Específicamente, la transformación y cambio físico de la ciudad de Panamá, en las últimas décadas, refleja unas ruinas y en algunos aspectos pareciese que un movimiento sísmico la abatió.
Es cierto, sin ninguna duda, que nuestro centro urbano (la capital) sufre una decadencia acelerada. Atrás quedaron los tiempos en que el Órgano Ejecutivo plantaba árboles (La Exposición, Río Abajo) y se barrían las calles dos veces al día (hace aproximadamente 60 años).
Hoy día no hay quien recoja y retire los desechos diarios que producen los habitantes. Nunca he entendido cómo es que se aprueban los planos para construir urbanizaciones sin saber quién se va a encargar de las basuras que producen las mismas.
Irracionalmente piensan algunos que entre más hormigón se vacía en la ciudad hay más progreso. No hay ninguna ciudad de importancia en Europa que en sus centros se localicen pasos elevados para carros. Aquí en la ciudad de Panamá tenemos varios (ver foto).

Se nos dijo que con esas vías el tránsito se iba a mover mejor.
Esto último no ha sucedido y los que tomaron la decisión de construirlos no entendían que el correr del transporte a motor se mejora al crear, entre otras cosas, alamedas, bulevares y avenidas arboladas. Y dónde se ha visto que carreteras atraviesan las ciudades. Sobre esto último, siempre me opuse a que construyeran la carretera vía costanera (avenida Balboa, cinta costera).
Es más, inicié un debate público sobre la conveniencia de la misma. Esto fue por gusto porque –como vimos más tarde– sin saberlo la decisión de proceder ya estaba tomada.
Y para colmo, posteriormente, los medios de comunicación nos han mencionado sobrecostos en la realización de esta obra. Para muchos de nosotros que moramos en el distrito capital es como adquirir una neurosis. Cierto o no, lo que sí es una realidad es que la calidad de vida desmejora con el paso del tiempo.
Es un martirio conducir un carro particular o viajar en lo que llaman buses colectivos públicos. Un carro compite con el resto de estas máquinas y pareciese que existe una erosión destructiva de ellos sobre nuestras ciudades.
Las vías, que generalmente se inundan cuando llueve, se construyen para los automóviles, sin ninguna consideración o acomodo para los peatones, especialmente los niños.
Resalta, en la actualidad, el mal estado de ellas, con una proliferación de baches que nunca eliminan. Asombrosa es la multiplicación de los automóviles, en los últimos lustros, de todo tipo y clase, que ruedan por las calles y avenidas de la ciudad.
Y cada año su cantidad supera en cifras el anterior, con el agravante de que estos vehículos a motor prácticamente, transitan y recorren las mismas vías que existen desde hace 50 años. Como resultado, esta situación provoca insufribles conflictos de circulación.
Al dolor de cabeza que ocasiona el movilizarse en un vehículo a motor en la ciudad capital sume la falta de sitios para aparcar los carros.
En otro aspecto de este tema, se destaca la inhabilidad y la incapacidad de la dirección política de la ciudad (autoridades) para exigirles a los dueños de negocios que venden automóviles, y que cosechan pingües beneficios económicos, construir y pagar ámbitos para estacionar las máquinas que comercian. Tampoco la dirección política que acabo de mencionar edifica espacios de aparcamientos.
Durante años estos temas que comento como letanías los hemos señalado a través de escritos en forma de ensayos, libros, crónicas, con las intenciones de contribuir a que la calidad de vida en mi ciudad Panamá no empeore. Sin embargo, a veces pienso que el esfuerzo es en vano.
