Cine y fútbol: poca acción

Perder o ganar. Tener sentido de equipo o ser la única estrella. Para ser campeón hay que entrenar y sacrificar, aunque el triunfo puede darse gracias a la corrupción y las drogas. Gente humilde que termina siendo millonaria, gracias a tener la habilidad de anotar una carrera o encestar una canasta en el momento preciso.

Por esta clase de situaciones dramáticas, el deporte ofrece una tonelada de argumentos que son el alimento del cine y la televisión.

Entre 1891 y 2014 se han rodado mil 491 películas, entre las producidas para la pantalla grande y la chica, que tienen como foco las actividades deportivas, de acuerdo con cálculos del sitio web filmaffinity.com.

El director William K.L. Dickson comenzó esa relación con el documental mudo Newark Athlete (1891, Estados Unidos).

En términos numéricos, los productores han tenido tres disciplinas predilectas, siendo las artes marciales la reina con 894 títulos, seguido por el fútbol con 410 y le pisa los botines el automovilismo con 262.

El resto del grupo lo completan: la lucha libre (152), el béisbol (134), el baloncesto (123), el fútbol americano (96), el ciclismo (78), el surf (64), el atletismo (48), la hípica (28), el golf (29) y el rugby (18), entre otros.

Más de un fanático asegura que el fútbol paraliza el planeta, en especial en una copa mundial, pero a nivel fílmico ha tenido más humillaciones que glorias.

El fútbol tendrá a figuras como Messi, Neymar y Ronaldo, pero no hay un director que haya estrenado la película que demuestre que el fútbol, en términos estéticos audiovisuales, sea valioso.

Podrá estar en la mente de millones de seguidores, pero el fútbol pierde puntos audiovisuales si se le compara con las historias contadas en un tinglado o en un campo de béisbol.

NOTAS BAJAS

El fútbol podrá ser el deporte rey. Bien que los partidos del Mundial en Brasil sean vistos por millones de personas alrededor del planeta. Felicidades por tener tantas estrellas míticas que los respalden, pero cuando se habla de su relación con el cine, esta disciplina no ha logrado alguna hazaña creativa que valga la pena recordar.

Habrá solo 281 producciones dedicadas al boxeo frente a los 407 títulos vinculados al fútbol, pero en materia de ficción ninguna producción sobre el balompié le llega a los talones a títulos estadounidenses como Toro salvaje (1980), de Martin Scorsese; When We Were Kings (1996), de Leon Gast; Millon Dollar Baby (2004), de Clint Eastwood; y la irlandesa Facing All (2009), de Pete McCormack.

Este deporte podrá reunir cada cuatro años las 32 mejores selecciones nacionales para disputar la copa, pero todos los conflictos tras conquistar esta proeza no han sido suficientes para superar largometrajes de béisbol como El orgullo de los Yanquis (1942), de Sam Wood; Moneyball (2011), de Bennett Miller; The Natural (1984), de Barry Levinson; y Field of Dreams (1989), de Phil Alden Robinson.

Ninguna producción sobre artes marciales vale los 11,000 millones de dólares que, supuestamente, ha costado este Mundial de Fútbol de Brasil, pero está por encima de las películas sobre balompié.

Cito los casos de las dos Kill Bill (2003 y 2004), de Quentin Tarantino; Hero (China, 2002); y House of Flying Daggers (China, 2004), ambas de Zhang Yimou; y Enter the Dragon (1973), de Robert Clouse, entre muchos ejemplos.

AUNQUE SEA POCOS

Deportes que tampoco pueden ostentar mucho en aspectos fílmicos sí tienen un par de películas que dan la cara por ellos.

Esto ocurre con la lucha libre, la que es representada por cintas como Night and the City (Reino Unido, 1950), de Jules Dassin; y The Wrestler (Estados Unidos, 2008), de Darren Aronofsky; o las Olimpiadas, que pueden decir que tienen a su favor títulos como Munich (Estados Unidos, 2005), de Steven Spielberg; y Carros de fuego (Reino Unido, 1999), de Kevin Macdonald.

No podrán darse muchos golpes de pecho, pero por lo menos el automovilismo sí tiene de su parte a filmes como Rush (Estados Unidos, 2013), de Ron Howard; y Drive (Estados Unidos, 2011), de Nicolas Winding Refn; y el atletismo tiene ese clásico que se llama Chariosts of Fire (Reino Unido, 1981), de Hugh Hudson.

Las que tienen un desempeño bajo, igual o hasta peor que el fútbol en aspectos audiovisuales son las producciones relacionadas con el baloncesto, el golf, la hípica, el rugby, el surf, el ciclismo y el fútbol americano.

HECHO

Curioso hecho es que cuando el documental se hace cargo del fútbol funciona distinto, como pasa con Informe Robinson: Cuando fuimos campeones (España, 2010), de Michael Robinson y Román Escoda; y Los dos Escobar (Estados Unidos, 2010), de Jeff y Michael Zimbalist.

El asunto da ganas de llorar cuando el arte de los goles y los pases se traslada a los abordajes desde la ficción.

Las menos terribles podrían ser: Hooligans (Reino Unido, 2005), de Lexi Alexander; The Damned United (Reino Unido, 2009), de Tom Hooper; Victory (Estados Unidos, 1981), de John Huston; The Cup (Bután, 1999), de Khyentse Norbu; y Metegol (Argentina, 2013), de Juan José Campanella.

¿Qué película sobre deportes te gusta y por qué?


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