En el majestuoso edificio de la Bienal, diseñado por el arquitecto Oscar Niemeyer, se llevó a cabo la trigésimo quinta edición de la Sao Paulo Fashion Week.
Hasta su anterior versión, esta vitrina se caracterizó por presentar creaciones que reflejan el sentido de la moda bastante original que tienen los cariocas, y aunque se supone debería ser la de más grande influencia para la moda en Latinoamérica, lo cierto fue que muchas de las propuestas de los mejores diseñadores este año estuvieron demasiado europeizadas, lo cual resultó, por demás, incómodo.
Desde la grandilocuencia de R. Rosner y Samuel Cirnansck , cuyos diseños traían una y otra vez los ecos de las muy vistas creaciones de Alexis Mabille y Elie Saab en la pasada cita parisina, hasta el cliché de las combinaciones de ropa formal con bañadores de Colcci, que por cierto presentó en la pasarela al actor Paul Walker de la franquicia fílmica The Fast and The Furious.
Vuelta a lo mismo: sin ningún artificio de París, la moda brasileña tiene un toque de vanguardia que la hace única, más allá de los lugares comunes, y siempre que sus diseñadores se den cuenta de su propio alcance.
