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06 feb El Valle de San Isidro o la parábola del subdesarrollo

Más cemento y megaproyectos como los mencionados anteriormente significa que San Isidro seguirá sin agua y con mucha basura. Más cemento y megaproyectos como los mencionados anteriormente significa que San Isidro seguirá sin agua y con mucha basura.
Más cemento y megaproyectos como los mencionados anteriormente significa que San Isidro seguirá sin agua y con mucha basura. LA PRENSA/Archivo

En las afueras de la ciudad de Panamá existe una comunidad denominada El Valle de San Isidro, justo en el franco izquierdo de la carretera Transístmica. San Isidro parece muy afortunada, ya que cuenta con la última estación de la línea 1 del Metro. Este megaproyecto de infraestructura le devolvió en promedio tres horas diarias a los residentes de esta comunidad debido a que se eliminaron los múltiples trasbordos o reduciéndolos a un mínimo; por ejemplo, de cinco trasbordos a tres. En términos concretos se puede afirmar que la población de San Isidro mejoró su calidad de vida.

San Isidro también es una comunidad en la que el agua potable suministrada por el Idaan llega solo dos días a la semana, y en el caso de los residentes en las zonas más altas debe contar con el apoyo de sus vecinos e invertir sus pocos ingresos en bombas para suministrar algo de agua a sus hogares.

La basura es recolectada una vez a la semana, la que se pueda, ya que siempre queda mucha en las calles de la zona después de la recolección. Decir calles es reconocer que no existen aceras. La escuela de la comunidad, Santiago de la Guardia, está semicerrada. Los niños deben estudiar por módulos, a esperas de que algún día se den las reparaciones de su colegio.

Una importante cantidad de viviendas depende de letrinas “servicios de hueco” como dice la gente que ahí vive, y aunque fueron de los primeros que se iban a beneficiar con “100/0”, el programa de sustitución de letrinas por servicios sanitarios, el contratista instaló equivocadamente las tuberías, y muchos se quedaron sin sus letrinas y todavía no tienen los ansiados servicios sanitarios. A pesar de esto, El Valle de San Isidro es una parada de la línea del Metro de Panamá.

En su discurso del 2 de enero de este año, el presiente Juan Carlos Varela reconoció que el modelo económico de Panamá dependía de megaproyectos de infraestructura. En otras palabras, por múltiples razones culturales y políticas, estamos adictos al concreto. En los últimos 14 años el Estado (es decir todos nosotros) ha invertido: mil millones de dólares en correderos Norte y Sur, mil quinientos millones en la ampliación del Aeropuerto Internacional de Tocumen, mil millones en cintas costeras, 4 mil millones en las líneas 1 y 2 del Metro, otros mil millones en el saneamiento de la bahía de Panamá, 300 millones de la autopista Panamá-Colón, 500 millones en la rehabilitación urbana de Colón, más de mil millones en hospitales y centros de salud, e invertirá mil millones más en el cuarto puente por el Canal y 2 mil millones más en la línea 3 del Metro.

El desbalance de inversiones públicas frente a la calidad de los servicios es brutal.

Además, está la ampliación del Canal por 6 mil millones, y seguimos contando, porque no se sabe el precio final por los litigios existentes, el tercer puente por el Canal que está en el Caribe por unos 600 millones de dólares, y dos líneas de interconexión eléctrica, la línea 3 en el Pacífico por 300 millones de dólares, y la línea 4 por el caribe que se anunció que será licitada a mediados de este año por unos 500 millones de dólares.

Adicionalmente, está la ampliación de la carretera David-Santiago por otros mil millones de dólares, y unos 2 mil millones en proyectos de carretera que incluye la horrible ampliación de la carretera Panamericana a la altura de Arraiján, la reparación de la carretera entre Agua Fría y Yaviza en Darién (la cual no tiene aceras ni hombros), el corredor de las playas y la cinta norteña, y unos 500 millones en construcción de potabilizadora, sobre todo en el área metropolitana. Es decir, pasamos casi de 24 mil millones (de los proyectos que recuerdo) en cementos, piedra, varillas y mano de obra.

El desbalance de inversiones públicas frente a la calidad de los servicios es brutal. La historia de San Isidro se repite en todo el país. El agua es la necesidad básica de todas las comunidades y la hemos postergado. El sector agropecuario necesita urgentemente de un plan nacional de riego, uno de mejoramiento de las técnicas de producción y otro para promover la producción de alto valor agregado. Nuestra educación da asco. Los gremios y los burócratas la han secuestrado y es una verdadera lástima, que año tras año seguimos insistiendo en tirar plata a una organización que es el Ministerio de Educación que no funciona.

Hay 459 escuelas que como la Santiago de la Guardia necesitan mantenimiento crítico. Panamá está sumamente rezagada en innovación e investigación científica. Chile y Costa Rica nos dan lecciones en las decenas de miles de empleo que se pueden generar con procesos de innovación empresarial. El panorama parece sumamente desalentador porque los políticos, esos bichos por los que votamos cada 5 años, están salivando por dos nuevos megaproyectos: el tren bala Panamá-David y el cuarto juego de esclusas para el Canal de Panamá. Ninguno de estos proyectos son donaciones, y la rentabilidad de los mismos es sumamente dudosa.

