La destrucción deliberada de una pieza del famoso artista y disidente Ai Weiwei, una obra que a su vez era una acción destructiva contra el arte tradicional, ha planteado muchas reflexiones sobre el sentido del arte contemporáneo, que incluso han salpicado al prestigio del siempre polémico creador chino.
La controversia comenzó el 16 de febrero cuando un artista dominicano, Máximo Caminero, de 51 años, tomaba con sus manos una obra de Ai -un jarrón que se exponía junto con otros 15 pintados en vivos colores en un museo de Miami, EU- y lo estampaba contra el suelo, haciéndolo añicos.
Caminero, detenido por su tropelía, contó a la policía que con su acción quería protestar contra el escaso apoyo a los artistas locales que veía en el recinto donde perpetró su acción, el Museo Perez-Art de Miami.
El jarrón que rompió no era un recipiente cualquiera, sino una pieza de más de 2 mil años que Ai había sumergido en pintura industrial, con el objetivo de desafiar la tradición cultural de China, siempre celosa de su historia y de sus reliquias.
