Gabriel García Márquez abrió la puerta, entró, observó por unos instantes y dejó salir una sonrisa acompañada de un par de palabras con tono de asombro: “Jamás había visto tantas películas de mis libros juntas. ¡Y todas son pirateadas!”
El premio Nobel de Literatura llegó curioso y jovial como un cliente más al Videoclub Internacional de María Angélica Arribau, que funcionó durante el primer lustro de la década de 1990, primero en vía España y luego en vía Argentina.
Esta visita fue una de las tantas anécdotas que le dejó el videoclub a Arribau antes de quedarse sin opciones para mantener el negocio que tuvo que cerrar como el resto de las empresas similares.
Fue por aquellos años que se aprobó la Ley de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual, y los dueños de los títulos cinematográficos llegaron de todas partes para establecer sus tarifas, y con ellos apareció una distribuidora internacional de cine en casa, Blockbuster.
Hasta ese momento, los dueños de los videoclubes surtían sus estanterías con las cintas pirateadas en formatos Betamax y VHS que distribuidores locales conseguían bajo la mesa y todos felices. Pero con la regularización del cine para llevar a casa el giro fue radical.
Arribau lo narra: “Si querías tener los más recientes estrenos, tenías que ir donde los piratas. Si ibas donde las distribuidoras oficiales, los títulos costaban 3 mil dólares... Algunos 10 mil. Estaba todo condicionado para que solo las grandes empresas pudieran pagarlo”.
Entonces, los dueños de videoclubes estaban en medio de las facilidades e ilegalidades piratas y los astronómicos precios de los estudios y distribuidoras oficiales, con la estela de la nueva Ley en el ambiente e inspectores pendientes de cualquier delito. Hasta uno de los propietarios de un videoclub murió de un infarto ante la zozobra, recuerda Arribau, quien llegó a contar con unos 3 mil títulos en su local que también era un café.
Se intentó organizar el gremio para hacer frente a los precios, pero no cuajó.
ERA BLOCKBUSTER
Cuando se fueron los videoclubes pequeños, Blockbuster llenó el vacío por casi 20 años y llegó a contar con 14 sucursales en Panamá y otras 8 mil en 30 países de América, Europa, Asia y Oceanía, según detalla su portal local www.blockbusterpanama.com.
Ahora su “casa matriz” en Estados Unidos anunció su quiebra y posterior cierre de tiendas, que se concretó entre finales de 2013 y principios de 2014, con la clausura de unos 500 locales entre Reino Unido y Estados Unidos.
Como en Panamá la franquicia es de propiedad y manejo independiente, se ha mantenido en función, aunque recientemente han cerrado sus tiendas en Paitilla, vía España, 12 de Octubre y Chanis.
En tiempos de bonanza, el promedio anual de alquileres de Blockbuster Panamá rondaba los 2 millones de películas y vendían al año poco más de 500 mil copias, detalló a La Prensa en 2011 David Mizrachi, gerente de la cadena.
Según las estimaciones de Blockbuster, el 60% de los hogares panameños tenía la costumbre de alquilar películas.
Se consultó a los responsables de Blockbuster Panamá sobre cuánto han variado las cifras de ventas hasta hoy, pero no hubo respuesta.
Otras cadenas como Video Ave. o Video Net también extendieron un puñado de tiendas por el país paralelo al dominio de Blockbuster, pero todas cerraron sus puertas hace años.
LOS SOBREVIVIENTES
Además de las sucursales activas de Blockbuster, en la ciudad quedan al menos otros cinco videoclubes, cuenta Paul Domínguez, gerente de operaciones de la distribuidora Privado Panamá, que se encarga de surtir con cine para adultos, documentales y cine alternativo a casi todos los establecimientos sobrevivientes.
Todos han tenido que recurrir a diferentes alternativas para mantener sus empresas a flote.
El videoclub de Melvin Delgado es el más antiguo, abierto en 1998 con solo cinco películas en un estante dentro de su farmacia La Gloria en Betania. Ahora tiene 3 mil títulos.
Antes había que comprar un mínimo de 10 copias para satisfacer la demanda, ahora con tres es suficiente. También ha cambiado el concepto, estima el empresario, porque la experiencia de ir a un video era similar a una librería: veías, evaluabas, preguntabas hasta que hacías tu elección. Ya pocos lo hacen.
Con todo, La Gloria registra un promedio semanal de unos 200 alquileres entre 1.50 y 2.50 dólares, gracias a su público cautivo, que no simpatiza ni de la piratería ni de las nuevas opciones digitales para ver cine en la casa.
El Video Net Brisas, en Brisas del Golf, también sigue activo debido a la fidelidad que tienen sus clientes por los más de 7 mil títulos que copan sus reducidos pasillos. Todo está compactado en el local, porque hace poco cedieron la mitad del espacio a un salón de belleza para compartir el costo del alquiler, detalla Julieth Cheung, su propietaria.
Cuenta Cheung que decidieron trabajar solo de 5:00 p.m. o 6.00 p.m. hasta las 9:00 p.m. o 10:00 p.m., porque no resultaba rentable operar desde temprano. “Hay días que se pueden registrar 30 alquileres y en otros, solo 5. Los mejores días son los fines de semana”, relata Cheung.
Sin lamentos, Deni Lee, del Video Fax en Plaza Tocumen, Juan Díaz, dice que pasan días sin que nadie alquile nada. Los “buenos” clientes se asoman solo un par de veces en períodos de seis meses. Por eso decidió hace poco no comprar más estrenos y puso a remate las miles de copias que reunió desde mediados de la década del año 2000.
Los empresarios mencionan varios motivos que explican la extinción de los videoclubes, pero la principal responsable es la internet, tanto por la piratería como por los servicios legales online, liderados por Netflix.
Es la transición o evolución natural que experimentan otros sectores del entretenimiento, pero consideran que mientras quede un porcentaje de la vieja guardia entre los espectadores, los videoclubes tendrán una razón de ser.
Hollywood y los videos
Para 1952, el 35% de los hogares en Estados Unidos tenía un televisor. En 1956, la MGM alquila su catálogo de antes de 1949 a las televisiones nacionales. En 1958 se inicia la venta de televisores en color. En 1962 la 20th Century Fox alquila 200 largometrajes de antes de 1948 a la televisión. En 1967, tres canales de televisión de Estados Unidos filmaban sus propias películas y la Motion Picture Association of America los acusa de competencia desleal con el negocio del cine.Mientras que la Federal Communication Commission aprueba la creación de canales por pago y la Asociación Estadounidense de Exhibidores de películas ataca la medida. En 1972 aparece HBO y cuatro años después, Showtime. En 1975 llega al mercado el magnetoscopio Sony Betamax. Al año siguiente aparecen los primeros casos registrados de piratería y el FBI abre una oficina en Los Ángeles para enfrentar lo que se convertirá en una epidemia. En 1977, RCA, Zenith, Panasonic y Magnavox lanzan el magnetoscopio de formato VHS y se vende un cuarto de millón de unidades ese año en Estados Unidos. La 20th Century Fox es la primera empresa fílmica que pasa sus películas a video casero. En 1979 se venden 12 millones de cintas vírgenes. Proliferan los puntos de alquiler y venta de producciones en video en la Unión Americana. En 1980 saltan al video Paramount, Warner, Universal, MGM, Columbia y Disney. Ese mismo año, el 80% de las casas estadounidenses tiene un TV en color. En 1981, el Tribunal Federal de Apelación indica que atenta contra el derecho de autor que alguien grabe un producto emitido por TV en una cinta de videos.
DANIEL DOMÍNGUEZ Z.

