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06 nov Las elecciones del fin del mundo

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Casa Blanca. Casa Blanca.
Casa Blanca. AP

El balance del poder legislativo federal de Estados Unidos está por definirse, al igual que más de una treintena de gobernaciones estatales y numerosos cargos de importancia, como resultado de las elecciones del martes 6 de noviembre y definirá la dirección política que tomará este país en los próximos dos años.

Como nunca antes, un presidente en ejercicio, en este caso Donald Trump, se ha dedicado por completo en las últimas semanas a realizar una campaña en favor de los candidatos republicanos de aquellos estados que necesita para mantener al menos uno de los dos cuerpos legislativos de este país para terminar su mandato.

En su recorrido el incansable Trump ha hecho uso de cuanta triquiñuela que haya estado a su disposición como también todo medio para atemorizar a los votantes. 

Según Trump, miles de centroamericanos invadirán la frontera sur de Estados Unidos, a la vez que los demócratas “radicales de izquierda” buscan quitarle las armas al sufrido e indefenso pueblo estadounidense.  

Esos mismos demócratas quieren subir los impuestos y aumentar las regulaciones empresariales que alejan a la inversión privada, según el presidente Trump.

Nada menciona el mandatario sobre los arbitrarios aranceles a China, su amenaza de retirar a Estados Unidos de la Organización Mundial del Comercio, así como lo hizo de los Acuerdos de París contra el Cambio Climático. 

Tampoco le recuerda al votante que está en trámite la ruptura de los Acuerdos de Control de Armas Nucleares firmados por el santo patrono de los Republicanos, Ronald Reagan. 

Sin estos acuerdos, Estados Unidos, Rusia y seguramente China entrarán en una carrera armamentista que solo puede hacer feliz a la industria militar estadounidense.

Los especialistas en el rompe cabezas electoral de las elecciones de medio término del 2018 sugieren que aunque hay un amplio rechazo hacia las políticas de Trump y aumenta el disgusto ciudadano contra sus discursos y proclamas, los demócratas podrían conseguir el dominio de la Cámara Baja del Congreso de Estados Unidos, a la vez, que se daría el fenómeno de que los republicanos aumenten la cantidad de senadores en la Cámara Alta. 

Esto en la practica significaría que las investigaciones contra Trump y su gobierno tendrían ahora un fuerte aliado en el poder legislativo, pero los demócratas no tendrían las mayorías necesarias para poder juzgar y condenar al presidente. 

Además, se espera que Trump despida al procurador general de los Estados Unidos, Jeff Sessions, después de las elecciones, y que concluya con la investigación independiente que le hace el Departamento de Justicia sobre la intervención rusa en la campaña del  2016.

Paralelo a este drama federal, hay un puñado de competencias estatales que podrán definir un futuro electoral más favorable para los demócratas en el año 2020.

Estados como Florida y Georgia enfrentan una seria posibilidad de cambio de partido en las gobernaturas, las cuales son ocupados por republicanos en ambos casos.

Los gobernadores estadounidenses son figuras claves para delimitar los circuitos electorales de sus respectivos Estados para las siguientes elecciones federales. 

Es decir, que quien gane una gobernatura en Florida o Georgia puede inclinar la balanza de las elecciones presidenciales del 2020.  

En Georgia, por ejemplo, una afroestadounidense de nombre Stacey Abrams puede convertirse en la primera mujer de raza negra en ser gobernadora de algún Estado de los Estados Unidos.  

Aunque Barak Obama, Oprah Winfrey y medio Hollywood le ayudan en la campaña, los republicanos siguen purgando los padrones electorales de nombres de electores que en su mayoría indicaría que son afroestadounindense.

Por otro lado, en Florida, el senador demócrata Bill Nelson lleva adelante una intensa campaña para mantenerse en el cargo que le quiere arrancar el actual gobernador republicano Rick Scott.  

Para cualquiera que esté de visita en Florida podrá ver en la televisión, escuchar en la radio o leer en los periódicos locales cualquier cantidad de escándalos tantos financieros o de negocios que Rick Scott ha tenido en su carrera empresarial y política.  

Scott dirigía una empresa de seguros que defraudó al gobierno por miles de millones de dólares. 

Según la campaña del senador Nelson, Scott ha sido un asesor de alto perfil de los esfuerzos republicanos de desmantelar la ley de atención médica denominada Obama Care. 

El espacio dejado por Scott como gobernador enfrenta a los dos partidos por la gobernación de Florida.  

Recordemos que este Estado le dio la presidencia a George Bush en el año 2000 y a Donald Trump en el 2016. 

De perder los republicanos esta gobernación se le amplía el panorama a quien sea que a partir del miércoles 7 de noviembre decida competir por el Partido Democrática como aspirante presidencial para el año 2020.   

Estas propagandas contra candidatos de ambos partidos con nombres, apellidos y su historial personal y profesional, dejan tachuela al esfuerzo de la sociedad civil del “NO A LA REELECCIÓN”.

Al cierre del domingo, unos 34 millones de votantes habían ejercido de forma adelantada su sufragio.  

Esta cantidad es un récord histórico para cualquiera elección de Estados Unidos, excepto para la que llevó a Barak Obama a la Casa Blanca en el año 2008. 

Si esos votantes son mileniales, afroestadounidenses, hispanos y mujeres se podría repetir un fenómeno histórico que pondría fin a la agenda de terror y de improvisación en curso. 

Hay tanto entusiasmo por estas elecciones, que amigos y familiares se organizan para asegurarse que su círculo cercano acuda a votar. 

Pase lo que pase, para la próxima contienda electoral presidencial de Estados Unidos, se mencionan como posibles precandidatos al exvicepresidente Joe Biden, a la empresaria Oprah Winfrey y a la senadora de Massachusetts Elizabeth Warren, a quien Trump denomina despectivamente como “Pocahontas”.  

De los resultados de esta semana sabremos finalmente si el pueblo estadounidense le puso el freno a la política de la división, los discursos racistas y al desmantelamiento del orden público internacional fundamentado en reglas claras y transparentes para todos los actores.

De lo contrario, la segunda mitad del gobierno de Trump será una secuela peor que las de cualquier mala película de terror.

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