La infanta de 50 años Elena expresó su “inquietud” ante el distanciamiento ciudadano de las instituciones, su disgusto por algunas “situaciones incómodas” y su convicción de que ante la crisis, “es el momento de mirar adelante con decisión”.
En una entrevista, doña Elena valora que el rey les haya transmitido a ella y a sus hermanos “la cultura del esfuerzo” para que actúen “superando las dificultades”; recuerda que don Juan Carlos siempre ha demostrado una “enorme capacidad de superación”, y destaca de su madre que es “un ejemplo de saber hacer y estar”.
En el plano personal, afirma estar “bastante satisfecha” con la vida que lleva, ve a sus hijos como “unos chicos más de su generación” que “buscan sus propios límites”, cita el nacimiento de ambos y su boda entre los mejores momentos de su vida, y menciona como uno de los más difíciles la decisión de separarse y después divorciarse.
La hija mayor de los reyes prefiere no hablar del “caso Nóos”, ni del debate abierto sobre si el rey debería abdicar; tampoco se pronuncia sobre las propuestas de reforma de la Constitución para suprimir la preferencia del varón sobre la mujer en la línea sucesoria.
A doña Elena se le otorgó una función a principios de diciembre en la sede de la Fundación Mapfre, donde trabaja desde 2008 como directora de proyectos culturales y sociales.
La infanta tiene un pequeño, pero luminoso despacho, desde el que se ve la gran bandera nacional de la madrileña plaza de Colón y en cuya mesa y estanterías destacan fotografías y dibujos realizados por sus dos hijos, Felipe Juan Froilán y Victoria Federica. Su labor en la fundación se desarrolla en un ambiente de compañerismo, según destacan sus colaboradores, con los que celebra frecuentes reuniones de trabajo y comparte charlas informales en torno a la máquina de café.

