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05 dic Siempre es primavera en la Clínica Mayo

Rodrigo y su esposa Sonia junto al doctor Alfredo Quiñones-Hinojosa. Rodrigo y su esposa Sonia junto al doctor Alfredo Quiñones-Hinojosa.
Rodrigo y su esposa Sonia junto al doctor Alfredo Quiñones-Hinojosa.

Llevo conviviendo con un tumor pituitario por más de 10 años. Después de tres cirugías transesfenoidal (por la nariz), mis doctores panameños me recomendaron que buscara una opción fuera del país. Por años, mi esposa y yo habíamos hecho contactos con clínicas en Colombia, México, Japón, Francia y Florida. La respuesta usual era que lo que se haría en algunos de estos países, sería lo mismo que se haría en Panamá. Hace más de un año, una amiga estadounidense, Jill Wheeler, nos habló del doctor Alfredo Quiñones-Hinojosa.

Este neurocirujano de origen mexicano se graduó de medicina en la Universidad de Harvard y de neurocirugía en la Universidad de California, San Francisco. Hoy es considerado el mejor neurocirujano de Estados Unidos. Tiene a su nombre importantes reconocimientos por innovaciones quirúrgicas cerebrales y por sus valiosos estudios científicos sobre neurología. Quiñones es literalmente el autor del libro de neurocirugía más completo de Estados Unidos. No tenía idea de que la sugerencia de esta buena amiga iba a desencadenar todo un proceso que me llevaría a la Clínica Mayo en Jacksonville, Florida.

La Clínica Mayo es una institución sin fines de lucro, con más de cien años de existencia. Actualmente, tiene tres campus en Estados Unidos. El más grande está en Minnesota, y dos más pequeños, en Arizona y Florida. Quiñones y su equipo están en Florida.

La Clínica Mayo es el mejor modelo que he conocido de lo que debería ser la medicina humanizada. De verdad el paciente es el centro de todo lo que ellos hacen. Todo el mundo, desde los doctores, las enfermeras, los auxiliares y el personal administrativo tienen una actitud positiva, entusiasta y estimulan a los pacientes para que estén motivados para enfrentar sus tratamientos. No hay pregunta sin ser respondida, la comunicación es frecuente, y por todos los medios tratan de ser lo más abiertos y claros posible.

La experiencia de atenderse en la Mayo tiene una dimensión distinta a la que se puede vivenciar en un típico hospital. Por los pasillos de la clínica se pasean hermosos perros con sus amos, debidamente certificados para que los pacientes jueguen con ellos y sean parte de sus terapias. El hospital tiene una zona de meditación, una capilla y amplias zonas verdes para caminar y despejarse. El estacionamiento bajo techo tiene un costo de 5 dólares por todo el día, mientras que el que está al aire libre no tiene costo. El campus hospitalario cuenta con 2 hoteles y otras facilidades residenciales para aquellos que venimos de lejos. El hotel donde nos hemos hospedado está conectado con la parte interna del centro médico, lo que permite movilizarse con mucha facilidad. Para el desplazamiento externo existe el servicio de autobuses que lleva a pacientes y empleados por todo el campus. Mientras voy recorriendo el área, pienso si esto no fue lo que debió ser nuestra ciudad hospitalaria.

Las dimensiones de la Clínica Mayo son humanas, la escala de todo y el diseño de las infraestructuras toman en cuenta todos los aspectos necesarios de las personas que allí trabajan y que allí se atienden. En el cuarto de cuidados intensivos mi esposa contaba con una cama que le permitía hacerme compañía todo el tiempo, a diferencia de las salas de cuidados intensivos de Panamá. La temperatura era sumamente agradable, en contraste con los congeladores que tienen la mayoría de los hospitales, y estando en la unidad de cuidados intensivos, además de mi esposa, recibí la visita de familiares y amistades todo el tiempo como parte del esquema de recuperación del paciente.

