Un humor negro, pero honesto

Esta semana Erato, musa de la poesía, está de huelga de brazos caídos, así que no he tenido más remedio que trolear a ver qué encontraba simpático.

Afortunadamente, su hermana musa, Melpómene, a quien corresponden las tragedias, me pegó un codazo en el neocórtex, así que me dediqué a buscar pequeños retazos de humor negro. No recurrí al panteón grecorromano porque tampoco quería hacérmelo tan, pero tan fácil, porque nadie duda de que Zeus and company sí que tenían sentido del humor, y estoy segura de que desde los tiempos aquellos es que viene el refrán de “cuidado con lo que deseas, porque puede convertirse en realidad”. Consuelo de que no lo inventamos en nuestro sistema democrático.

Y además, los míticos olímpicos eran harto creativos a la hora de lograr sus objetivos. Como ejemplo, nada más hay que ver la historia de Leda y el cisne, y ya sabemos quién resultó ser el cisne. Así que para olvidarnos de nuestro deseo político hecho realidad, del que Sófocles hubiese sacado una tragedia que competiría con la de Edipo, he aquí algunas cosillas de carácter morboso.

Y si alguien dice que el panameño carece de morbo, solo miren las portadas de la Crítica. Comencemos cronológicamente señalando que “el día lunes es una manera terrible de despilfarrar una séptima parte de tu vida”, porque muéstrame a una persona que considere el lunes el mejor día de su semana, y te podría enseñar las cicatrices de donde le hicieron la lobotomía.

Si aún encuentran que el lunes (o cualquier otro día de la semana) es duro de tragar, recuerden que “la realidad es una alucinación producida por la falta de alcohol”; y si ni así encuentras solaz, “sé creativo: inventa una perversión”. Si todo lo anterior falla, tienes dos opciones: o bajar tus expectativas, o llegar a la conclusión de que “la única razón por la que estás en la tierra es para servir de advertencia a tu prójimo”.

Además, las siete mentiras más grandes de todos los tiempos:

1. Te amo; 2. Esto no va a doler; 3. El mensajero tiene tu cheque; 4. Estaba a punto de llamarte; 5. Por supuesto que no voy a subir “ese” video tuyo a You Tube; 6. La gerencia ha decidido cambiarte a una posición donde puedas demostrar tu potencial óptimamente; 7. Trabajo para el gobierno, y estoy aquí para ayudarte.

Para finalizar, las siete etapas de un proyecto gubernamental (y eso sí que es humor macabro con mayúscula):

1. Otorgamiento sin licitación; 2. Publicidad contradictoria; 3. Oposición de ciudadanos sensatos; 4. Confusión total del funcionariado; 5. Cese de los servicios públicos más tranques vehiculares; 6. Búsqueda de chivos expiatorios. 7. Castigo de los medios que reportan los disparates.

Y hablando del gobierno –o de quienes lo constituyen–, este consejo le va como anillo al dedo: “La mejor solución para sus problemas, es el suicidio”.

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