Ernest Hemingway le enseñó a fumar puros; se casó con Anthony Mann; flirteó con Gary Cooper y protagonizó el clásico español El último cuplé. Estrella de la pantalla y la canción, Sara Montiel, Saritísima, cumple 85 años mañana entre el glamour, la leyenda y el exceso.
“Siempre ha parecido que tengo menos edad, por mi cutis y por unas piernas que valen un potosí”, decía en 1991 María Antonia Abad o Sara Montiel o Saritísima, diva del cine, la canción y ahora musa de lo “kitsch” que sigue derrochando a sus 85 años personalidad y capacidad de autoparodia.
Cuando hace ocho años el Ateneo de Madrid le rindió un homenaje como actriz, comentaba sus películas diciendo: “Todavía no necesitaba ponerme pómulos” o “entonces los labios no se llevaban como morcillas”.
Sara Montiel promete tener genio y figura hasta la sepultura, porque, aunque explicó que hay momentos en los que una voz interior le dice “Antonia, tienes que parar”, también amenazó: “Si paro me aburro como una ostra. Y eso que he trabajado como una negra toda mi vida, desde los 13 años”.
La cantante y actriz, efectivamente, ha tenido una vida intensa, que resumió en su biografía “Vivir es un placer”, que comenzó el 10 de marzo de 1928 en Campo de Criptana (Ciudad Real, centro de España) y que le llevó a los brazos de Miguel Mihura, Anthony Mann, León Felipe o Severo Ochoa.
Con la llegada del siglo XXI, su atípica familia con sus hijos adoptados Thais y Zeus, y su aspecto barroco la convirtieron en una diva de lo “kitsch” y en un icono de la comunidad homosexual.
