Los que respetamos a los perros, muchas veces nos hemos preguntado si estarán sufriendo determinada situación. Es común depositar en su mirada lo que, en realidad, sería nuestro sufrimiento en condiciones similares. Si bien es imposible determinar con exactitud cómo ellos viven y perciben el mundo, conociendo sus necesidades nos daremos cuenta de que hay muchas cosas que para nosotros son irrelevantes y para ellos no.
El descontrol y la falta de un lineamiento en las estructuras de vida son el primer factor de su inestabilidad. La incertidumbre y el no respetar sus hábitos regulares también les provoca un desconcierto. Les quita la calma, convirtiéndolos en animales con alteraciones en su conducta. La sobreprotección es también un mal de la época que les hace daño.
Ellos necesitan explorar, olfatear, revolcarse en la tierra y establecer vínculos con sus congéneres. Un animal transportado en un bolso o cochecito de bebé jamás podrá realizarse como perro. Estos elementos son solo una cárcel de lujo.
Tratarlos como niños les quita su real valor, haciendo de ellos un híbrido que no sabrá manejarse en su mundo canino.
La falta de motivaciones, juegos, actividad y tenerlos permanentemente relegados en el fondo de la casa, aunque este sea inmenso, también los perjudica. Ellos prefieren permanecer a su lado, aunque sea en un espacio pequeño. También el hambre, la sed, el calor, el abandono y un humano que no cumple su rol de una forma clara y segura son otros de los factores fundamentales que un perro puede sufrir.
