Anna Karenina, desdichada aristócrata

Siento un profundo aprecio por las películas ambiciosas en términos de forma, pues dan todo de sí para sorprender a una audiencia a la que la industria de Hollywood   ha condicionado a consumir películas comerciales que se imitan unas a otras.

A veces esta clase de producciones se queda  en la   mitad del camino por falta de   aire argumental, pues pone  más énfasis en cómo se ve que en qué deseo contar, pero más allá de esos ocasionales desniveles, sus puestas en escena siguen maravillándome porque cambian las reglas del juego a la hora de cómo presentan la historia que te compartirán.

En tan solo dos salas  hay un botón de muestra: la interesante Anna Karenina, nominada este año a cuatro premios Óscar y que obtuvo el de la categoría de mejor vestuario.

Uno podrá ponerse quisquilloso y preguntarse si en el Reino Unido no hay otra actriz que no sea Keira Knightley para darle el protagónico de una película de época (ya he perdido la cuenta cuántos largometrajes ha hecho en esa línea).

Uno también se puede poner antipático y criticarle a Tom Stoppard que hizo un desbalanceado guion de esa trágica novela publicada en 1873 y escrita por el maestro ruso León Tolstói.

Lo que es imposible de objetar  es el ingenio y la osadía del director inglés Jon Wright, que ha hecho la más vanguardista adaptación, sin alejarse del concepto clásico, del devenir de una aristócrata (adivinaste, encarnada por Knightley), que estando bien casada con Karenin (Jude Law), un correcto oficial de San Petersburgo, comete adulterio con el conde Vronsky (Aaron Taylor-Johnson).

¿Por qué es arriesgada Anna Karenina? El 90% de todas las escenas de este drama, sobre una sociedad machista y conservadora, se filmó en los Shepperton Studios.

Sí, sé que es usual rodar en interiores por un sinfín de razones sensatas, el punto es que Wright nos lo deja saber en cada uno de los 100 escenarios utilizados para compartirnos la odisea de una mujer que debe debatirse entre ser desdichada en un hogar en apariencia feliz o estar pletórica en una situación que puede traerle más de un problema.

Una notable mayoría de las 246 escenas que integran Anna Karenina se desarrolla  dentro de un mismo inmueble, para ser específicos, en un antiguo teatro ruso, en el que los personajes pasan literalmente de una escenografía a otra, en la que no hay magia de lo falso sino bastidores, pues uno ve que ingresan simplemente a un espacio más hermosamente realizado que el otro.

Esto puede confundir y hasta enojar a la audiencia más convencional, pues intencionalmente Wright  los saca de su zona de confort, al presentar casi todos sus conflictos dentro de sets descubribles, al mejor estilo de los montajes del dramaturgo alemán Bertolt Brecht.

Wright entendió la intención de Tolstói, que entre otras  dibujó en su novela a la clase pudiente rusa como un conglomerado demasiado preocupado por las apariencias, siempre a la moda y amante del buen vino y de los mejores platillos, pendiente  en todo momento de que si había descomposición interna, que  no se notara.

De allí que el romance pecaminoso de Anna ocurre en exteriores, al aire libre, en medio de una fotografía idílica, mientras   los momentos dolorosos, los actos hipócritas y violentos tienen lugar dentro de ese teatro donde sobran las marionetas de carne y hueso y se echa en falta gente tan aguerrida como Anna.

Por todo esto, al inicio de esta columna definía a la Anna Karenina de Wright como innovadora y tradicional a la par.

Es que Wright, como su colega Baz Luhrmann, es un cineasta  que siempre busca  la manera de presentar lo antiguo y académico desde el barniz de lo moderno. A los dos se les puede tildar de excesivos, kitsch o rococós, pero nunca de cobardes ni conformistas.

Porque Wright pudo inclinarse por una Anna Karenina al uso, como espera el espectador promedio, como ya se ha hecho 25 veces desde que en 1911 se llevó a cabo su primer traspaso a la pantalla grande.

Por otro lado, aunque en líneas pasadas arremetí contra Tom Stoppard por no sacarle toda la sustancia a la obra de Tolstói, en especial cuando confecciona a todos los personajes centrales, menos el de Anna, sí admito que nos lleva a preguntarnos si esta es un monstruo de cinco cabezas o tiene el legítimo derecho de buscar la pasión  en otro hombre distinto a su esposo, aunque eso signifique faltar el respeto a un marido de conducta irreprochable y que ella corra el peligro de perder a sus hijos, descender a la condición de paria entre los suyos y perder su fortuna y  su  estatus.

Regresando a la Knightley. Entiendo que Joe Wright la haya convocado para este proyecto.  Por un lado,  esta  actriz sabe ser fuerte y vulnerable cuando la ocasión así lo exige, y además da el beneficio de lo conocido, pues realizador e intérprete ya habían trabajado en el pasado en las bellas Price and Prejudice y Atonement. ¿Quién no desea estar con Keira?

¿Vieron Anna Karenina? ¿Les gusta Keira Knightley como actriz? ¿Qué película de Joe Wright les agrada?


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