De la mano de Teófilo, un testigo atento de su tiempo y un observador implacable de su alrededor, el lector se encuentra con un mundo que parece a todas luces ficticio, pero que curiosa, y hasta con velada intención por parte del responsable de los relatos, es bastante parecido a este presente nuestro, a esta sociedad terrenal, codiciosa, hipócrita, autodestructiva, anárquica, iracunda y materialista.
Con este personaje, el escritor nacional Agustín Antonio Aguilar Velásquez presenta cuentos que bien podrían ser los episodios de una novela, aunque el narrador ha preferido estructurar su libro a partir de historias cortas y relacionadas entre sí, aunque independientes en su desarrollo y desenlace si quieres enfrentarte a la obra de manera libre.
Teófilo es nuestro guía por senderos de espanto y sosiego, es el viajero que aprende al ir caminando, que cambia al andar y al conocer el proceder de otros seres humanos con los que se topa y conversa.
Teófilo se enfrenta a una realidad con el sello de la corrupción y la violencia estampada en la frente, donde la política partidista marca el destino de los seres humanos, los que a su vez están hundidos dentro de un conglomerado social donde los buenos valores no se promueven lo suficiente por los adultos y donde las desigualdades, la falta de moral y la violencia son tan frecuentes que espantan hasta al más astuto.
Aguilar Velásquez narra su libro “Teófilo” con el ritmo y la cadencia con que los evangelistas contaban los hechos relacionados con ese gran maestro que fue Jesús. Lo hace con un tono religioso, en el buen sentido de la palabra, con una estructura cercana a las populares parábolas que aparecen en el “Nuevo Testamento”.
DEL AUTOR:
Nació en la isla de Taboga, en agosto de 1912, pero desde sus tiempos de niño inquieto reside en La Chorrera. No le tuvo miedo al trabajo, pues fue contable, laboró en un establecimiento comercial, dictaba cursos sobre su especialidad: ser contador público autorizado.

