La Universidad de Panamá está colapsando bajo su propio peso, bajo la implosión de su dictadura académica después de cinco periodos de gobierno, crece la irrelevancia de la universidad en los asuntos del país. Los intereses mezquinos de la casta gobernante de la universidad impidieron que se creara la universidad pedagógica nacional, en la sede de la Escuela Normal de Santiago, para iniciar el salto cualitativo que necesitaba el país en materia educativa.
El rosario de quejas es prácticamente ilimitado: los casos de los profesores Bernal, Turner, Archibold y Graciano Pereira, por una parte demuestran el clima de persecución académica y de hostilidad frente al pensamiento crítico. La jubilación forzosa de grandes luminarias de muchas de las facultades más importantes, y la pérdida de matrícula a manos de otras universidades y de institutos técnicos, revela que el emperador no tiene vestimentas, ya que algunas de las familias más pobres de este país prefieren sacrificarse económicamente enviando a sus hijos a universidades privadas, que matricularlos en nuestra Primera Casa de Estudios.
La casta administrativa que gerencia la decaída universidad pretende confundir a la opinión pública o auto engañarse, con supuestos argumentos de autonomía universitaria, incluso afirmando que la Corte Suprema está violando su autonomía al imponerle la restitución de varios académicos que han tenido que emprender largos y costosos litigios para recuperar sus cargos.
¿De donde sale el concepto de autonomía universitaria?
En Panamá, la autonomía universitaria es producto de una crisis histórica que vivió la Universidad de Panamá, cuando Arnulfo Arias Madrid en su primer gobierno, despidió a Octavio Méndez Pereira quien era rector de la universidad en ese momento. Posteriormente, otro rector, Felipe Juan Escobar sería despedido en 1943 por el presidente Ricardo Adolfo de la Guardia. Este último despido provocó una huelga universitaria, que se resolvió cuando se aprobó una ley que establecía la autonomía universitaria. Diógenes de la Rosa, como diputado constituyente por el partido socialista en el año 1945, consiguió introducir en la nueva constitución un artículo que reconocía la autonomía de la Universidad de Panamá, y su estatus de institución regente de la educación universitaria en Panamá.
La autonomía universitaria es el principal legado de la Reforma Universitaria de Córdoba, Argentina, en 1918. Irónicamente, los estudiantes que empujaron la Reforma Universitaria pidieron al gobierno argentino que interviniera a la Universidad de Córdoba para acabar con la arbitrariedad y terminar con la casta académica que asfixiaba el pensamiento crítico dentro del claustro universitario. Los reformistas pedían la libertad de cátedra para los profesores. También reclamaban la autonomía de la universidad, establecer su propio reglamento, sus planes de estudio, realizar su organización académica y administrar su patrimonio. En ningún momento pidieron o promovieron que la universidad estuviera por encima de la ley y de la Constitución. Exigieron que la universidad realizara investigaciones concernientes a los problemas del país y realizara labores de extensión para servirle a las comunidades que necesitaran de la presencia universitaria.
La autonomía universitaria en Panamá ha servido para justificar la mediocridad y la ilegalidad. En su afán de perpetuarse la dirigencia actual maneja a esta Institución como si se tratara de una sociedad anónima, donde los accionistas y beneficiarios son secretos. La autonomía universitaria en América Latina ha tenido ejemplos perversos de universidades corrompidas, pero también tiene ejemplos brillantes como el de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Esta institución con más de 342 mil estudiantes y un presupuesto que supera los 3 mil millones de dolares anuales, dedica 26% de estos recursos a la investigación. Su campus ha crecido hasta llegar a 700 hectáreas, de unas 200 que originalmente tenía, las que actualmente incluyen: bibliotecas con 5 millones de libros, museos y galerías, teatros y salas de concierto, una reserva ecológica y edificios tan monumentales, que en el 2007 fundamentaron que la UNAM fuera declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad. La UNAM es considerada la mejor universidad de Iberoamérica y entre sus ex-alumnos están los tres únicos premios nobel de México, astronautas y cineastas, y hasta Carlos Slim.
Según algunos datos estadísticos que esbozan autoridades de la Universidad de Panamá, casi 90% de sus estudiantes son tan pobres que deben escoger entre comer o asistir a la Universidad. De allí el criterio que “es una universidad de los pobres”, y que no tienen donde más acudir. Esto es demagogia pura. La matrícula en la UNAM cuesta 20 centavos de dólar, es decir menos de lo que cuesta un ejemplar del diario La Prensa o un pasaje en Metrobus. Su criterio no es ser la universidad de los pobres, si no es el de ser la mejor universidad, a la que quieran asistir todos, incluyendo ricos y pobres. Los pobres no tienen excusas o pretextos en la UNAM, lo que tienen es la mejor educación apoyo y respaldo de sus autoridades y profesores. Sin necesidad de vender su patrimonio de valiosas tierras, la UNAM ha ido creciendo y ganándose reconocimientos mundiales como el Premio Príncipe de Asturias. Para lograr esto no necesitó perpetuar en el poder a ningún rector si no por el contrario, se requirió el cambio periódico de sus autoridades y la revisión constante de su gestión y su visión académica.
La Universidad de Panamá cumple 80 años en este 2015. En esos 80 años GdP ha sido rector por casi 20 años, esto sin incluir los años que fue vicerrector académico en la década de 1970. En un lapso similar de tiempo, la universidad tuvo desde Edwin Fábrega hasta Carlos Iván Zúñiga, siete rectores. Durante un periodo equivalente al de los siete rectores, uno solo, Rector Magnífico, ha permanecido en la Colina. Esto es tan serio, que la gran mayoría de los estudiantes de primer ingreso de la Universidad de Panamá nacieron después de que él llegara a ser rector por primera vez. Si eso amerita más comentarios, los mismos no pueden ser positivos. La Universidad de Panamá ha dejado de ser la supuesta universidad para los pobres, para convertirse en una pobre universidad. Es una lástima que una gran parte de la generación actual de jóvenes no quieran asistir a la Universidad de Panamá y en su lugar prefieran estudiar en universidades de franquicias.
Con los estudios y mi título de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá, pude obtener una beca que me permitió ingresar y graduarme en la Universidad de Yale en Estados Unidos. Allí conocí varios profesores mexicanos que con sus títulos de la UNAM, igualmente tuvieron las puertas abiertas a lo más excelso del mundo académico.
Para los estudiantes extranjeros que estábamos en Yale, el lema Lux Et Veritas, Luz y Verdad, inscrito en el escudo de la universidad, era universal. Cualquier idea podía ser cuestionada, cualquier lección podía ser criticada. En cambio, tinieblas y mediocridad es lo que parece que se inscribirá en el estandarte de la Universidad de GdP, que hace 21 años dejó de ser la Universidad de Panamá.

