El próximo lunes 2 de noviembre será el primer día de trabajo de la recién ratificada magistrada de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Amy Coney Barrett, quien a sus 48 años se convierte en la más joven de los 9 miembros de ese tribunal. Su designación es vitalicia lo que significa que por los próximos 40 años, la joven académica podría decidir sobre casos judiciales y cuestiones políticas de alto calibre, con repercusiones dentro de los Estados Unidos, y en el resto del mundo, lo que incluye a Panamá.
Con el nombramiento y ratificación de la nueva magistrada Amy Coney Barrett, se vuelve a completar el Pleno del máximo tribunal constitucional estadounidense. La importancia coyuntural de esta acción de la administración Trump, es que fortalece el dominio conservador sobre la Corte, y ofrece la posibilidad de cambios trascendentales en la jurisprudencia de los Estados Unidos.
Una Corte original
El concepto de un tribunal supremo que serviría de árbitro entre los otros poderes políticos, y decidiría con carácter definitivo las controversias legales entre particulares, y de estos con el Estado, es el producto del enciclopedismo francés, y el concepto de pesos y contrapesos de esbozado por Charles-Louis de Secondat, barón de Montesquieu (1689 a 1755).
Aunque ya existían tribunales muy respetados en Europa, la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos es la primera en el mundo, que como tal fue establecida en la Asamblea Constituyente de 1787 en dicho país. La Corte Suprema nació con 6 jueces, que por el crecimiento de la población aumentó progresivamente a 7, luego a 9, alcanzando la cifra de 10 en 1863, regresando a nueve en 1869, número de miembros que mantiene en la actualidad.
Todos los casos decididos por la Corte Suprema de Estados Unidos pueden sentar precedentes a nivel mundial, su decisión más importante fue el caso Marbury vs Madison de 1803. En esa decisión la Corte declaró inconstitucional, parte de la legislación procesal que regía a la propia Corte, decisión cuyo efecto más importante fue que la Corte estableció el principio de revisión judicial de los actos de los órganos del Estado. Este principio es uno de los fundamentos de todos los Estados de derecho del mundo.
Ese no ha sido el único caso determinante para la vida cotidiana y de los ciudadanos de una sociedad libre. Por ejemplo, en el caso Miranda vs Arizona (1966), la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos estableció el principio de que toda persona detenida o sospechosa de haber cometido un delito, debía ser informada de sus derechos. Aunque parece una parte trillada de las películas y series policiales, la decisión Miranda inspira nuestro Código Procesal Penal, al igual que gran parte de la justicia penal de los países democráticos.
Una jurisprudencia para el mundo
La Corte Suprema de Justicia decide grandes conflictos comerciales, de propiedad intelectual, bancarios, de responsabilidad civil y de múltiples temas, que nuestros tribunales desconocen o no han enfrentado en su vasta experiencia. El impacto de las decisiones de la Corte Suprema de los Estados Unidos es mucho mayor de lo que se piensa, porque define los patrones y criterios de responsabilidad legal que tendrían que seguir empresas multinacionales, o industrias enteras, lo que terminará siendo de alguna forma la norma aplicable para Panamá. En toda una gama de industrias o actividades económicas emergentes, la Corte Suprema ha definido el estándar que sigue el mundo.
Por ejemplo en el caso New York Times vs Sullivan, de 1964, se definieron los criterios bajo los cuales existe responsabilidad por calumnia o injuria, cuando se trata de asuntos públicos o servidores del Estado. El criterio fijado por la Corte fue que debe probarse la existencia de malicia, es decir, la intención de hacer daño o la negligencia extrema que causa daño. Este es el principio dominante de la responsabilidad civil por infracciones al honor de las personas, y se aplica en todo el mundo democrático.
Con la llegada de Amy Coney Barrett, los republicanos cumplen su aspiración y el dominio absoluto del tribunal supremo. Los 6 votos conservadores aplastarán la opinión minoritaria de los 3 liberales. Esta es la Corte Suprema más conservadora que ha tenido los Estados Unidos en más de 90 años. A esta Corte le corresponderá definir temas como los principios de los seguros de salud, las reglas de privacidad y confidencialidad de la comunicación por internet, la regulación de la clonación y las manipulaciones genéticas, los poderes regulatorios del Estado para enfrentar el cambio climático, y por supuesto la normativa de aborto y de derechos igualitarios en los Estados Unidos.
Muchas de estas decisiones van a tener una huella gigantesca sobre nuestro país. Todo parece indicar que gran parte de la sociedad estadounidense ya resiente ese dominio conservador sobre la Corte. El candidato presidencial del partido demócrata Joe Biden ya expresó que conformará una comisión bipartita para revisar las designaciones judiciales. Esto huele a lo que en Estados Unidos se llama “Court Packing”, lo que significa aumentar el número de magistrados en la Corte. En 1870 Estados Unidos tenía una población total de 38,925,598 habitantes, la gran mayoría de los cuales pasaba su vida sin conocer la cara de un juez. Hoy ese país tiene 327,352,000 habitantes, sus cortes y tribunales de todas las jurisdicciones gestionan millones de litigios, y siguen con la misma Corte Suprema de 9 miembros.
En comparación , la Corte Suprema de México tiene 11 miembros, la de Alemania 16 y la de Chile cuenta con 21 magistrados. La diferencia fundamental es que en los países mencionados los magistrados reciben los casos que llegan al tribunal supremo. Cada año, la Corte Suprema de los Estados Unidos recibe hasta 10 mil solicitudes para que conozcan casos específicos, sin embargo, el número máximo que acoge es de 90.
Desnaturalizando el control constitucional
Uno de los efectos más desafortunados de los conflictos políticos de las últimas décadas ha sido el esfuerzo sostenido de parte de los gobiernos más conservadores de los Estados Unidos de limitar el alcance de la interpretación constitucional de la propia Corte, y revertir importantes casos. El debate se ha centrado en el reconocimiento del derecho de la mujer al aborto, a la tutela de derechos de minorías y grupos vulnerables, y a la expansión de la intervención del Estado en la economía.
Debido a la fluctuación del poder presidencial en los Estados Unidos, cada administración ha dejado su huella en la Corte Suprema. De los últimos 40 años, los republicanos han ocupado la presidencia en 24 años y los demócratas en otros 16 años. En los 40 años anteriores la relación fue inversa, por lo que la composición del tribunal estuvo orientada a favorecer los propósitos del partido demócrata.
Como los Estados Unidos tiene el sistema judicial basado en precedentes, las decisiones o indecisiones de la Corte Suprema pesan mucho, tanto allá como en el resto del mundo. Sería una gran tragedia que el legado judicial de Donald Trump cause la designación de 3 o más magistrados por razones de balance político, y que se destruyera así una tradición institucional que se ha respetado por 150 años. El Court Packing no tendría ganadores, solo perdedores.


