A veces yo también la quería

Cuando esta columna salga a la luz, quizá ya habrán pasado las lluvias que este año han opacado los primeros días de diciembre y quizá el cielo vuelva a lucir ese azul especial que engalana la atmósfera y deposita en el ánimo una sensación de felicidad visual a medida que transcurre el día.

Independientemente de los reveses de la salud y los infortunios, siempre hemos considerado que se trata de un mes especial donde la nostalgia y el recuerdo se entrelazan y la añoranza se asoma con su cartel de golondrinas y donde se concentran las palomas en las plazas, y las nubes se arremolinan en el cielo. Es también un mes propicio para recordar la ciudad de Panamá que ha ido cambiando y ha visto desaparecer sus paisajes habituales socavados por la voracidad de las ambiciones y del lucro incesante aunque a veces se embellezcan otros aspectos.

A pesar de que se viven ahora como nunca antes tiempos amargos, pienso que no hay que alejarse de la voluntad de identificarse con la felicidad y el sueño y la promesa de amor que nos entrega la Navidad con sus villancicos y sus canciones de paz.

Quizá, en Panamá, en otros tiempos la Navidad era celebrada con una gran dosis de identificación con los valores navideños y las estrellas que les enseñaron el camino a los magos de Oriente el camino al pesebre del niño Jesús y uno respiraba el ambiente de anhelos y deseos que impregna la Navidad. Recuerdo que hace unas cuatro décadas o más, La Estrella de Panamá organizaba un concurso de cuentos con el tema de la Navidad, y el 25 de diciembre publicaban el cuento ganador con gran despliegue y con bellas ilustraciones. Aunque creo que este concurso tuvo una corta duración, recuerdo con claridad meridiana un cuento que apareció un 25 de diciembre con el título de Los siete trabajos de Juan Chocó que resultó para mí realmente maravilloso e inolvidable.

Por mucho tiempo conservé un recorte del periódico donde aparecía el cuento, pero a estar alturas no ha sido posible para mí ubicarlo, aunque más adelante pienso hacer una incursión por la hemeroteca de la Biblioteca Nacional para ver si logro encontrarlo. No estoy muy seguro pero creo que el personaje central es un burrito sabanero a quien se le confían siete trabajos.

Pero, en realidad, retornando a la magia de la Navidad y recordando la lectura de aquel cuento de Juan Chocó que leí respirando junto a los bellos ojos de Nedelka, quiero dejar constancia de que no importa tanto el hecho de que se me haya perdido aquel cuento de nuestra historia, sino resaltar el hecho inolvidable de que aquel cuento dejó en mi corazón un sedimento de felicidad perenne a imborrable a pesar del tránsito irremediable e implacable de los años.

Una aproximación a los senderos de los encantamientos y la invención del amor, porque a la magia, como dice el poeta, a veces yo también la quería.

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