Un mundo para volver a soñar

No me cabe la menor duda de que existen momentos de la vida en los que uno siente que ha cambiado nuestra manera de percibir las cosas y al mismo tiempo nos embarga un sentimiento de añoranza por ciertos lugares que estuvieron ligados sentimentalmente a nuestras experiencias que corresponden a una época que a través de la magia inagotable del tiempo y los placeres de la memoria permanece incólume en el recuerdo.

Ese mismo estado de ánimo lo invade a uno cuando se entera de los planes que acarician la idea de hacer un relleno frente a las Bóvedas en el Casco Antiguo y la solución vial de un puente marino que la rodee.

Para mí, estos planes macabros apuntan a que el país se prepara para llevar a cabo un asesinato histórico y arrancar y liquidar la última página de ese maravilloso libro de nuestra historia donde pululan estandartes, pistolas, espadas, baúles con sueños aventureros, brújulas y timones, capitanes y adelantados españoles, atalayas y velámenes, y los navíos de los conquistadores en la búsqueda de oro, pavorreales, marfil y guacamayas y los sueños y las esperanzas de un mundo nuevo.

Siempre llevaré entre ceja y ceja lo que una vez dijo Gabriel García Márquez sobre la palabra pirata en el artículo Los piratas se volvieron locos: “Tal vez los piratas eran muy malas personas, salteadores de ciudades, incendiarios y ahorcadores de frailes, pero tenían una vocación cinematográfica que no se pueda recordar sin sentir un poco de nostalgia por aquellos tiempos en que las películas sucedían en la realidad”.

William 0spina escribió en uno de sus ensayos que “hay verdades muy profundas guardadas en la arbitraria fantasía de los poetas, pues estos, por algún privilegio secreto, son los que saben las cosas sin saberlas y captan por un movimiento misterioso del espíritu los secretos del mundo”. Por eso decidí visitar la Avenida de los Poetas y les pedí con todo respeto su opinión sobre la fase 3 de la cinta costera, y me manifestaron su rotundo desacuerdo con el inicio de la cinta costera, y que esa acción no era más ni menos que una puñalada trapera y mezquina por la espalda e imperdonable para las futuras generaciones.

Guardaron un minuto de silencio por Facundo Cabral que nos dejó un mensaje de amor y felicidad en medio de las desventuras y las calamidades de este mundo. Recordé una noche en un bar pobre y humilde de la ciudad de Bogotá cuando canté una hermosa canción de Facundo en homenaje a su invalorable vida de cantor y poeta. Facundo nos dejó esta frase: “Si dejamos morir nuestros sueños seremos pobres, si los cuidamos y ponemos en práctica seremos ricos”.

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