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19 sep Abner Benaim habla de su película Invasión

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Abner Benaim parte de la premisa que la verdad capturada por imágenes de archivo es limitada, ya que excluye toda la realidad que está afuera de esa toma.

Por eso en su documental  Invasión, cuyo preestreno en salas VIP de Cinépolis y Cinemark estreno en salas regulares el 25 de septiembre, el espectador no verá fotografías o videos de los sucesos del 20 de diciembre de 1989.

Serán los recuerdos de los testigos, más la recreación de escenas clave, lo que mostrará al público lo ocurrido cuando el Ejército estadounidense invadió el istmo con el objetivo de derrocar y capturar al general  Manuel Antonio Noriega.

“Cuando uno ve una foto o un video de archivo se olvida de lo que sucedía en ese momento en el mismo lugar”, explica  Benaim, quien se hace cargo de la dirección y el guión de  Invasión.

El material previamente existente de un hecho histórico solo “pretende ser la verdad objetiva” cuando no necesariamente lo es, dice.

De allí que apuesta por el relato de sus fuentes de información, quienes hacen las veces de cuentacuentos de una tragedia nacional, un método que “evoca imágenes poderosas en la imaginación de la audiencia”.

Saca el mayor provecho posible al caudal que brinda la imaginación y las remembranzas de sus consultados. Es consciente de que ambos recursos pueden dejar “lugar para la duda y permite la exploración en búsqueda de ´la verdad´, sin pretender alcanzarla”.

“La palabra está conectada a la imaginación. El relato será siempre parte integral de la vida. Esa necesidad de contar es la materia prima con la que nutrimos la memoria”, opina.

“Uno es capaz de imaginar el mundo, con personas, lugares y actividades que pareciese imposible lograr dibujar en la mente, pero en los sueños y en la imaginación lo logramos”, señala  Benaim, mientras agrega que “al oír relatos vemos escenas enteras como sueños. Lo lindo es que cada uno arma su propia película”.

MEMORIA COLECTIVA

El documental Invasión, que originalmente se titulaba  ¿Dónde estabas tú?, rescata la memoria colectiva de  Panamá sobre lo ocurrido en aquel diciembre de 1989 cuando terminaba el último capítulo de una dictadura militar que llegó al poder en octubre de 1968.

Esta película, firmada por el director  Abner Benaim, recibió en el  Festival Internacional de Cine de Panamá el premio a la mejor película de América Central y del Caribe, así como el galardón al mejor documental.

En una escena de ´Invasión´ ,un grupo de jóvenes alemanes no sabía nada de la invasión a Panamá. ¿Cómo te lo explicas?

Quien se propuso reducir la importancia del evento y tratar de que se viese como algo intrascendente que desapareciera de la historia, en gran parte lo logró. Este esfuerzo arrancó desde la operación militar en sí y la manera en que se limitó la información de la prensa, que fue prácticamente encerrada en bases militares. Esto fue antes de la era de la internet, y era mucho más fácil controlar la información. En el caso de la invasión fueron ambas partes, Estados Unidos y Panamá, que por razones diferentes guardaron silencio y enterraron el caso, así que por supuesto el resto del mundo también.

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AMNESIA NACIONAL

El asunto se pone más grave cuando en otra secuencia les preguntas a jóvenes panameños sobre la invasión, y tampoco saben mucho.

He hablado con jóvenes y con amigos maestros de escuela, y es impresionante lo poco que saben los jóvenes de la invasión. Es responsabilidad tanto de las escuelas como de los padres contar nuestra historia reciente. La invasión fue hace 25 años –que en un contexto histórico es como decir ayer– y ya no se recuerda, no se analiza, no se integra a nuestra identidad. Eso dice mucho de cómo los panameños manejamos nuestra historia, habla de una amnesia colectiva, de un deseo de vivir en un lugar idealizado donde está todo bien y nada malo pasa.

En medio de una invasión se dio un saqueo. ¿Por qué?

No es la primera ni la última vez que una acción armada viene acompañada de saqueos. Lo que fue distinto en  Panamá es que no se hizo nada al respecto. El saqueo prácticamente duró hasta que no quedaba más nada que saquear, sin ser controlado, pues por parte de  Panamá ya no había policía y las tropas estadounidenses optaron por permitirlo, quizás como táctica para que la ciudadanía soltara un poco de presión.

¿O una manera de dejar de lado la invasión?

Es algo peculiar cómo el saqueo quedó posicionado en la memoria colectiva dentro de la narrativa de la invasión. Si preguntas sobre la invasión hoy día, mucha gente te habla solo del saqueo y no de todo lo demás que sucedió. Quedó grabado como uno de los eventos primordiales de lo sucedido aquí en 1989.

¿Esperabas que más de una fuente tuviera su propia versión de un mismo suceso, como la invasión?

Sí, eso era parte de lo que estábamos buscando y es justamente porque la gente tiene diferentes ideas sobre lo que sucedió. Si fuera una historia ya masticada, digerida y consensuada, no tendría mucho sentido hablar de ella. Hoy las diferencias de opinión son interesantes, pero más intrigante aún es cuando las diferencias son en cuanto a los hechos que se dieron. Aún sigue vivo el deseo de cada jugador de imponer su versión de los hechos como la verdad.

¿No es increíble que tantos lustros después el tema no haya sido objeto de un largometraje?

