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18 ago Carlos Wynter Melo: para buscar la emoción perdida

'Las Impuras', de Carlos Wynter Melo, una obra para saber quiénes son los panameños. 'Las Impuras', de Carlos Wynter Melo, una obra para saber quiénes son los panameños.
'Las Impuras', de Carlos Wynter Melo, una obra para saber quiénes son los panameños. Cortesía

El 20 de diciembre de 1989, Carlos Wynter Melo estaba en la casa de sus padres, a unos pasos de la avenida Juan Pablo II.

“Recuerdo el sonido de las bombas. Me quedé acostado en la cama, escuchando. Luego apareció mi madre y me dijo que nos estaban invadiendo. Caminamos en la oscuridad, buscamos a mi hermana y nos reunimos todos en la cocina. Tratamos de sintonizar alguna emisora que nos dijera algo, algo de lo que ocurría. Al principio encontramos arengas muy optimistas. Parecía que los máximos comandantes estaban en el frente y que la resistencia amenazaba con triunfar. También encontramos una monótona repetición de instrucciones: el ejército norteamericano llamaba a entregar las armas”, dice este escritor panameño, quien presenta hoy su novela Las Impuras en el salón Trenzado-Lagunilla de Atlapa, a las 7:00 p.m. 

Su obra se sostiene en dos mujeres. Una que perdió la memoria tras la invasión militar estadounidense y la otra que se sienta a ver a la gente pasar en una parada de autobuses.

¿Escribir te calma como le pasa a una de los personajes de 'Las Impuras'?

