En directo: Se reanuda la audiencia a Ricardo Martinelli, ante el juez Jerónimo Mejía Ver más

Blogoterapia Blogoterapia

27 feb ¿Arrancó la Cuarta Guerra Mundial?

Temas:

Putin entendió que para que Rusia prosperara es necesario intensificar las contradicciones del sistema internacional vigente.  Putin entendió que para que Rusia prosperara es necesario intensificar las contradicciones del sistema internacional vigente.
Putin entendió que para que Rusia prosperara es necesario intensificar las contradicciones del sistema internacional vigente. AFP

Hay historiadores que consideran que la Primera y Segunda Guerra Mundial ocurridas entre 1914 y 1945 en realidad fueron un conflicto entre Alemania y Estados Unidos, para determinar qué potencia remplazaría a Inglaterra como el poder dominante de la época. Estados Unidos las ganó las dos, sobre todo la Segunda, con mucho apoyo de la Unión Soviética.

En 1946, el tan de moda primer ministro británico Winston Churchill explicó al mundo en un famoso discurso en una universidad estadounidense, que había una cortina de hierro conformada por las fronteras de los países dominados por la Unión Soviética, y que esa era una nueva fuente de conflictos bélicos para la cual había que prepararse.

Es clave entender que el status quo internacional beneficia a Estados Unidos, y a más largo plazo a China.

Millones de millones de personas murieron en la guerra fría en los conflictos indirectos que Estados Unidos y la Unión Soviética tenían por todo el planeta: la guerra de Corea, Vietnam, Angola, Líbano, Nicaragua, Afganistán y otros muchos que representaban los movimientos de peones en el tablero de ajedrez geopolítico del mundo. El 13 de noviembre de 1989, se cayó el Muro de Berlín y se acabó la guerra fría. Al igual que con la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se portó con Rusia como un mal ganador, quizás su élite política quería ver en la ruina a su antiguo contrincante para dar una lección al mundo.

En Rusia las absurdas privatizaciones improvisadas llevaron directamente hacia la formación de una nueva oligarquía. La inestabilidad rusa terminó el 7 de mayo del año 2000, cuando Vladimir Putin tomó posesión como presidente de ese país. Todo el enfoque del gobierno de Putin ha sido fortalecer a Rusia como una potencia relevante.

Es clave entender que el status quo internacional beneficia a Estados Unidos, y a más largo plazo a China. Ese entorno internacional es desfavorable a Rusia. Aunque el país tiene alta tecnología en materia nuclear, energética y aeroespacial, su tecnología en materia de artículos de consumo o de uso cotidiano está muy lejos de ser la mejor. Putin entendió que para que Rusia prosperara es necesario intensificar las contradicciones del sistema internacional vigente. No es un accidente que los misiles de Corea del Norte tengan motores rusos, tampoco es accidental que el programa nuclear de Irán se hace con tecnología rusa. La inestabilidad política occidental ha sido exacerbada por los esfuerzos rusos de apoyar irónicamente a las ultra derechas y a las ultra izquierdas, según le convenga.

Un análisis de inteligencia europea registró que los operadores rusos fueron responsables del 50% de los mensajes digitales y cadenas en favor de la independencia catalana. Otro 20% provino de Venezuela. Rusia apoyó a LePen en Francia, al brexit en el Reino Unido y a la ultra derecha en Alemania. Por supuesto, el plato fuerte fue la victoria de Trump en Estados Unidos. Si el fiscal independiente que sigue el caso llega a desenmarañar toda la trama, posiblemente se le acabará la presidencia a Trump, pero el daño ya está hecho: Estados Unidos está dividido y con una profunda crisis presupuestaria que tomará décadas en resolver.

Estados Unidos queda debilitado para poder emprender alguna iniciativa científica de gran vuelo para mantener el liderazgo tecnológico de ese país. No hay forma de que Estados Unidos se mantenga como primera potencia del mundo sin el desarrollo de nueva tecnología que fortalezca su industria y su economía.

