No se detendrán los luceros

No se detendrán los luceros
No se detendrán los luceros

Edgar Allan Poe escribió quizás en un momento de gran lucidez cerebral que “Cuando un loco parece completamente sensato, es ya el momento de ponerle la camisa de fuerza”.

Sin embargo, yo pienso que si se hace el loco, hay que ponerle la camisa a la fuerza, planchada y con almidón.

Con cornetas, tambores y lluvias con inundaciones, hemos llegado a los meses finales del año.

Si bien las películas del oeste hicieron mutis hace ya tiempo, en Panamá están en plena fiesta y su presencia acarrea un número indeterminado de cuerpos humanos que se van de este mundo por el factor sorpresa y la falta de revólveres.

La cuota de dolor y sufrimientos de los sobrevivientes deja en la sociedad el peso de un sufrimiento incalculable y el despojo de una mejor esperanza para vivir en este mundo, ni siquiera equilibrado con las notas de “vivir la vida “ cantada por Marc Anthony.

En estos días recibí por la red un texto de un amigo chileno, firmado por Enrique Héctor González, relacionado con ese inaprensible poeta que es Nicanor Parra. Dice así: La antipoesía es prosa porosa. Brusca y llena de escollos, pero asimismo blanda y dicharachera, segura y exacta como un papel mil veces doblado y, sin embargo, atento siempre a recobrar su forma.

Si a veces recuerda el tono de “los anunciadores de feria, según apunta Leonidas Morales, otra nos devuelve a la preciosa precariedad del lenguaje infantil, a la difícil ingenuidad de una poética que está de regreso de todos los artificios: “Urgente, Por suicidio /Vendo/Nube perfumada”, puede leerse en algunas de esas páginas murales que animó con Enrique Lihn y Alejandro Jorodowsky, y que recibió el hombre de Quebrantahuesos, collage de frases tomadas de anuncios y noticias diversas, empotradas para formar un objeto verbal distinto con el discurso de un niño que lo sabe todo, incluido lo que ignora.

Una noche, cerca de los años 1980, mientras celebrábamos una tenida social y poética en el apartamento de una amiga mía, ella tomó el teléfono y me puso a hablar con un prestigioso poeta peruano llamado César Calvo, sobre el cual yo había leído uno de los más hermosos ensayos de crítica literaria intitulado Aquel bello pariente de los pájaros.

Y quiero traer para mis lectores, como un bello regalo de fin de año, las siguientes reflexiones escritas por César Calvo: “He aprendido en esta vida, si he aprendido algo, que nada hay más hermoso, nada más perdurable, que el recuerdo encantado de lo que nunca ocurrió”.

Recientemente, leí en la revista Lotería no. 500 un texto dedicado a Lucas Bárcenas, suscrito por nuestro admirado y estimado profesor Rommel Escarreola, y no quiero cerrar estas líneas sin rendirle un homenaje al querido poeta que me enseñó a caminar por las accidentadas y brillantes calles de la poesía.

Última Hora

  • 03:30 Una carnicería derrumbada, un problema de salud pública sin atender en barrio de Pereira Leer más
  • 03:30 Apego y trauma: las huellas invisibles que moldean nuestra vida Leer más
  • 03:25 Gustavo Petro pide al Senado autorización para salir de Colombia durante un año Leer más
  • 03:20 Cuando la complejidad fiscal se convierte en un impuesto invisible Leer más
  • 03:06 Estamos construyendo las ciudades del mañana con el agua del ayer Leer más
  • 03:00 Discordia en el gabinete de Washington  Leer más
  • 02:25 Panamá reúne a 15 jóvenes chefs de Latinoamérica y el Caribe rumbo a Milán 2027 Leer más
  • 02:03 Plaza Amador golea 5-2 al Xelajú con doblete de Everardo Rose Leer más
  • 01:20 Senan incauta 1,567 paquetes de presunta droga al sur de Punta Coco Leer más
  • 01:05 Corprensa reelige a tres directivos y presenta sus resultados Leer más