El día de la cirugía cerebral tuve que despertarme a las 3:30 a.m., tomar agua, hacer toda la rutina de aseo personal ordenada por los médicos y trasladarme a la clínica para entrar a las 5:30 a.m. a preparación. Un pelotón de enfermeras y auxiliares se fue presentando una a una, y preguntando para validar si yo sabía la razón de mi presencia en este lugar. Esto lo repetí no menos de nueve veces. El doctor Quiñones llegó y después de una breve plática caracterizada por su buen humor y humildad, escribió sus iniciales sobre el lado derecho de mi frente indicando que por allí sería el punto de la cirugía. Esta marca demoró tanto por borrarse, que para mi sonaba algo así, como “ doctor Quiñones was here”. A pesar de que en la Clínica Mayo había muchísimo personal que habla español, incluyendo al propio doctor Quiñones, mi esposa y yo recibimos un gran regalo de amistad y solidaridad con la compañía de un intérprete de la Oficina de Servicios Internacionales de la clínica, sin costo alguno, David Escobar, quien nos acompañó desde las madrugadas hasta las noches, aclarando todas las dudas y facilitando la comunicación y el contacto con los doctores.

¿Cómo es Alfredo Quiñones Hinojoza? Sería de esperar que un neurocirujano tan prestigioso con más de 3 mil cirugías en su haber, 7 libros publicados y una película en desarrollo sobre su vida, producida por Disney, fuese un ser distante. Todo lo contrario. El “Doctor Q” como se le conoce popularmente, es una persona sumamente humilde, cálida, sensible y jocosa. Su presencia cautiva y llena de energía positiva. Quisimos darle las gracias por adelantado por sus atenciones y le llevamos una bolsita de café geisha y un sombrero Panamá. Estos obsequios lo conmovieron, al tiempo que nos relató que de niño era tan pobre que no recibía regalos, por lo que cuando de adulto recibía un presente debía abrirlo de inmediato, y así salió del consultorio con el sombrero puesto luego de sacarnos con su celular la foto que acompaña este relato.

La filosofía que anima el sistema de funcionamiento de la Clínica Mayo es sorprendente. Los doctores tienen un salario fijo. No reciben comisiones por exámenes, cirugías ni tratamientos. Es decir, no hay un incentivo para inventarse procedimientos innecesarios. Ni por atender más pacientes de lo debido. En todas las citas con los médicos nunca encontré uno que estuviera chateando o atendiendo otra cosa distinta que no fuera mi caso. El equipo médico está dedicado exclusivamente al sistema de la Clínica Mayo y no saltan de hospital en hospital. Las citas son puntuales, el día y la hora que te corresponden, las cuales atiendes con una guía de preparación que te han enviado previamente.

La Clínica Mayo es una pionera en numerosas prácticas. Por ejemplo, hace un siglo, la Clínica Mayo inventó el expediente de historial médico que se ha universalizado como la base de la atención clínica. Hoy en día, la Mayo usa expedientes electrónicos, por lo que todos los doctores tienen en tiempo real la misma información y todos los laboratorios, exámenes y atenciones están registradas en el expediente. Esta es una de las grandes diferencias con la medicina panameña. Aunque la gran mayoría de los aparatos en la Mayo se encuentran en algunos hospitales en Panamá, con un par de excepciones, es obvio que la diferencia la hace el trato humanizado y el compromiso a una sola institución que tienen los doctores. Le puse el nombre de la “abrazoterapia”, ya que después de cada visita o gestión, mi esposa y yo terminábamos recibiendo un abrazo.

Hace un siglo, la Clínica Mayo inventó el expediente de historial médico que se ha universalizado.

En Panamá tenemos grandes doctores. Puedo atestiguar la excelencia médica, científica y humana de la otorrino Sabrina Zapata, al igual que del neurocirujano Ricardo Bermúdez, y de la endocrinóloga Ana Elena Espinosa. La lista de otros doctores se me haría larguísima, pero estoy seguro de que abundan ejemplos de valiosos doctores panameños que igualan o superan los niveles profesionales de la Clínica Mayo. Sin embargo, no tenemos la institución que los pueda acoger. No me parece justo que los servidores públicos mejor pagados del Estado panameño sean los pilotos del Canal, mientras que los valiosos médicos que salvan vidas y que debieron cursar en promedio 12 años o más de estudios universitarios y práctica profesional para ser especialistas, tengan topes salariales que no corresponden a su talento. Me parece infame que los doctores tengan que saltar del hospital público o de la Caja de Seguro Social para atender pacientes en múltiples clínicas privadas. Panamá debería tener un hospital de excelencia con un importante componente de investigación y docencia que ennoblezca al país y le dé las oportunidades al talento de sus mejores profesionales en el sector salud.

