes participan en su propia gala y acuden a ver las actuaciones de los profesionales, además de hacer recorridos turísticos por San Petersburgo.

En la Gala de Estrellas Jóvenes, Yahir presentó una variación del ballet Satanella, pieza de Joseph Mazilier de 1840, y el solo de Les Infants, adaptado por las bailarinas panameñas Manuelita y Lilia Navarro.

Los comentarios sobre su performance no tardaron, en especial el de la crítica rusa Ana Gordeeva: “la presentación del panameño Yahir Castro es la mejor recordada. Si nada cambia, puede que en siete años se tome por asalto el American Ballet Theater. Este chico no sabe lo que es la gravedad”, aunque responde que para ser invitado dicho colectivo, “se tiene que ser estrella de otras compañías”. “Si voy sería uno más del cuerpo de baile toda mi vida”, considera.

Mientras tanto, “los críticos han pensado que en Panamá se tiene un nivel muy alto”, añade Yahir, quien, durante su entrenamiento, absorbió técnicas del Bolshoi y el Mariinsky.

“Los rusos tienen mucho control en los port de bra [movimientos de brazos]. El Bolshoi tiene una presencia muy fuerte y arrogante en el escenario, mientras que el Mariinsky es más elegante y clásico, y siento que absorbí esa virtud, la del control”.

LA ESENCIA SIGUE AHÍ

Cuba, Costa Rica, Nicaragua y Estados Unidos ya han sido tachados en su mapa de países por conocer gracias a su trabajo, pero no hay lugar para Yahir que se compare con el que lo vio crecer.

“Cuando empecé a bailar, mis amigos en Samaria se metían en mi cuarto y se ponían mis mallas sobre sus pantalones. Me causaba risa. Gracias a Dios tengo los amigos que tengo, porque cuando hay días en los que no salen las cosas, ellos están ahí. Con ellos corría, tumbaba mangos, hacía y deshacía”, relata sonriendo con su mentón roto y sacando a relucir la cicatriz en la ceja que se provocó a los ocho años jugando al béisbol gracias a esa insistente actitud de “necio, inquieto y mal portado” que todavía lo acompaña y por lo que es conocido en el ballet y la barriada.

“No me gusta ver a la gente seria. No soy muy ordenado, pero tampoco quiero fingir lo que no soy para caerle bien a la gente”, contesta en franca rebeldía, aunque coartada por la disciplina que le impartieron sus padres, a quienes él y sus otros siete hermanos perdieron en 2008, uno seguido del otro.

Sin darse cuenta, revela una cara más madura y disciplinada. La que ha forjado la calle, el levantarse a las 4:00 a.m. y llegar a las 8:00 p.m.; los consejos, los supuestos prejuicios de su profesión y esa responsabilidad de saber qué es lo que se tiene que hacer, sin importar lo que piensen otros.

“Eso es lo que trato de hacer, seguir mis sueños. Sé que mis papás estarían muy felices. Mis hermanos lo están, porque estas son grandes oportunidades. No es un pasatiempo, es un estilo de vida. La danza es lo que me rodea, lo que como y lo que respiro”.

Olga Guardia de Smoak, en nombre de la familia Guardia, propuso crear una beca en honor a la desaparecida bailarina panameña Patricia Guardia, quien falleció en 2008 a causa de un infarto masivo.

“El concepto era buscar a alguien que estuviera en los inicios de su carrera en el ballet, con mucho potencial y sin los recursos para vivir esa experiencia”, afirma Enrique Guardia, tío de la bailarina, que participó en la creación de esta beca.

“Nos pusimos de acuerdo con María Eugenia Herrera y los miembros del Ballet Nacional de Panamá para hacer una cooperación en términos financieros y de elección del talento”, agregó.

“Yahir sobresalía por su habilidad; como talento del ballet y representante de nuestra patria nos dejó muy en alto y cubriéndose de gloria”.

Según Guardia, la intención es hacer de la beca una manera de inmortalizar la memoria de la bailarina.

Alicia Mon Chambers

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