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17 ago Se lo echaron y todos perdimos

A Martiz no le ayudó el momento político del país ni el colapso de hospitales claves, como el San Miguel Arcángel de San Miguelito. A Martiz no le ayudó el momento político del país ni el colapso de hospitales claves, como el San Miguel Arcángel de San Miguelito.
A Martiz no le ayudó el momento político del país ni el colapso de hospitales claves, como el San Miguel Arcángel de San Miguelito. LA PRENSA/Archivo

El doctor Alfredo Martiz renunció este jueves 16 de agosto a la dirección general de la Caja de Seguro Social (CSS). Martiz fue el primer médico en convertirse en cabeza de la CSS en la época democrática. No es un accidente entonces, que su gestión haya sido controvertida y cargada de denuncias.

Martiz heredó una CSS sin estados financieros actualizados sobre su programa más importante, el Programa de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM). El gobierno de Juan Carlos Varela tampoco tenía el apetito para pagar el costo político de tomar las medidas heroicas necesarias para salvar al fondo IVM y le dejó esa mochila a los próximos gobiernos.

Como médico y exdirector de un hospital privado, Martiz tenía claro que los servicios médicos de la CSS estaban secuestrados por gremios caníbales y proveedores despiadados, a los que no les importa más nada que las exageradas ganancias vinculadas a los precios más altos de medicamentos, probablemente pagados en toda América Latina. Tampoco parecía que aquí existiera la voluntad política o compromiso interno de resolver el problema.

La reconocida ineficiencia administrativa de la CSS es producto de una burocracia que no admite correctivos y frente a la cual, la legislación y los padrinos políticos tenían estrangulada toda esperanza de poner la casa en orden.

A Martiz no le ayudó el momento político del país ni el colapso de hospitales claves, como el San Miguel Arcángel y el Irma Tzanetatos. La frustración fue evidente frente a la crisis de la sala de neonatología y los servicios de hematología, que entre otros paralizaron las quimioterapias. En comparación con el hospital Santo Tomás, el Hospital del Niño y el Instituto Oncológico Nacional que son capaces de atender a sus pacientes, las unidades de servicios médicos de la CSS están atoradas en los cuartos de urgencia y en la indiferencia de su personal.

Martiz no hizo amigos en la CSS y coleccionó muchos enemigos. Su mandato demostró que la institución no puede depender de la buena voluntad, carisma o simpatía de un director general. La CSS necesita con urgencia una intervención radical. De las cenizas de la CSS deben nacer dos instituciones separadas, una de servicio médico fusionada con el Ministerio de Salud y la otra una administradora de pensiones que maneje de forma independiente y autónoma sus recursos.

La CSS no puede ser tratada como una institución más, en la cual el control previo y posterior de la Contraloría General de la República retrasa el proceso de compras, ni tampoco puede aguantar la terrible composición de una junta directiva de dinosaurios, y más de 30 mil colaboradores sin compromiso ni una carrera administrativa verdaderamente funcional.

La situación de la CSS no puede ser excusa para una privatización entre gallos y medianoche. Es un momento triste para la administración pública panameña y un punto de inflexión para la seguridad social. La CSS no puede seguir con más de lo mismo.

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