Es increíble, el tema merece mucho para hablar y pensar. Y la obra artística ayudaría a procesar el trauma colectivo que supone “la invasión”. En otros países de la región un evento de tal impacto, como la invasión, hubiese generado muchísima obra. Uno esperaría que hubiese decenas de películas, libros, obras teatrales, etc. Un amigo después de ver Invasión en el  Festival de Cine de Panamá fue a una librería en la ciudad y pidió un libro sobre la invasión, y la vendedora le ofreció un libro sobre la invasión de  Normandía.

¿Cuándo y por qué decides aparecer en el documental?

Me pareció apropiado aparecer porque quería mostrar el proceso de hacer un documental, dejar entrever la costura –un poco como la arquitectura brutalista– para poner en evidencia el hecho de que lo que uno ve en pantalla no es más que el resultado de un trabajo incompleto, parcial, limitado, y que es solo una posible versión de las infinitas posibles versiones basadas en hechos reales. Y que no hay que creerse nada sin averiguar y analizar de manera independiente. Nunca hay que caer en la trampa de pensar que lo que dice un periódico, como esta entrevista, o lo que sale en la internet o en televisión o en una película o en un libro es “la verdad”. Siempre está el punto de vista del autor y sus intereses de por medio. Esto quería dejarlo claro con Invasión.

¿Dabas alguna instrucción previa a las fuentes antes de encender la cámara?

A veces pasa que las personas te dicen lo más revelador justo antes de que la cámara se encienda, y luego no lo quieren repetir, o justo después de que el camarógrafo guarda la cámara en su bolsa. Para evitar esto, en el caso de Invasión procuraba no hablar con nadie antes de empezar a grabar. A veces cuando apagábamos la cámara grande seguía la chiquita y capturaba estos momentos que se sienten casuales.

¿Por qué decidiste no identificar a las fuentes de información cuando declaraban en el documental?

Fue una decisión basada en la idea de que todos son protagonistas, de que no hay gente “importante” y gente “no importante”.

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UN EFECTO EXTRAÑO

¿Te sorprendió que más de un consultado se sincerara ante la cámara?

La cámara genera un efecto extraño en la comunicación. No sé si es por el deseo de complacer al cineasta, de “hacerlo bien” para la película, pero la gente (incluyéndome) dice frente a la cámara todo tipo de cosas que no diría normalmente. Quizás hay una conciencia más elevada de que lo que estás diciendo quedará grabado para la posteridad, y esto genera franqueza, como cuando alguien dice sus últimas palabras o hace un testamento.

De seguro más de una declaración fue un hallazgo para ti, ¿alguna en especial?

Los que más me sorprendieron fueron militares y exbatalloneros, pues tenían historias que no habían contado, que llevaban por dentro muchos años y que solo el pasar del tiempo les permitía ahora contarlas. Sentí que llegué en el momento apropiado. En otros momentos sentí que me hubiese gustado poder grabar unos años antes para entrevistar a algunos que ya murieron, como Guillermo Endara  Billy Ford.

¿Qué piensas hacer con el resto de testimonios que por razones de extensión no incluiste en el documental?

Tenemos un proyecto de poner todo el material, clasificado por temas y preeditado, en un sitio web abierto gratuitamente al público. Esto toma tiempo, energía y recursos, así que por el momento está en stand by. Necesito una organización o museo que quiera hacerlo conmigo, pues es un trabajo monumental y lo que tengo sería solo la semilla para que luego el público siga aportando. Sería un proyecto más importante y más interesante que la película, me parece. Y quedaría para siempre un archivo oral, virtual, de acceso universal y gratuito. Esa es la idea.

En más de una escena aparecen personas que participan y que no estaban en el plan, ¿uno de los riesgos o ventajas de rodar en áreas públicas?

Sí, eso era parte del plan. La consigna era integrar al documental la voz de la calle. Todos en el crew sabíamos que si alguien se acercaba a preguntar qué hacíamos, había que responder francamente: “un documental sobre la invasión”, y seguir grabando. Y así fue. Es una de las bellezas de hacer cine documental con un equipo pequeño y flexible, listo para capturar lo que se presenta. Yo siempre que salgo a filmar tengo como parte del plan ser sorprendido. Si no hay sorpresas me preocupo.

¿Piensas que en alguna medida, como declara Noriega al final de ´Invasión´, “hay una nueva generación a la que se confunde, a la que se le niega saber”?

Las fuerzas institucionales lograron su cometido de reducir la magnitud de la invasión, sus efectos y su importancia. Es deber de la población recuperar su memoria. Es hora de cambiar el lema de “pa qué vas a hablar de eso” o “aquí no pasó nada”, y entender la importancia de procesar nuestra historia reciente.

¿Te animas a rodar un documental sobre Noriega?

Yo estoy muy dispuesto a hacer un documental sobre  Noriega. Es una historia fascinante y me parece importante contarla. Quizás se da.

¿Se sabrá algún día cuánta gente murió durante la invasión?

Sería muy fácil lograrlo, es un número finito, y con los recursos disponibles hoy, especialmente la internet, se puede llegar a obtener un número aproximado. Lo importante no es el número preciso, sino el ejercicio de contar, pues obliga a ir mucho más allá de la matemática. Sería un ejercicio de concienciación, de mirar las cosas como son, ponerles nombre y apellido, y lograr claridad en cuanto a lo sucedido. Aquí jugamos mucho a meter la cabeza en la tierra al estilo de la avestruz.

¿Qué expectativas tienes de  Invasión? ¿ Noriega merece un documental en el que sea el protagonista principal? ¿Qué te gustó de  Chance, de  Abner Benaim?

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