El cine israelí hoy

Israel pasa por un buen momento en cuanto a su presencia en festivales dedicados al cine, en especial en Norteamérica y Europa.

El reciente cine hecho en Israel ha logrado abrirse camino en los festivales mundiales, en opinión del crítico cinematográfico Pablo Otin, en el marco de un seminario sobre periodismo cultural ocurrido a inicios de mes y que tuvo como sede las ciudades de Tel Aviv, Jerusalén y Galilea.

Enumeró una veintena de producciones rodadas entre 2007 y 2011 que han sido aplaudidas en certámenes dedicados al séptimo arte, entre ellas, La banda nos visita (2007), Waltz with Bashir (2008) y Ajami (2009).

Incluso productos nacionales han sido adaptados por Hollywood como pasó en este 2011 con la serie de televisión Homeland y la película The Debt. La primera se inspiró en la serie Hatufim (2009), creada por Gideon Raff y la segunda es un remake del filme The Debt (2007), de Assaf Bernstein.

Calcula que en la última década se han estrenado entre 15 y 25 películas israelíes por año.

Que un éxito moderado es cuando una cinta es vista por 100 mil espectadores en su país y que es algo fuera de proporciones cuando pasan los 400 mil espectadores (solo ocurre con una o dos por año en su opinión).

Que un presupuesto alto es cuando la película ha costado entre 700 mil y un millón de dólares y una cinta de bajo presupuesto oscila entre los 150 mil dólares y los 350 mil dólares.

El financiamiento aumenta cuando se trata de coproducciones con empresas europeas (particularmente con Francia) y es cuando tienen fondos entre 1.2 millón y 1.5 millón de dólares para hacer andar sus proyectos.

“El problema es que casi ninguna película recupera su inversión en territorio israelí”, indica.

Para Pablo Otin, el mejor mercado para estas cintas son Europa y Norteamérica, en especial si tratan desde alguna perspectiva el conflicto árabe-israelí.

Entonces, dice Otin, el dilema de los realizadores del presente es si rodar títulos para la audiencia extranjera interesada en saber más sobre las diferencias y esperanzas de la paz en el Oriente Próximo o si complacer al espectador israelí promedio con otras temáticas, ya que se está cansando de ver en la pantalla grande lo que puede consumir al sintonizar un noticiero de televisión.

Plantea Otin que el cine de autor tiene más acogida en Israel que el basado en géneros cinematográficos populares en Estados Unidos como el terror o la comedia romántica. “Entre 2005 y 2009 se hicieron más películas de crítica social o política. En 2010 y 2011 se han hecho menos porque los directores se abocan a temas diferentes, como experimentar con una cinta sobre zombis o en torno a relaciones de amor”, indica.

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