En la Clínica Mayo hay periódicamente conferencias científicas abiertas al público. Esta institución está continuamente desarrollando investigaciones para aumentar el acervo médico y resolver los enigmas de la salud. Uno de los neurocirujanos parte del equipo médico, el doctor Tito Vivas-Buitrago, procedente de Colombia, me contó que la razón por la que había ido a la Clínica Mayo para especializarse era el fuerte compromiso de esta institución con la investigación. El día antes de mi operación me reuní con una investigadora para darle el consentimiento informado para poder investigar en detalles el tumor pituitario. Hablamos sobre líneas de investigación que estaban en curso. En Panamá nunca pudimos conseguir que se hiciera un análisis en profundidad del tema, porque a pesar de haber pagado por adelantado a un patólogo, recibimos por respuesta que el laboratorio privado no tenía el reactivo y que traerlo era muy costoso. Realmente, el sistema de salud le da la espalda a la investigación, y salvo lo que hace el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud y el Indicasat, no se hace investigación biomédica, dejando muchos vacíos que servirían para la prevención y el tratamiento de los padecimientos de los panameños. ¿Por qué no imaginar al Alfredo Quiñones panameño inventando la cura o un nuevo tratamiento contra los tumores cerebrales de los que hasta donde conocemos hay demasiados casos en Panamá?

El problema de salud de Panamá no es la falta de dinero, sino la ausencia de planificación.

La experiencia en Jacksonville ha sido sumamente intensa. Los especialistas de la Clínica Mayo están muy abiertos a la medicina integrativa, que abarca la meditación, la hipnoterapia, la acupuntura, la tuina, los masajes terapéuticos y otras vías naturales u holísticas, siempre que el paciente se sienta cómodo con estos. “Por casualidad” conocimos una enfermera hondureña sobreviviente del cáncer cérvico-uterino que había sido curada por su profunda espiritualidad y ahora era parte de un estudio científico para aprender de esa experiencia.

Mi experiencia con el doctor Quiñones y su equipo multinacional fue como escalar el Monte Everest. Recuerdo haberle escrito a Quiñones un día a las 8:00 p.m. y haber recibido su respuesta al día siguiente a las 4:00 a.m. Esa es la gran diferencia, liberar a los médicos para que sean cirujanos del cuerpo, la mente y el alma. Eso aprendí y eso viví en la Clínica Mayo. Quisiera que más panameños tuvieran la oportunidad de esta calidad de atención médica. Nuestro país asigna más de 2 mil millones de dólares de nuestros impuestos al sector salud; tengo la fantasía de en un futuro no tan lejano podamos como país asignar 1% de ese presupuesto para atender todos estos casos dramáticos de panameños enfrentados a estas situaciones críticas en instituciones como la Clínica Mayo. Igualmente debemos dedicar fondos para formar a nuestros médicos, enfermeras, auxiliares y administradores en la fórmula de instituciones como la Mayo. El problema de salud de Panamá no es la falta de dinero, sino la ausencia de planificación y priorización efectiva que beneficien a pacientes y a personal de salud por igual.

Debo reconocer públicamente que mi tratamiento en la Mayo fue el resultado del apoyo incondicional de las gestiones de la Compañía de Seguros Palig, de UnityDucruet y el respaldo de La Prensa. Estoy eternamente agradecido con ellos y con mis familiares y amigos que también auspiciaron esta aventura médica, tanto en Panamá como en Jacksonville.

Un cariño especial a nuestro nuevo amigo Tito Martínez, un maravilloso niño de 11 años, de madre panameña, que compartió su casa y su inspiradora historia de vida y alma de cineasta con Sonia y conmigo. Espero que algún día lea esto y se cumpla su sueño de ser cineasta.

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