De las páginas del diario de Putin

Si hay algo peor que estudiar para un examen, es tomarlo sin haber abierto un libro: la sensación de pánico que sentía en secundaria la tengo hoy, “vivita y coleando”, mientras sudo frío, eufemística pluma en mano, a escasas horas antes de mi tope de entrega o deadline. Me remonta a la secundaria, y recuerdo la originalísima respuesta de una compañera a quien le preguntaron: ¿Qué es la guerra fría? ella, mucho más haragana e incuestionablemente más imaginativa que yo, contestó que la guerra fría fue cuando las tropas de Napoleón invadieron Rusia, las agarró el terrible invierno ruso, y se murieron.

La chica hacía alusión a la invasión napoleónica, cuando en realidad, el término “guerra fría” lo acuñó George Orwell, el autor de Rebelión en la Granja y 1984, en 1945, para referirse a la situación que dimanó de la Segunda Guerra Mundial, entre “el occidente” (léase Gran Bretaña y Estados Unidos) y la desaparecida U.R.S.S.; período caracterizado por hostilidades que duraron décadas, sin que ninguno de los lados las rompiera.

A pesar de que el Evil Empire o Imperio Maligno, como bautizara el presidente estadounidense Ronald Reagan a la Unión Soviética en 1983 –hay quienes dicen que Reagan se inspiró en la Guerra de las Galaxias de George Lucas– ya no existe como tal, dejó todo un legado lexicológico, desde “kremlinología”, el estudio del gobierno soviético o, por antonomasia, del enemigo, hasta agitprop, o sea propaganda política difundida por medio de las artes.

Durante “la crisis”, sin saberlo nosotros, practicábamos samizdat, o sea circulación de material prohibido o reprimido por el Gobierno. Otras palabras que asociamos con el tema existían antes de la guerra fría. Por ejemplo, la “cortina de hierro” era una expresión teatral que se refería a un telón de hierro que se baja entre escenario y auditorio, para evitar el paso de la comunicación, o para protección; su uso se registra por primera vez en 1794, según el Oxford English Dictionary.

El derrumbamiento del coloso comunista dio paso a los nuevos ricos rusos: la mafiya. Me lo recordó un DVD de The Tourist, con Johnny Depp y Angelina Jolie, ya que igual que en la peli, los nuevos magnates tienen a su entorno a todos los antiguos KGB.

Luego tenemos otros términos como apparatchik, aplicado a personas que servían al apparat soviético: un miembro de la organización del partido comunista, fuese funcionario, agente o espía, y el término se ha expandido y hoy por hoy se usa para describir a los burócratas o funcionarios gubernamentales, peyorativamente aplicado a quienes ejecutan las órdenes de sus amos. O a los otros comerciantes que, con toda la desfachatez, se cambian los colores. El blanco, por supuesto, queda en el armario, para ponérselo cuando sea hora de apuntar el dedo hacia otro. Uf!, qué familiar suena.

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