La nueva tecnología de ese país proviene de las empresas y sobre todo de las universidades, las cuales se alimentan en gran parte de talento asiático. Estos innovadores se están regresando cada vez más a sus países de origen. La crisis presupuestaria estadounidense ha reducido las becas y los aportes a la investigación civil. Menos talento significa menos innovación.

Al momento de escribir estas líneas, en Siria hay escaramuzas entre tropas rusas y fuerzas especiales estadounidenses. Los rusos pertenecen a las compañías militares privadas (CMP). Las CMP son un nombre bonito para esconder a los mercenarios del mundo actual. Estados Unidos es el país que más CMP tiene, pero otros países están imitando con mucho éxito ese modelo.

En la hegemonía financiera de Estados Unidos, Venezuela también peligra. No será cosa de meses o años, pero ya el proceso está en marcha.

Entendamos la lógica de las CMP. Si muere un soldado regular con uniforme y rango eso implica un entierro con música marcial, una bandera doblada que se le entrega a la familia, y mucha cobertura periodística contando la historia. Esto hace políticamente muy costoso las intervenciones militares en el extranjero. Sin embargo, con las CMP, si muere algún mercenario, simplemente se trata de un ciudadano particular que se enfrentó a un riesgo ocupacional. Es decir, es un asunto del departamento de recursos humanos de la empresa que lo contrató o de la agencia de inteligencia que lo financió. Tengo entendido que las indemnizaciones son muy buenas. Hay hasta panameños trabajando para las CMP en Yemen y de paso cometiendo atrocidades, ya que viven sin Dios y sin Ley.

En la hegemonía financiera de Estados Unidos, Venezuela también peligra. No será cosa de meses o años, pero ya el proceso está en marcha. La rebaja de impuestos impulsada por Trump busca atraer capitales y recuperar los fondos estadounidenses localizados en el extranjero. Las criptomonedas han empezado a canalizar mucho dinero que se convertiría en dólares pero que ahora es un registro contable digital intercambiable con cualquier otra moneda del mundo. Venezuela ya lanzó su criptomoneda y todo indica que el próximo 22 de abril Nicolás Maduro volverá a “ganar” las elecciones presidenciales. Mientras tanto, como Estados Unidos no “cree” que exista el cambio climático, su política energética favorece a los hidrocarburos. El aumento del precio del petróleo y del gas natural seguirá beneficiando a Rusia y a sus amigos.

¿De qué lado debe estar Panamá? Del de los panameños. La competencia entre los países del mundo estará vinculada cada vez más al conocimiento y a la investigación científica. Corea del Sur, Singapur, Israel e Irlanda son ejemplos de países que se mantienen a flote gracias a un poderoso esfuerzo de innovación. No importa el lado que triunfe, la Cuarta Guerra Mundial, si Panamá no tiene sus finanzas en orden, su aparato productivo alineado y su educación al mejor nivel posible, estamos condenados a tener un Canal obsoleto y una economía de ventajas espurias.

El Partido Comunista de China acaba de eliminar las restricciones a la reelección presidencial de su actual mandatario, Xi Jinping. Esto lo acaba de convertir en un dictador. La intelectualidad china tiene serios cuestionamientos sobre el modelo occidental de Estado de derecho y democracia. Ese es nuestro nuevo amigo, que quiere construir un tren bala y comprarnos todo lo que produzcamos.

Quizás para los historiadores del futuro, la Tercera y Cuarta Guerra Mundial serán entendidas como una competencia entre Estados Unidos y Rusia para determinar quién es el mejor socio para China.

Comentarios

Cerrar

La función de comentar está disponible solo para usuarios suscriptores. Lo invitamos a suscribirse y obtener todos los beneficios del Club La Prensa o, si ya es suscriptor, a ingresar.

Suscríbase gratis por 30 días Prueba
Adquiera un plan de suscripción Suscríbase
Cerrar

Por favor introduzca el apodo o nickname que desea que aparezca en sus comentarios:

Comentar 0 comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Corporación La Prensa, S.A.