Por un lado, a China le interesa desarrollar todas las redes logísticas que le favorezcan, sobre todo si las pagan otros. El tren bala es la carnada para que Panamá se endeude (4 mil a 6 mil millones de dólares) para el verdadero interés de la ruta de seda que es el ferrocarril de carga hasta Paso Canoas.

Por otra parte, el cuarto juego de esclusas ya tiene sus estudios preliminares andando.

Para disimular burocráticamente el rejuego, el Ministerio de Ambiente “contrató” a la Autoridad del Canal de Panamá para que estudiara las cuencas del río Bayano, Santa María y el río Indio para analizar la viabilidad de “embalses de propósitos múltiples”. Es decir, represas. Con toda la cuenca del río Indio los consultores están encuestando a la población y midiendo terrenos. Supuestamente la loable intención es darle agua a Panamá Oeste, y posiblemente a una parte de Coclé, a cambio de construir una represa en el río Indio que garantice el agua para el cuarto juego de esclusas. Los empresarios y sus socios que financian a los partidos políticos en Panamá descubrieron el gran negocio que es conseguir que el Canal se endeude en megaproyectos.

En los últimos dos periodos presidenciales, es decir, que desde el 2009 hasta la actualidad no se ha atendido el fondo de invalidez, vejes y muerte de la Caja de Seguro Social.

La Autoridad del Canal de Panamá no ha hecho el ejercicio de análisis de las lecciones aprendidas de la ampliación para reconocer públicamente los errores de planificación, las insuficiencias de diseño y las falencias en la licitación y contratación de las obras.

Humildemente, propongo que para el periodo 2019-2024 haya una moratoria de megaproyectos, que después de la línea 3 del Metro, el país no siga cometiendo el absurdo de exportar nuestros impuestos a contratistas brasileños, españoles, chinos, ingleses, mexicanos o colombianos e incluso ticos, ya que esto nos está descapitalizando y están generando tremendas distorsiones en el empleo y la formación de empresas en Panamá. La gente no quiere hacer un negocio para innovar, sino ganarse una licitación pública para llenarse los bolsillos con obras mal hechas y peor mantenidas.

En los últimos dos periodos presidenciales, es decir, que desde 2009 hasta la actualidad no se ha atendido el fondo de invalides, vejes y muerte de la Caja de Seguro Social. Ni siquiera sabemos el tamaño del hueco económico, porque el gobierno del presidente Varela se ha negado a realizar las respectivas auditorías que nos revelarían lo enfermo que está el paciente.

La deuda del gobierno central superó los 23 mil millones de dólares el año pasado, y el pago del servicio a capitales e intereses fue de unos 2 mil 600 millones de dólares. Si se licitan la línea 3 del Metro, el cuarto puente, la cuarta línea de interconexión eléctrica por el Caribe, todos estos proyectos sumarían a la deuda pública panameña. Muy probablemente para el año 2021 el servicio de la deuda supere 3 mil millones de dólares al año. En 1983 toda nuestra deuda pública era de 3 mil millones.

Los temas fundamentales de este país son el agua, la educación, la justicia, la agricultura y la innovación científica y tecnológica que debemos realizar para ser un país competitivo con desarrollo sostenible. Las inversiones en logística no están generando empleo, porque ese negocio está sumamente concentrado y además requiere de mucha tecnología.

Otro ejemplo es el sector energético, en el que estamos muy atrasados apostándole al carbón y gas natural. En toda la península de Azuero ya se ven los pequeños proyectos solares que anuncian el futuro. La empresa Provivienda está construyendo un proyecto en Vacamonte de 350 casas con energía solar. Mientras que pequeños grupos de científicos panameños y creadores culturales están gestionando iniciativas con muy pocos fondos que deberían indicarnos el camino a seguir.

El Estado panameño decide subsidiar la minería metálica a cielo abierto, regalándole la cuarta línea de interconexión eléctrica (500 millones de dólares) y beneficiándolos con el puente sobre el canal en Colón. La población de la costa abajo es de unos 18 mil habitantes, lo que significa que esa inversión de mil 100 millones de dólares en infraestructura equivale a más de 55 mil dólares por persona. Pero esta inversión no es para ellos, sino para la minería. Se supone que la minera pagará 2% de regalías de lo que obtenga por su actividad en esa zona.

Solo para pagar los mil 100 millones de inversión pública, la minera debería extraer 55 mil millones en cobres, para que ese 2% pagara lo que el país ha empezado a invertir en ellos.

Lamentablemente, todavía hay más inversiones públicas destinadas a tirarles la toalla. ¿Quién gana más con la minería?

Más cemento y megaproyectos como los mencionados anteriormente significa que San Isidro seguirá sin agua y con mucha basura. Su escuela permanecerá a punto de colapsar. Los panameños debemos reflexionar sobre esta realidad que se parece mucho a la del resto de América Latina. En este sentido, la frase más inteligente que he escuchado en mucho tiempo la dijo el futurólogo estadounidense Alec Ross, que al referirse a estos temas reconoció que “El talento está en todas partes, pero la oportunidad no”. A consecuencia de los megaproyectos estamos perdiendo nuestro talento y acabando con las oportunidades.

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