Escribir me dice, por lo menos por un instante, quién soy. Creo que todos necesitamos, frente a la mareante realidad que nos rodea, detenernos un momento y preguntarnos qué sentido tiene lo que está ocurriendo. Eso hace por mí la literatura. En la novela, una mujer está siempre en una estación de autobuses. No tiene idea de lo que hará. No desea viajar a ninguna parte aunque cada día ve a personas que viajan. Y entonces aparece Medea /Cristiana, quien le pide que le invente una historia: su pasado. Creo que la narradora de Las impuras necesita otra persona para escribirse a sí misma. Por eso Medea /Cristiana se vuelve tan importante para ella. Es la referencia que le permite saber quién es ella misma. La historia que busca hilar es la de Medea /Cristiana pero poco a poco se revelan sus propios reflejos.
-¿Por qué leer 'Las impuras'?
-Que su lectura les hará descubrir algo más sobre quiénes son. Las Impuras es un libro que ayuda a hacer memoria, a recordar las emociones experimentadas, las colectivas y las individuales. Las emociones que pulularon en el Instituto Nacional de los años 1940. Las emociones que provocaron los breves mandatos de Arnulfo Arias. Las emociones que encendieron las cafeterías de Santa Ana. Las emociones que encarnaban los escritores vanguardistas: Roque Javier Laurenza y Rogelio Sinán. Las emociones del panameño común frente a los paseantes soldados gringos. Las emociones que se experimentaban al entrar en una base norteamericana y comprar en los PX para contrabandear. Las emociones de las novias de los soldados estadounidenses. Las emociones de ver el programa Todo por la patria y los noticieros del Southern Command Network. Las emociones de buscar autodeterminación en un país ocupado. Las emociones de reconocerse tanto hijo de la cultura estadounidense como de la cultura nacionalista que instauró Omar Torrijos Herrera. 
-¿Hasta qué punto se puede ser objetivo al narrar desde la ficción un evento tan doloroso como la invasión a Panamá?
No se es objetivo, pero sí verosímil. Como dice Mario Vargas Llosa, se dice la verdad con una mentira. Seguramente existen personas como la narradora de Las Impuras y Medea /Cristiana, personas que vivieron lo que la novela cuenta. Las emociones se inventaron entre los parámetros de lo real, aunque los personajes sean ficticios. Por otro lado, hay que sacar a la superficie el dolor colectivo. Hay que sacarlo en forma de palabras y preguntarnos qué significan estas palabras, escribir y leer para entendernos.  No es poco frecuente. ¿Cuánto se ha escrito de la Guerra Civil Española o de Vietnam? Los seres humanos necesitamos expresar lo que sentimos y analizarlo una vez que se convierte en obra artística.
-¿Qué lecciones hemos aprendido como país al cumplir 25 años de la invasión?
Creo que aún no aprendemos las más importantes. Hay asomos, pero aún no sintetizamos lo que ocurrió. En lo personal, dejé de pensar en bandos. Como cultura, tenemos herencias estadounidense y de la dictadura militar. La realidad no se puede etiquetar. No puedes decir: elijo lo que me marca, lo que vives te marca.  
-¿Cuáles son las principales deudas pendientes que tenemos en relación a ese triste suceso?
El tema de la cultura. Las políticas gubernamentales de los últimos años no contemplan a las personas. Hablan de lo que la persona hace, pero no de lo que la persona es. Se habla de cómo traer prosperidad, pero no de lograr que el panameño se sienta próspero. Se programa cómo invertir en infraestructura, pero no cómo estructurar el sistema de creencias del panameño. Estamos mirando fuera de nosotros.
-¿En qué medida el panameño promedio sabe sobre la invasión, el gobierno militar y la democracia antes de la dictadura?
Para las nuevas generaciones, la invasión no existió. Hay una ruptura considerable entre los panameños mayores de 40 años y los adolescentes o los que están en sus veintes. Pero no es solo saber que hubo una invasión, un gobierno militar y el pasado republicano, sino reflexionar en torno a estas etapas históricas. La reflexión es la manera en que hacer cambios en lo más profundo de nuestra personalidad colectiva. No estamos reflexionando y si alguien lo está haciendo, sus ideas no tienen modo de influir en quienes toman las decisiones en el Estado. Hay que hacer memoria y reflexionar. Considero que corresponde a la clase intelectual, pero esta clase intelectual no se siente empoderada, muchas veces con razón.
-¿Cuáles son las luces y las sombras de Torrijos y Arnulfo?
Ambos fueron líderes significativos y dejaron huellas en el panameño común. Por sus paradigmas, los veo enfrentados. Torrijos fue el primer gobernante que concibió un Panamá mestizo; asumió la paternidad que un niño que antes nadie quiso reclamar, las inmigraciones súbitas del Canal. Quienes dirigieron en tiempos anteriores a los de Torrijos, vieron a los inmigrantes como accidentes que se resolverían por sí solos. En ese sentido, el dictador fue vasconceliano, mientras que Arias fue nacional socialista. Ambos paradigmas tienen su lógica. Por un lado, la pluralidad incrementa las opciones. Por el otro, ¿no es conveniente un país homogéneo, que sea fácil de gobernar?
-¿Cuándo supiste de Roque Javier Laurenza y qué opinas de su obra literaria?
Laurenza es un tesoro olvidado. Lo considero el primer panameño que hizo reflexión profundamente sobre quiénes somos. Además, interrumpió la línea de pensamiento de los primeros escritores republicanos, quienes se negaban a ser ellos mismos. Laurenza fue el primero que dijo que debía vencerse al trópico en su propia entraña, y puso como ejemplo el trabajo literario de Rogelio Sinán. Esa generación de vanguardia me parece admirable.  
-¿Qué es la pureza y lo impuro en tu opinión?
Siempre ha habido un ideal de perfección en las diferentes sociedades. La pureza es una dirección a seguir. Pero la mayoría de las personas no somos perfectas, somos imperfectas. Nos equivocamos y debemos esforzarnos cada día para ser mejores. Las Impuras, esta novela, es un rescate de la idea de que no nacemos completos, de que tenemos que avanzar, pulirnos. Por otro lado, los ideales los establecen las culturas dominantes. Un profesor me dijo una vez que cuando Japón o China fueran la potencia mayor, el ideal de belleza sería los ojos rasgados. Lo que él quería decir es que nuestro entendimiento de lo puro, lo bueno, obedece a una lectura de la realidad, la de quien dirige las sociedades. El vencedor histórico determina la religión, el idioma, los cánones de belleza y los valores dominantes. Veamos la historia del mundo y el impacto del i mperio español en Latinoamérica, del m aya en Mesoamérica. La pureza es un objetivo trascendente, pero también ¿cuál es la pureza que nos pertenece? Nuestro afán de ser mejores pasa por la búsqueda de quiénes somos.
-¿Qué tal la experiencia de escribir una novela protagonizada casi fundamentalmente por mujeres?
Me encantan las voces femeninas. La mujer tiene permiso para expresar sus sentimientos libremente. En mi novela anterior,  Nostalgia de escuchar tu risa loca, aunque el narrador es un hombre, aparecen varias personajes femeninas que tienen un peso significativo en la historia. Y en Ojos para ver una invasión la protagonista, muchas veces con un fluir de la conciencia, trata de comprender la ausencia de su amante. Ahora tuve que observar mucho. Tomé prestados recuerdos de mi madre, los transformé, les di otro tono. También tomé el recuerdo de una tía para perfilar a los personajes. Hablé con amigas. Pero siempre la idea fue crear personas únicas. Y lo logré: las tres mujeres de Las Impuras escaparon a mi control y caminaron solas.  
Siga a  Daniel Domínguez Z.  en   Twitter: @DanielDomnguez1 y en  Instagram: Daniel.Dominguez2006

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